EL CAMINO DE EMAUS
23 Junio 2011
Dice el dicho: es de bien nacidos se agradecidos. Y me gusta dar siempre las gracias. En este caso, de manera especial y no me duelen prendas a la hora de agradecer.
El pasado viernes, tocaron a la puerta de mi apartamento. Eran dos testigos de Jehová. Les invité a pasar. Comenzamos el diálogo y repentinamente me sentí mal. No conseguía hilvanar frases; lo que detectaron ellos, me hicieron sentar en uno de los sillones. Pero seguía igual. Seguidamente perdí el conocimiento. Cuando lo recobré, había un grupo de vecinos con el 112. Pero seguía desconexionado con el mundo. Cuando llegué al Hospital, ya era capaz de pensar.
Ahora pienso que fue fundamental aquella visita, pues de haber estado solo, me dijeron los médicos podía haber tenido un susto más grave. El Señor quiso que pasaran aquellas dos personas por la casa. Personas a las que agradezco infinito sus atenciones de manera rápida.
Siempre había tenido en la lejanía a los Testigos de Jehová. En adelante tienen mi agradecimiento. Recuerdo que eran atentos, educados, sencillos… el poco tiempo fue suficiente para detectar como eran. Y repito, no me duelen prendas. Espero volver a encontrarles y continuar con la conversación que habíamos comenzado.
Gracias amigos, fuisteis fundamentales. No sé qué hubiera pasado de no haber estado vosotros ahí. Quiso Dios que pasarais. No me cansaré de decirlo. Aunque estemos distanciados en la forma de pensar, estamos cerca en la manera de actuar. Tal vez os debo la vida. Solo Dios sabe que hubiera pasado, pero estabais allí en el momento adecuado