EL CAMINO DE EMAUS
17 Mayo 2014
Veo hasta normal que cuando se aproxima un cambio de sentido radical, de gobierno, surjan los chaqueteros, pues los ha habido toda la vida y la política no sería política si no hubiera chaqueteros. Los hubo cuando nos invadieron los romanos, los árabes, los franceses, con Fernando VII, cuando la república, cuando Franco, con la democracia. Y faltaban con la llegada de Rajoy al Gobierno. En sus propias filas los ha habido. Cuando el periodo de inestabilidad que azoto a España entera, algunos por miedo a que la izquierda acabara con la política de la derecha empezaron a mudarse las chaquetas.
Una de las gestiones del actual Gobierno que precisaba un cambio era la cartera de Justicia, puesta en manos del señor Gallardón, que la ha puesto en marcha con efectividad y q que “chinchado” a la oposición, que como una metástasis estaba muy extendida y como es lógico no estaban de acuerdo con la nueva política que se les venía encima. Un ejemplo lo tenemos la rápida excarcelación de delincuentes (etarras, pederastas, violadores…), siguiendo la sentencia del “tribunal de derechos humanos”.
Dos policías implicados. Que anulen la sentencia se “colaboración con banda armada” ya que los dos policías actuaron en “defensa” de la política de “conversaciones” entre el gobierno de Zapatero y ETA. Donde dije digo, digo Diego. Ahora comprenden que actuaron “para no poner en peligro las conversaciones con los terroristas”. Ayer cayeron con todo el peso de la Ley, hoy caen con toda su benevolencia y que fue un error.
¿Se dictó sentencia injusta contra los policías entonces? O se ¿pretende que otro Organismo, el Tribunal Supremo, dicte sentencia injusta? Pues estaríamos hablando de prevaricación en uno o en otro caso.
El señor Ballesteros y el señor Pamía no obraron bien, cuando, recibiendo ordenes de un superior a ellos, cuyos nombres silencian, pues podríamos llevarnos una sorpresa, que sería tanta, pues sus nombres están bajo sospecha en nuestras mentes, evitaron la detención de un comando que se dedicaba a la extorsión y coacciones y el que no accedía sabía que tarde o temprano su destino era un tiro en la nuca.
Da la sensación que el verbo prevaricar se está conjugando más de lo normal, en presente de indicativo, en la España de hoy.
Nos da miedo hablar de los jueces y fiscales, del estado de la justicia, de los jueces mal llamados estrella, porque quieran o no son simplemente jueces, sin más calificativos. Que haya jueces que por querer lucirse abren y abren diferentes casos, con lo que se hacen interminables sus resoluciones, es cierto. Otros que mezclan o han mezclado sus sentimientos. Políticos… de fiscales que, a mi modo de ver no ha actuado igual en unos casos que en otros; por ejemplo Anticorrupción en el caso de los “eres” andaluces y el caso Bárcenas.
Creo que Gallardón lo está haciendo bien. Despacito y buena letra. Pero, ciertamente, esta rama de la sociedad precisa de un gran cambio y de muchos ajustes, en los que no deberán mezclarse los partidos políticos que todo lo trastocan.
Es imposible que quienes la conforman, hombres y mujeres, no tengan una ideología; pero así que intervienen los partidos políticos, las resoluciones quedan distorsionadas, según quien disponga de la mayoría y esto es innegable. Hechos como el que se traspapele la documentación sobre un asesinato que señala a Bolinaga como ejecutor y que hayan pasado años hasta que este asunto surja nuevamente, o el caso que atañe a este artículo, en el que la fiscalía se desdiga de lo defendido sobre “el caso faisán”, no deberían permitirse. Es sospechoso que la fiscalía pidiera una condena contra dos policías que ahora pide al Supremo no se les castigue por colaboración de banda armada, porque “ahora” se han dado cuenta que trabajaban “por evitar la ruptura de las conversaciones gobierno (ZAPATERO) con ETA” (¿?).