EL CAMINO DE EMAUS
20 Diciembre 2013
JUAN EL BAUTISTA
Comienzo del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. 2 Como está escrito en el profeta Isaías: He aquí que yo envío a mi mensajero, para que te Preceda, y prepare tu camino. 3 Voz que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, Enderezad sus sendas. la preparación del ministerio de Jesús se recoge en los versículos 1 al 13. Comienza con una afirmación rotunda: "Evangelio de Jesús Hijo de Dios" (MC 1, 1-2). Jesús nos trae la Buena Noticia, el feliz acontecimiento de la Salvación. Jesús es el Mesías, el esperado, el anunciado por los profetas, así nos lo anuncia San Marcos con este comienzo de su Evangelio. Marcos nos transmite ese mensaje, el de la predicación de la Buena Nueva por Jesucristo, el Hijo de Dios, que ya los Profetas habían anunciado, tal como nos lo recuerda en este comienzo San Marcos con unos versículos el Profeta Isaías:
Una voz clama: Abran el camino a Yavhé en el desierto En la estepa tracen una senda para Dios Que todas las estepas sean rellenadas.
San Marcos nos trae al último Profeta, el que va a dar paso a la Palabra de Dios, a Jesús, el Mesías el esperado.
Los textos evangélicos poco nos dicen de Juan El Bautista. Sabemos que el Arcángel San Gabriel anuncia a María que Isabel, su prima, iba a dar a luz a un hijo, a pesar de su ancianidad, porque " para Dios no hay nada imposible" (Lc 1,37); Su padre era Zacarías, sacerdote del Templo. De su vida pública nada nos dicen. Sólo, poco antes del Bautismo de Jesús en el río Jordán.
Apareció Juan el Bautista en el desierto..." (MC 1,4) Apareció Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea. (Mt 3,1) Vino la Palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías en el desierto. (Lc 3,2)
En el inicio de este capítulo comienza con una cita bíblica de extraordinaria importancia: la promesa del envío de un MENSAJERO, un precursor del MESÍAS. Va a ser un precursor que va a dejar oír su voz y que va a producir extraordinarias consecuencias en las gentes de aquellos lugares: arrepentimiento y bautismo, que equivalen a conversión, a cambio de vida, de una vida de pecado a otra dirigida a Dios.
Los estudiosos bíblicos nos dicen que el inicio con que comienza Marcos su Evangelio es la unión de dos textos distintos: uno de Isaías y otro del Éxodo. Isaías 3.1: Mira, envío un ángel/mensajero, y vigilará el camino delante de mí; Exodo 23,20: Mira, yo envío, mi ángel/mensajero delante de ti para que te guarde el camino y te introduzca en la tierra que he preparado
1.1.- ¿Quién es Juan el Bautista?. Los Esenios.
¿Pero quién es Juan?. Ya hemos dicho que es hijo de Zacarías e Isabel. Juan es ese ser que aún dentro del seno materno de Isabel, salta de gozo, cuando María acude a verla y a anunciarle el feliz acontecimiento. Los textos evangélicos nos lo sitúan en el desierto. Tal vez esa sea la causa de que muchos estudiosos de los evangelios lo centren dentro de la comunidad religiosa de los Esenios, en Qumram, por su forma de vida espiritual en el desierto.
De la vida de los Esenios tenemos noticias por célebres historiadores como Flavio Josefo, Plinio el Viejo y Filón de Alejandría. ¿Quiénes eran? ¿Qué vida llevaban? Desarrollaban su vida en Qumram, localidad que se encontraba situada a orillas del Mar Muerto, en la parte noroccidental. De Qumram se comienzan a tener noticias desde los hallazgos arqueológicos producidos en el año 1947. Se desarrolla su vida desde el año 140 antes de Cristo hasta el año 60 después de Cristo, ya que será destruida por las legiones de Vespasiano durante la primera revuelta judía. Aquí desarrollaban su vida los Esenios.
Llevaban una vida de aislamiento de la sociedad de su tiempo. Era una comunidad cerrada, pero perfectamente organizada, con una férrea disciplina. De vida ascética y una fuerte exigencia moral. Plinio el Viejo nos dice, entre otras coas que: " no tienen mujeres, porque han renunciado enteramente al amor, carecen de dinero, afluyen en gran número los que, cansados de las vicisitudes de la fortuna, la vida orientan hacia la adopción de sus costumbres".
Propugnan el celibato, lo que constituye una novedad dentro de la comunidad judía y del judaísmo. Observan por tanto con rigidez la pureza y sus rituales: visten de blanco, la comida en común, el baño en ritual.
Dentro de los hallazgos de Qumram se encontró la Regla de la Comunidad Esenia, himnos, vida interna, organización, oraciones. Con el tiempo se volverán hostiles hacia el sacerdocio de Jerusalén, llegando a considerar al sumo sacerdote como sacerdote impío. Para los esenios el maestro de justicia será el jefe espiritual en oposición al sumo sacerdote.
Algunas características típicas Esenias hacen que se coloque a Juan el Bautista dentro de esta comunidad; entre estas podemos citar: el hecho de que en el desierto era donde residía el bullir de la vida religiosa. Marcos nos describe uno de estos aspectos: "Juan llevaba un vestido de pelos de camello y un ceñidor de cuero a la cintura, comía langostas y miel silvestre" (MC 1, 6), que son los rasgos del hombre de oración retirado al desierto.
