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El blog de antonio tapia

EL CAMINO DE EMAUS

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EL SAGRARIO ABANDONADO

 

 

En tiempo de Catequesis de Confirmación y del Grupo de Jóvenes de la Parroquia solíamos ir una vez  al mes al Hospitalito de niños a visitar a los pequeños  que se encontraban  hospitalizados por enfermedades, algunas si solución. Te recibían con una sonrisa que te llegaba al alma. Los jóvenes de la Parroquia se entregaban a ellos, incluso alguna vez les llegaban regalos que  hacían las delicias de aquellos  pequeños. Otras veces íbamos a La Casa Cuna, a visitar a aquellos jóvenes que por causas de la vida (orfandad, o porque la Justicia les había quitado la tutela a los padres…). Todos hablábamos y jugábamos con ellos. Cuando retornábamos a nuestros hogares, echábamos de menos a aquellos jóvenes, que se habían metido en nuestros corazones. También visitábamos el Asilo, donde pasábamos algunas horas con los “viejicos”, quienes agradecían nuestras visitas, porque en algún caso sus familias los habían dejado allí y no iban a visitarlos.

“Lo que hagáis a uno de esos, me lo hacéis a mí”, dice el Señor. Y sabiendo esto los jóvenes, se les llenaba más el corazón. Sabiendo que el Señor les agradecía aquellas visitas. Eran como sagrarios abandonados, en muchos casos. Sabían que en aquellos niños, jóvenes y mayores estaba el Señor. Sabían que aquellas visitas, eran hacerlas al Señor y que el Señor les amaba especialmente, porque con sus actos, Jesús estaba especialmente contento con ellos.

Jesús dice que nunca nos abandonara, así lo hizo. Se quedó con nosotros en la Eucaristía, y esta las 24 horas en el  Sagrario, muchas veces solo, sin recibir nuestras visitas. Esperándonos a que vayamos a verle, a contarle nuestras cosas, nuestras alegrías y penas.

Esas visitas que hacían, eran verdaderas visitas al Señor que estaba en los corazones de aquellos a los que íbamos a ver. Allí estaba Jesús. Eran sagrarios vivientes. La Virgen María fue el primer Sagrario Viviente, porque llevo al niño en su seno. Estos niños, jóvenes y mayores también tenían a Jesús en sus corazones. Por eso visitando a aquellas personas, lo visitábamos a Él.

Las sonrisas de aquellas personas  eran sonrisas  con las que Dios premiaba a aquellos jóvenes. Decía Santa Teresa de Calcuta que mientras un niño sonría es que Dios bendice al mundo;  lo mismo pasa con la sonrisa de aquellos jovenes y aquellas personas mayores.

Pero también nos espera en el sagrario. Muchas veces pasamos delante de un Templo y pasamos como una ráfaga de viento, sin detenernos, sin entrar a saludarlo. No nos acordamos de Él.

Decía D Manuel González, el Obispo de los Sagrarios abandonado:

“ Corazón de Jesús Sacramentado: con mucha pena de ser como soy y con muchas ganas de ser como Tú quieres que sea, vengo a tener contigo este rato de conversación afectuosa para Tu mayor gloria, honor de mi Madre Inmaculada y provecho de mi alma.

Angel de mi Guarda y San José: enseñadme a oír y a hablar con Jesús”.

D Manuel haced de  nosotros verdaderos amigos de Jesús y acompáñanos a visitarlo en el Sagrario, para que crezca nuestra amistad hacia Él y la Eucaristía. Enseños a oír y a hablar como tú lo hacías.

 

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