EL CAMINO DE EMAUS
3 Junio 2018
PADRE, PERDONALES, PORQUE NO SABEN LO QUE HACEN!
Dios nos ha elegido para ser la unión entre Él y el mundo. Debemos ser los pies, las manos, la voz, el cariño…que debemos extender por el mundo hacia los que no le conocen. Pero muchas veces a lo largo de nuestra vida, olvidamos lo que debemos ser y para que estamos aquí. Olvidamos que nos ha elegido, como eligió a lo Discípulos. ¿Soy luz?. ¿ O simplemente una bombilla fundida?. ¿Soy sal? ¿O simplemente un puñado de materia blanca desabrida? Si somos una bombilla fundida que jamás dará luz o materia desabrida, que para nada sirve, dañamos no solo a la Iglesia de Cristo, sino también a los planes de Dios para los que me habían elegido o te había elegido, y a la vez, dañamos a la Iglesia, por el mal ejemplo dado. Y por ese mal ejemplo, muchos se habrán apartado del camino.

Realmente he fallado y le he fallado a Dios y he fallado a quienes me conocían a quienes he tenido en Catequesis, a quienes no creían y me conocían y esperaban de mi mucho más, y no esperaban que torciera mi camino, como no lo esperaba mi familia. Ni tú, estimado amigo lo esperabas. Te diré, que yo tampoco esperaba ese cambio, del que retorno paso a paso, con caídas y vuelta a levantarse. Es como un león con su presa entre sus fauces que lucha por liberarse; es una lucha en la que no vale la desesperanza. Es , como la pesadilla en la que parece que no te puedes mover, pero que el final te despiertas y te ves libre. El pecado no es un hecho simple, que no tiene importancia. Un pecado, es un peso, que lleva a otro pecado, la acumulación de pecados veniales, enfría el alma, aunque nos parezca no notarlo, pero que puede llevarnos a cometer, otros pecados: el pecado mortal y tras este llega otro y otro, que apagan el fuego del alma. Entonces somos como el paralitico de Cafarnaúm, que ya no podía valerse por sí mismo.
Un día, cuando salía de clase, Giovanni Pappini, vio una puerta semiabierta y miro a través de ella. Escucho como el profesor les estaba hablando, a los alumnos, del cuarto mandamiento y se preguntó; “ ¿Porque mi padre me prohíbe acudir a una clase, donde te enseñan a amar a tus padres?. Desde ese día no se perdió una clase de Religión convirtiéndose, poco después para disgusto de su padre.
¿Sabemos que cuando pecamos, de qué manera ofendemos a Dios?. ¿nos damos cuenta del alcance de la ofensa?. ¿Nos damos cuenta del agravio que hacemos a Dios?. Si nos diéramos cuenta rectificaríamos. Alguien puso como ejemplo un estanque y tiro una piedra que fue formando ondas y estas otras, así actúa el pecado en la Iglesia y ante los demás. Desde luego, el enemigo común pone su parte, pero la ofensa es culpa nuestra, por no poner los medios para evitar la tentación. Y nunca la tentación será tan fuerte que nos supere hasta la extenuación, porque Dios no lo permitiría. Pero tenemos que poner de nuestra parte. No vale el “yo no pude”. Pude pedir ayuda, pero ¿lo hice?.
Perdí el norte paulatinamente y me fui de casa airadamente. Rompí el cuarto mandamiento y otros además del octavo, el sexto, el noveno… y esto me llevo a romper con el primero: amaras a Dios sobre todas las cosas. Pues si rompes con alguno de ellos, sería una falsedad decir que amas a Dios.
La humildad, es el jabón que lava nuestra alma, junto con las lágrimas con que comencé mi Camino de Emaús. Estamos tan perdidos en el mundo de las cosas, que tal vez no pensemos que estamos rechazando a Dios, que no nos declaramos enemigos, a pesar de que El no nos tiene como tal a nosotros. Si así fuera no nos buscaría para llevarnos junto a Él. ¿Nos damos cuenta que la ofensa a Dios, nos aleja de Él y nos acerca al enemigo común, que busca perdernos para siempre?. Estamos tan nublados espiritualmente que nuestras acciones nos hacen que pase desapercibida la realidad en la que estamos.
Hasta en los momentos últimos, clavado en la Cruz, el Señor piensa en toda la humanidad y más en los que le hemos traicionado, abandonado… y pide al Padre que detenga su brazo sobre esta humanidad desagradecida que ha preferido el camino torcido, el volver a morder la manzana de Adán y Eva, el aceptar ese mundo de desperdicios que le ofreció en una de las tentaciones, que rechazó y que nosotros, yo en este caso, acepté, pero que ha rechazado en esta continua lucha que es el caminar hasta ser llamados. “Padre Perdónales porque no saben lo que hacen”. Ve las traiciones de una humanidad desagradecida, desde lo alto de la Cruz. Intercede por nosotros, nos ama, nos llama, nos da una… oportunidades. El Señor no quiere perder a ninguno de los que el Padre le ha confiado.