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El blog de antonio tapia

EL CAMINO DE EMAUS

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EL PRIMER MANDAMIENTO

Se acercó uno de los escribas que había oído la discusión y, al ver lo bien que les había respondido, le preguntó: ¿Cuál es el primero de todos los mandamientos? Jesús respondió_ El primero es: Escucha, Israel, el Señor Dios nuestro es el único Señor; y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. El segundo es éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos. Y le dijo el escriba: ¡Bien, Maestro!, con verdad has dicho que Dios es uno sólo y no hay otro fuera de Él; y amarle con todo el corazón y con toda la inteligencia y con toda la fuerza, y amar al prójimo como a sí mismo, vale más que todos los holocaustos y sacrificios. Viendo Jesús que había respondido con sensatez, le dijo: No estás lejos del reino de Dios. Y ninguno se atrevía ya hacerle preguntas”. (Mc 12, 28-34) Toda nuestra vida debe estar orientada al amor a Dios. Imaginamos este primer mandamiento como el camino de un puente, cuyos otros pilares son los demás mandamientos. El cumplimiento de cada uno de ellos están ordenados a este primer mandamiento que va de uno a otro extremo del camino ( desde el nacimiento hasta la muerte); de forma que rompiendo cualquiera de ellos , estaremos rompiendo el principal; así, si no cumplimos con el cuarto , que es honrar a los padres, jamás podremos decir que estamos amando a Dios. El cumplimiento de los Mandamientos, no solo es una obligación que tenemos para con Dios, sino, también, un auténtico acto de amor a Él. Pero, a este Primer Mandamiento, Jesús va a unir otro: el amor al prójimo. Y al prójimo como a ti mismo, nos dice. El Señor trata de recuperar algo que el pueblo de Israel había perdido, y de paso, dejarnos a nosotros ese legado. El pueblo Judío no era solidario con el resto de los pueblos, y sobre todo con aquellos que no compartían su fe. Recordamos aquí al Buen Samaritano, que da ejemplo de atención y caridad a un sacerdote y un levita, que en síntesis debían dar ejemplo en las buenas obras, pero fue un samaritano quien se compadeciera del necesitado. Todos estamos llamados al amor al prójimo, pero con más fuerza los cristianos, ya que hemos recibido del Señor esta enseñanza y su ejemplo; ya que a lo largo de su vida pública atendió sin medida a muchos que se consideraban enemigos y atiende a los que por el pecado, nos alejamos de Él. El Catecismo de la Iglesia Católica nos dice: “Dios nos amó primero... Los mandamientos explicitan a continuación la respuesta de amor que el hombre está llamado a dar a Dios”. Esta expresión de amor del hombre hacia Dios, en correspondencia al infinito amor de Dios al hombre, se da en el cumplimiento diario de su Voluntad, apoyados con la práctica de la oración y de los sacramentos, sin que falte en ningún momento la atención del que está a nuestro lado: padres, amigos ... desconocidos. Jesús, Catequista de catequistas, enseña sin cansancio, con cariño y con ternura, con paciencia, acompañando a la fe, que entrega, la alegría; de esta forma, su palabra cala hondo, hasta lo más íntimo del alma, haciendo que, en quien le escucha, se le despierten todos los sentimientos que permanecían dormidos. En este pasaje vemos como el Señor hace que aquel escriba saboree sus enseñanzas, como nos describe el evangelista; el comentario que con unción hace aquel sacerdote, describe un enamoramiento de las enseñanzas de Jesús. No estás lejos del Reino de los Cielos, como no lo están quienes cumplen este requisito que el Señor nos hace, solo falta la fidelidad hasta el momento de entregar el alma al Creador. El Señor le pide a aquel hombre, y en él nos lo pide también a nosotros: fidelidad. El Señor continua enseñando, como nos describe el evangelista: “una inmensa muchedumbre le escuchaba con gusto” (Mc 12, 37). Cuantas otras veces hemos visto a lo largo del evangelio estas palabras. Sus palabras llegaban al corazón de aquellas gentes; eran tan diferentes a las de los sacerdotes, sus actos eran tan diferentes a los de los fariseos; en su corazón ardía el amor, a diferencia del rencor y el odio de escribas, herodianos... Eran palabras de auténtica liberación, y no de esclavitud las normas que mantenían sobre el pueblo. El Señor censura las actitudes de los escribas que lejos de servir al pueblo, buscaban los primeros lugares en banquetes y sinagogas. La actitud del cristiano, del que sigue a Cristo, debe ser muy diferente: de servicio a los demás. “Es de advertir que no prohíbe los saludos en la plaza, ni ocupar los primeros asientos a quienes corresponde por su oficio; sino que previene a los fieles que deben guardarse de hombres malos, de los que aman indebidamente tales honores”. Son palabras del Beato Escrivá de Balaguer, para acercarnos a lo que significa este Mandamiento “Considera lo más hermoso y grande de la tierra..., lo que place al entendimiento y a las otras potencias... Y el mundo, y los otros mundos, que brillan en la noche: el Universo entero (Y eso, junto con todas las locuras del corazón satisfechas..., nada vale, es nada y menos que nada, al lado de ¡este Dios mío! - ¡tuyo! -, tesoro infinito, margarita preciosísima, humillado, hecho esclavo, anonadado con forma de siervo en el portal donde quiso nacer, en el taller de José, en la Pasión y en la muerte ignominiosa... y en la locura de Amor de la sagrada Eucaristía. Bellas palabras que deben acercarnos sin premura a amar a Dios con la locura de un alma enamorada de un Dios que se deshace en amor por sus hijos.
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