EL CAMINO DE EMAUS
20 Marzo 2018
Como todos los días me levanto temprano. Estoy anclado a unos medicamentos de por vida, y los primeros, tocan temprano. Así que después me suelo quedar algunas veces en pie. Me pongo a leer, bien alguno de los libros del padre Martín Descalzo; tres monjes rebeldes; cruzando el umbral de la esperanza, el selecciones Reader Digest… los leo al “alimón”. Otras veces me pongo a escribir sobre algún tema y plasmo mis pensamientos. La pobre pluma, trabaja como una esclava y sin cobrar. Y siempre acompañado de música de fondo. Estos días han sido los Sabandeños, que me hacen recordar a las Islas Canarias, donde han quedado días muy buenos y días muy tristes; gente a la que quiero intensamente y gente a la que prefiero olvidar, aunque no suene muy católica esa expresión.

Si no han disfrutado de los Sabandeños, háganlo, aunque sea una vez, verán como se “enganchan”. Las Islas no solo tienen su encanto en las Playas, en las “papas arrugás”, en el mojo… hay mucho mas, entre ello, los Sabandeños. Otras veces, la música clásica; los monjes gregorianos cantando canciones de los Beatles; o los cantos de los niños cantores de Viena; o marchas militares españolas, que te transportan a otro mundo, el de la tranquilidad y concentración, pero que se pasa en un “plis plas”. Te da paz y te concentra, te ayuda a escribir a entender lo que lees. Es como el rumor del agua del mar cuando choca contra la orilla de la playa. Paz y tranquilidad.
¿Le gusta la música a Dios?. Claro, si la música es un don de Dios que Ël alcanza al hombre; es un carisma. Como a otros la escritura… Hay libros que te atraen hacia Ël, que cuando terminas de leerlo dices “parece que está escrito por el mismo Dios”. A cada uno le da un carisma atraves del Espíritu Santo; tenemos que descubrirlo y ponerlo al servicio de los demás. No podemos decir: yo canto, yo escribo, yo toco el piano… porque nace de mí. A Dios le agrada que descubramos los dones que nos entrega y los pongamos al servicio de los demás, es la moneda que Dios nos entrega, para que produzca y no para que la enterremos bajo tierra.
La única Paz, duradera, eterna, verdadera, se logra con la Música de Dios; me refiero a esa charla Padre e hijo; es pues un medio que sirve para hacer 0racion
Los no creyentes dicen que los católicos sufrimos de alucinaciones, que sacamos de contexto las cosas, que vemos cosas donde no las hay. Rechazan los milagros por norma, y les dan explicaciones, que se escapan a toda lógica. Vamos, que por rechazar, rechazan hasta la creación del mundo por Dios.
No me río de las teorías, por educación y por respeto; pues bastante triste es vivir en un mundo, cuyo futuro, despues de la muerte, todo es la oscuridad y la nada; es decir, que después de esta vida, tras la muerte, para ellos no existe nada. Vamos, que después de esta vida no hay nada de nada. De nada sirven los actos buenos, de nada sirven todo aquello que se haga por el prójimo.
Por tanto, en la vida del creyente, según los ateos, se cruzan espejismos, nada es lo que vemos y la fe es algo superficial que nos ata. Debe ser una tortura pasar la vida pensando así y a la vez, tratando de convencer de que no hay nada. Sería terrible, vivir pensando que tras la muerte, te conviertes en polvo a merced de una ráfaga de viento.