EL CAMINO DE EMAUS
21 Abril 2013
Las fuerzas de nuestro querido Benedicto XVI estaban muy diezmadas para poder enfrentarse a todo aquello que habia salido a la luz en la investigacion realizada, que precisaba de nuevas energias y dotes de mando, que no es que el Papa anterior no los tuviera, pero sus ochwenta y muchos años, extremado cansancio de su obra apostolica y el marcapasos… fueron raon suficiente para que Dios le eximiera de su trabajo.
Un Papa fuerte y luchador se precisaba para corregir lo que habia y todo aquello que se nos viene encima. Un sacerdote me decia “ estamos entrando en el fin de los tiempos”; ¡ojo! Nada tiene que ver c on el Fin del Mundo; el Fin de los Tiempos, se refiere cuaqndo se subvierte la moral y la fe, es la apostasia general. Ciertamente tiene raon, nos encontramos ante la inversion de los valores; es decir lo que ayer era pecado hoy se considera como normal. Nos vemos ahogados por la corrupcion moral, social y politica; nada tiene freno. Se apostata de la fe de manera publica y notoria. El lugar que le corresponde a Dios en nuestros corazones se va ocupando por todo aquello que se opone a sus Mandamientos.
El trabajo del nuevo Papa de recuperar y recomponer esta situacion, va a ser herculano, pues el mal esta muy enquistado y se precisa un buen “cirujano espiritual” que sepa cortar esta metastasis y devuelva la salud a esta sociedad.
Juan Pablo II y Benedi cto XVI ya han cumplido su cometido en la Iglesia. Ahora comienza una nueva etapa, siendo uno de los cometidos seguir trabajando con la JUVENTUD, que son el pilar de la sociedad y los portadores de la fe y por tanto son el objetivo directo de los portadores del mal, que ya el Papa Pablo VI nos anunciara que habia entrado en la Iglesia. “El humo de satanas ha entrado en la Iglesia”.
¡Habemus Papam! Nos anunciaban oficialmente. El Cardenal Bergoglio. Gran parte nos preguntábamos quien era. Solo los argentinos respondieron con una explosión de aplausos. Cuando al fin se asomo al balcón y vimos su figura ya nos transmitió paz. Su mirada serena y su sonrisa me hio recordad a Juan Pablo I. Pero pronto iban a comenzar los detractores, incluso las madres de mayo se iban a dejar oir, acusándole de colaboracionista con con el golpe militar argentino. Otros miraban con lupa cada gesto o cada palabra del Papa Francisco, que aunque Jesuita era admirador del gran San Francisco de Asis.
Que si no usaba los apatos rojos, que si la estola, que si… todo cosas banales que no afectan a la fe; que si utilizo el autobús en lugar del papamóvil… Somos rapidos a la critica, pero lentos a ver nuestros fallos oo nuestro estilo de vida que rompe muchas veces con los mandamientos. Agazapados como leones esperamos el fallo para lanarnos a la critica
“La Iglesia esta con los pobres”. Algunos se rasgaron las vestiduras. ¡Que ha dicho!. En realidad es cierto que la Iglesia esta y debe estar con los pobres, los necesitados. La pobreza tiene muchas vestiduras una de ellas es la económica que se ha agravado con la crisis que afecta a todo el mundo, pero también esta la pobreza espiritual. De ninguna de ellas se separa la Iglesia, a ninguna de ellas abandona la Iglesia. A ambas se refiere el Papa Francisco.
Existe la tendencia de condenar al rico. En ningún momento el Señor condena al rico, sino que pide que ayude al necesitado. Y hay ricos que colaboran, también los hay que no y son estos los que tendrán que rendir cuentas. Hay ricos que han logrado su riquea con su trabajo, justamente como los hay que la han logrado de forma injusta, a base de abusar de quienes trabajan para ellos o a base de corrupción. Esta es la base de la teología de la liberación, la lucha contra la clase rica, que el trabajador es igual que el dueño. El rico es malo por naturalea y el pobre es bueno. Para la Iglesia lo importante es el pueblo, dicen. Para la Iglesia lo importante es Dios y lo importante para Dios es el hombre.
Debemos acompañar al Santo Padre Francisco. Es Dios quien nos lo ha puesto. Y acompañarle en la pesada Cruz como nuevos Cirineos, pues la Cru del Papa es también nuestra Cruz.