EL CAMINO DE EMAUS
4 Junio 2018
NO SE ACEPTA LA VERDAD
Cuando, en alguna ocasión, realizamos un acto malo, solemos tender a no reconocerlo; lo mismo cuando nos desviamos del camino. Es como si nos pusieran una venda en los ojos, no reconocemos la verdad y si nos tratan de convencer, explotamos como una bomba. No aceptamos la verdad. Y aunque ciertamente la verdad nos hace libres, en este caso produce el efecto contrario, porque no queremos escuchar la verdad porque preferimos seguir por el camino que equivocadamente empezamos, porque no queremos reconocer que el camino que hemos tomado es un camino peligroso del que quizás no podramos salir, porque contumazmente queremos seguir en el. El pecado ata y ciega. Pero siempre queda un rescoldo inapagable.

Parece mentira que decir que “ la verdad engendra en muchos casos odio” a primera vista, sea real como la vida misma. Y se cumple a diario. Y esto suele ocurrir. ¿Quien no se ha sentido “ofendido” cuando le han “cantado las verdades del barquero”?. A todos o a casi todos nos han llamado la atención cuando nuestro proceder no ha sido bueno y nos ha sentado como “un tiro”, que hasta hemos retirado la palabra y el saludo al autor de tal “osadía.” “Llamarme a mí la atención. Pero que se ha creído ese”… “¡Con que derecho se cree!”. Y hasta si nos ha sido posible, se la hemos cobrado y con creces. San Juan en su evangelio recoge estas palabras de Jesús: “… Y si os mantenéis en mi Palabra, seréis verdaderamente mis discípulos y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres”. Y nos lo dice el Señor para que siendo testigos de la verdad, la extendamos sin ataduras, siendo libres de las que nos ofrece el mundo contrarias a la verdad. Pero muchas veces hemos llamado la atención a otros, pero no aceptamos que nos las digan.
El pecado es la ruptura con la Palabra y Mandatos del Señor. El pecado es la desobediencia a Dios haciéndonos esclavos del mal. Si persistimos en el mal, la esclavitud se va haciendo más fuerte, hasta el punto que no reconoceremos el bien y no aceptaremos la palabra de aquel que pretenda corregir nuestro camino. Y no solo no aceptaremos su corrección, sus consejos, sino que lo rechazaremos y nos enfrentaremos a él con todas nuestras fuerzas. La verdad engendra odio cuando no la aceptamos de los demás.
El ejemplo lo tenemos en los Evangelios. Escribas y fariseos no aceptaron la verdad que nos traía el Señor y no solo se enfrentaron a Él, sino que con odio buscaron su muerte y no se detuvieron hasta verlo muerto clavado en la Cruz.
La verdad nos hace libres, cuando aceptamos las correcciones con humildad, rechazando la soberbia con que nuestras malas acciones nos ha envenenado y nos acercamos al sacramento de la Penitencia. Sentiremos esa libertad en nosotros, que nos hará agiles. Viviremos de una forma diferente, sin las pesadas cadenas que nos impone la esclavitud. Bonhijffer decía: “ la verdad de Dios juzga lo creado por amor, mientras que la verdad de Satanás lo juzga por envidia y odio”.
Nos falta humildad para reconocer nuestros torcimientos o cambios del sentido de nuestra vida. Nos sienta mal, cuando alguien, con toda su sinceridad, se acerca a nosotros para decirnos que ese camino que llevamos, no es el real, no es el que debíamos de llevar. Incluso que nos hemos separado del camino que nos llevaba a Dios. Yo tapé mis oídos muchas veces, desvié conversaciones cuando se tocaba este terma…. Es tremendo cuando cambias de camino, cuando pierdes el norte espiritualmente. La soberbia te hace no solo rechazar a Dios, sino también a quienes de corazón, se acercan a ti para aconsejarte de todo corazón. Debemos darnos un baño de humildad para quitarnos toda la suciedad que produce el pecado, que además de separarnos de Dios, nos separa de de quienes antes teníamos al lado.