EL CAMINO DE EMAUS
18 Mayo 2012
Leo en el Mundo, en su primera página, con foto y todo: “Yo el desahuciador”… le imagino como una persona temida y odiada; pues el trabajo no es para menos. Es el trabajo que le ha tocado. Un trabajo desagradable en tiempos de grave crisis. Un trabajo, para alguien muy centrado psicológicamente; un trabajo que a cualquiera le partiría el corazón. Un trabajo no apto para todos los funcionarios.
Enseguida me vino a la mente, el Apóstol Mateo. Odiado por los judíos y también temido. Más de uno, seguro que se lo hubiera cargado, de no ser por la protección romana. Era el encargado de cobrar el impuesto de Roma y seguro el encargado de poner en conocimiento de la autoridad, el nombre de los que no pagaban. Mateo, así se ganaba el sustento diario. Poco después era atraído por Jesús, que en un principio desconcertó al resto de los Discípulos. ¡Mateo el traidor! Elegido por el Señor para ser su Discípulo. Se preguntarían Pedro y sus compañeros ¿En que estaría pensando el Señor? Elegir un traidor a los judíos, a una persona odiada. Pero Jesús pasaba de esas actitudes humanas. Jesús ha venido a recuperar a todos, a los dispersos, a los enfermos del alma. A reunirlos a todos en el mismo redil. Eles el Buen Pastor.
Imagino al funcionario, como un buen padre de familia, entregado, hogareño. Aunque por su trabajo pueda llevar a muchos a pensar otra cosa. La mente humana enseguida suele distorsionar la verdadera realidad. En la foto del Mundo aparece con cara seria, acompañado de otro funcionario y un cerrajero en pleno oficio.
La nota del mundo se torna trágica de repente: “un compañero aún no ha superado que un hombre se pegara un tiro delante de él, tras comunicarle el desahucio”. Tremendo. La crisis es fría y rígida. Puede llevar a esas determinaciones imprevistas. Una crisis aún no reconocida seriamente por el presidente de un gobierno que ha seguido, sin chistar, las directrices de Zapatero.
El desahuciador no es culpable ni responsable. El cumple con su trabajo, es ejecutor de las sentencias judiciales de embargos en las que se ven inmersos muchas familias, que un día compraron un hogar y se hipotecaron, con vistas a ir pagando mensualidades que repentinamente iban subiendo, imprevisto que pensaron nunca se iban a producir. Subidas que marca anualmente el Banco Europeo, que muchos hipotecados no pueden hacer frente.
¿Y después del embargo? O se quedan en la calle, o si tienen suerte y algún familiar o amigo les encuentra alojamiento hasta que salgan del apuro. Parece que el gobierno iba a dar una cantidad a los hipotecados, pero estas dejadas del gobierno no son fiables, luego habrán de ser devueltas o repentinamente las corta. ¿Pues de donde va a sacar dinero si estamos económicamente en estado crítico? Las pagarán los funcionarios y los pensionistas con nuevos recortes. O aparecerá Shylock reclamando una libra de carne del endeudado como pago de su deuda.
Lo injusto de esta situación de muchos españoles, es que perdiendo su hogar tengan que seguir pagando. ¿Es que con el piso no queda suficiente pagada la deuda? Yo por mucho que me lo expliquen ni lo entiendo ni lo comparto. Durante la campaña del 22-M, la presidenta de la comunidad de Madrid, tuvo la idea de establecer, en su comunidad, que perdido el hogar por el desahucio no iba a permitir que siguieran pagando. ¿Por qué esto no lo hace el gobierno a nivel estatal? Imagino que no quiere enfrentarse con sus “amigos” los bancos, que se han visto beneficiados por la política de Zapatero.
El desahuciador cumple su cometido. Desagradable, triste, injusto… supongo que más de una pesadilla le ha costado. Supongo que ha tenido deseos de hablar con alguien, a efectos de catarsis, para echar fuera toda la pesadilla que vive
Detrás de esa cara de duro, hay la de un padre amante de su familia que ha de cumplir con un triste y duro cometido. Él no es causante de la crisis que ha llevado a muchas personas a perder un hogar FAMILIAR. Un hogar que suponía el mayor anhelo.
Desde aquí ruego, si aún queda justicia, revise el Gobierno esa ley, por la que los bancos no solo se quedan con las casas, sino que después hay que seguir pagándoles. Si es que queda algo de corazón