Los profetas vestían también con vestidos de pelo de camello; el ceñidor de cuero que se nos describe en el Evangelio de San Marcos, era un rasgo distintivo del Profeta Elías. Algunos estudiosos de la Biblia tratan de buscar algún tipo de comparación con este Profeta.
También San Marcos nos describe los alimentos que tomaba San Juan Bautista. Según las descripciones de la vida de aquel tiempo las langostas, o saltamontes, eran un alimento común, ya que podían obtenerse en el mercado “y solían comerse saladas o no”. Referente a la miel silvestre, hay diversas consideraciones, para unos procedía de las abejas silvestres, para otros de los dátiles, para otros de los higos silvestres. Por tanto no eran comidas singulares de un hombre retirado del mundo y dedicado a la oración; ya que estaban a disposición de todos, lo que no quita mérito a San Juan Bautista, ya que su alimentación se ceñía casi exclusivamente a este tipo de alimentos, mientras que los demás disponían de variedad: carnes, pescados, frutas. Su alimentación era la de una persona que vivía sobre el terreno, ajena al lujo y a la comodidad.
“La dieta de Juan no era, por tanto, desacostumbrada para sus contemporáneos ni propia de un asceta; es la de un nómada que vive sobre el terreno. Indica su independencia y su separación de la sociedad”. Esto puede recordarnos a ese gran Santo, amante de la pobreza Evangélica, que supo llevar el Evangelio a su vida, San Francisco de Asís. Es injusto ver en la actitud de San Francisco de Asís ante su padre, como la actitud de un hombre iracundo, que tras un rasgo de ira pretendió romper públicamente con su aquel, cuando le devuelve las ropas, ante la actitud del padre. Está clara una actitud de ruptura con la posesión, como nexo con el mundo. El auténtico servicio a Dios es la ruptura con todo aquello que puede suponer un obstáculo de nuestro acercamiento a Dios. San Francisco lo vio claro. San Juan Bautista lo vio claro y pudo dedicarse a la misión que Dios le había encomendado desde la eternidad, libre de cualquier atadura mundana. La auténtica libertad es el mejor camino para poder servir al Señor.
Dentro de todas las conjeturas, sabemos con certeza que Juan el Bautista era el mensajero del que se nos habla al comienzo del Evangelio de San Marcos y del que habla el Profeta Isaías. Pero no un simple mensajero; es nada más y nada menos el que nos enlaza con el mensaje de la Salvación y con Aquel que nos lo trae: Jesucristo.
1.2.- El Bautismo que predicaba Juan el Bautista
Juan el Bautista predica "un bautismo de penitencia para el perdón de los pecados" (MC 1,4). Este Bautismo nada tiene que ver con el Bautismo cristiano, sino que se trata un rito de penitencia. Tampoco este tipo de bautismo era una novedad, ya que parece existía algún tipo de forma de bautismo tanto en Israel como en la comunidad Esenia. Esta forma de bautismo alcanzaba un tipo de pureza legal.
Leemos que muchos acudían a Juan el Bautista "y eran bautizados"..."confesando sus pecados". Tampoco esta confesión tiene nada que ver con el Sacramento de la Penitencia cristiana, instituido por Jesucristo; es, también un rito, pero que sin duda agradaba a Dios ya que suponía un arrepentimiento de los pecados cometidos.
Juan el Bautista surge “predicando un bautismo de penitencia para el perdón de los pecados” (MC 1,4) como nos describe San Marcos. Para la tradición judía sabemos que se ofrecen otras formas de penitencia como son los sacrificios de expiación; sin embargo San Juan Bautista ofrece otro medio más efectivo: el bautismo de penitencia, ya que en este paso interviene la voluntad de cambiar, un deseo de conversión. Tal vez San Juan Bautista quiere indicarnos que el bautismo de conversión implicaba más que los ritos judíos, ya que éstos, como veremos a lo largo del Evangelio de San Marcos como en los de los otros evangelistas, se habían desproporcionado en sus auténticos sentidos y habían llegado a tiranizar a los judíos de tal forma que el hombre dependía de los ritos.
Por tanto, el bautismo se utilizaba en el judaísmo como símbolo de un cambio decisivo de la persona, en todos sus aspectos. De aquí el hombre viejo que da paso al hombre nuevo. El hombre viejo es el hombre alejado de Dios, que muere dando paso al hombre nuevo, el que a través del bautismo de penitencia regenera su vida dirigiéndola a Dios.
Dentro de la predicación de Juan el Bautista nos encontramos con el anuncio de la venida de Jesús, invitando a que se prepararan a través de la penitencia y del arrepentimiento, además les anuncia un nuevo bautismo, un bautismo diferente que ya no va a ser sólo de agua sino " en el Espíritu Santo" (MC 1,8). Como indicamos antes, el bautismo que practicaba Juan no era el Bautismo cristiano, sino un rito por el cual los que acudían, por sentirse pecadores, mostraban un deseo de cambiar su vida y la orientaban hacia la conversión. Juan ahora les predica la llegada de uno que los bautizará no en el agua, sino en el Espíritu. Juan está hablando de Jesús y del que será el Bautismo cristiano, instituido por el mismo Cristo.
El Bautismo de Juan significaba la gracia; el Sacramento del Bautismo no sólo significa la gracia sino que confiere la gracia santificante que nos borra el pecado original, además de hacernos hijos de Dios y miembros de pleno derecho de la Iglesia de Cristo.