EL CAMINO DE EMAUS
5 Marzo 2010
En muchas ocasiones, a lo largo del evangelio de San Marcos, podemos observar como tratan de meter en compromisos al Señor, unas veces van directamente a los discípulos, para crear en ellos el desconcierto y la duda hacia el Señor; otras va directamente al Señor, ante las gentes del pueblo; otras, aunados a sus antaño enemigos, para cogerle en algo que puedan presentar como prueba.
La pregunta sobre el tributo es un claro ejemplo del retorcimiento que anidaba en el corazón de aquellos personajes. Esta vez, van a tratar de aprovechar el momento político que vivían. El corazón del pueblo estaba dividido en cuanto a la presencia de Roma, al que además debían pagarle un tributo, por lo que se sentían mas humillados.
Fariseos y herodianos se unen; dos visiones distintas del momento político; además enemigos acérrimos. Los fariseos eran contrarios a la presencia romana, al que lógicamente consideraban invasor, pues se habían asentado en su nación, a esto hay que unir los hechos: por un lado había que pagar un tributo; y por otro, que son adoradores de dioses falsos. Los herodianos, todo lo contrario, veían bien la presencia romana y aceptaban el pago de los impuestos. El plan trazado no les podía fallar.
“Maestro, sabemos que eres veraz y que no te dejas llevar de nadie, pues no haces acepción de personas, sino que enseñas el camino de verdad. ¿Es lícito dar tributo al César o no? ¿Pagamos o no pagamos? Pero él, advirtiendo su hipocresía, les dijo: ¿Por qué me tentáis? Traedme un denario para que lo vea. Ellos se lo mostraron, y les dice: ¿De quien es esta imagen y esta inscripción? Le respondieron: Del César. Jesús les dijo: Dad, pues, al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios. Y se admiraban de él” . (Mc 12, 14-17)
El Señor les va a dar una respuesta, que a la vez va a ser una enseñanza para todo el pueblo cristiano. “Tenemos que dar forzosamente al César la moneda que lleva impresa su imagen; pero vosotros entregad con gusto todo vuestro ser a Dios, porque impresa está en nosotros su imagen y no la del Cesar”.
La postura del cristiano ante la sociedad no es la de sumirse en las catacumbas y abstenerse de colaborar en la marcha de la sociedad. Desde el punto de vista social, político y económico, la presencia del cristiano debe ser un hecho; y su presencia deberá ser para mejorar y dar un sentido cristiano y espiritual a la sociedad y todo lo que la envuelve.
El engrandecimiento de lo social, iluminándolo con la clara luz del Evangelio de Jesucristo, donde el hombre encontrará las respuestas y las soluciones, como lo ha demostrado en la historia reciente la Iglesia con la doctrina social, que en los momentos mas cruciales por los que ha atravesado la sociedad desde la revolución industrial, ha sabido dar la respuesta adecuada a las necesidades del momento; desde el punto de vista económico, para que las riquezas sean equitativamente repartidas, de forma que puedan desaparecer las clases marginadas; desde el punto de vista político una clara participación del cristiano desde las tendencias que defiendan nuestra fe y por tanto en sus postulados, nada haya que atente contra los expresado por Dios en su Ley. El cristiano, está obligado a colaborar con su esfuerzo y con su trabajo en el engrandecimiento de la sociedad, difundiendo con su presencia el sentido cristiano de la vida, colaborando y ayudando a sus semejantes, poniendo al srvicio de los demás sus conocimientos y carismas recibidos, para que otros puedan aprender y disfrutar de ellos.
En esta colaboración queda excluido lo que se oponga a la ley de Dios. Desde el punto de vista político, no se puede colaborar con aquellos partidos que desde sus postulados o filosofías se atente contra la Ley de Dios, el derecho a la vida, contra la familia, el derecho a la educación y orientación cristiana de las personas, por ejemplo.
Por otra parte, referente al Tributo, estamos todos obligados, dentro de lo establecido por la Ley, a contribuir; lo contrario seria un fraude, y contribuir con las cuentas claras, sin arañar, si hacer lo que vienen a llamarse “pequeñas trampas”, que en si son grandes trampas que afectan al séptimo mandamiento. Tampoco vale la frase popular “mas roba el estado”, nuestra obligación está claramente definida, pagar lo que por Ley corresponde.
Dad, pues, al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios. Es un mandato del Señor. Es de justicia, es una obligación. Otra cosa distinta es en que se gasten el dinero de los contribuyentes, los gobiernos, muchas veces muy mal y hasta indignamente; pero para eso tenemos derecho a la queja y a la denuncia y a exigir las cuentas claras y hasta con el voto.
Por otra parte de una forma principal, nuestro autentico deber está en dar a Dios lo que le corresponde: adoración y respeto, colaborando en la extensión de su reino con la palabra, las obras y la oración. Y desde aquí, desde el amor a Dios, enfocaremos todos nuestros demás deberes, alcanzándoles una sobrenaturalidad que hará más llevadero nuestro camino y nuestro trabajo por el establecimiento del Reino de Dios en todos los órdenes de la vida.
Aquella respuesta a los fariseos, es válida para nosotros, es válida para nuestro actuar día a día.