EL CAMINO DE EMAUS
15 Mayo 2013
Me gustan los pepinos en vinagre, algunas veces si compro esos frasquitos y de ve en cuando pico. Me gusta lo picanton, pero con moderación, pues el abuso hara que termines por rechazarlo. Por ejemplo los turrones, que ya ni los pruebo debido a los atracones. Los filetes de hígado también los he desechado por un atracon de cinco filetes en un dia, el jamon…
Pero no es de esto de lo que quiero hablar, si no de la frase acertadísima del Santo Padre Francisco con que nos ha definido a muchos cristianos que tenemos “cara de pepinos en vinagre” y asi no vamos a ninguna parte.
En el año9 1981 convaleciendo de unas anginas formidables, aproveche para leer dos libros que me dejo mi hermana angeles, dos biografias de Santo Tomas Moro y D Bosco. Dos vidas ejemplares. Me cautivo Don Bosco. Hizo cambiar mi vida. Queria hacer algo, en lugar de pasarme el dia en mi cuarto, dejar de ser Tutankamon, metido en el sarcófago. Y opte por la Catequesis. Hable con D Luis, de la Parroquia de San Jose, hice unos cursos de preparación y adelante, asi hasta el año 2006.
Realmente cambie de forma de ser, de aislado en mi cuarto, serio un poco a vinagrado a tener contacto con niños y niñas, universitarios, padres, grupo de jóvenes. “Renovarse o morir”. Y me renove. Aprendi a ser niño con los niños, a la hora de los cantos se enfadaban conmigo, porque en luigar de cantar, hacia “el pato” y los niños también. Supe contactar con los padres, en las catequesis a ellos dirigidos. Huibo unos años que estuve en dos parroquias a la vez. Me encantaba, el espíritu de D Bosco y de Madre Alberta me habían cambiado. Ahora casi no paraba en casa.
Si he visto caras de pepinos en vinagre, que mas que acercar hacían huir a los jóvenes, cuando estos lo que buscaban era trabajar en las Parroquias. Los mismos jóvenes del Grupo pedían actividad, asi que pasamos a la actividad. Se creo un coro que funciono muy bien, íbamos a ver a los niños y niñas del Hospitalito, íbamos a la casa cuna para alegrar un poco a las jóvenes que estaban por diferentes causas, hicimos grandes amigos, también nos acercábamos al Asilo y como no ¡acampadas! Dirigidas por un fenómeno, David. He de reconocer que en un par de ocasiones, el Parroco se enfado, pues las hicimos en Semana Santa, pero era la única ocasión de llevárnoslos p0ara que se relajasen de los estudios.
La verdad, el Santo Padre tiene razón. No podemos dar un paso, si nuestra cara va a ser seria, lejana, que asusta. Eso lo dejamos para los Colegios. En la Catequesis debemos ser diferentes, amables, cercanos, entregados, como si fueran nuestros propios hijos, y es que los padres los dejan en nuestras manos, son nuestra responsabilidad. ¿Qué dirían los padres, si cuando llegan a casa los niños les dicen que tene3mos mal genio?. Seguro que buscar otra PARROQUIA. No quiero decir que convirtamos la Catequesis e n un centro de diversión y de juego. Pero si transmitir con alegría.
En la Catequesis de Padres tuvo un resultado optimo, pues de los 21 que permanecieron los dos años 6 pasaron a los grupos parroquiales y 3 se hicieron catequistas, amen de que los 21 comulgaron junto a sus hijos, además de acercarse al sacramento de la penitencia del que estaban alejados. Dios toco sus corazones, el catequista puso su alegría.
Dejemos los pepinos en vinagre para comer.