EL CAMINO DE EMAUS
31 Marzo 2018
“Pasado el sábado, María Magdalena y María la de Santiago y Salomé compraron aromas para ir a embalsamar a Jesús. Y, muy de mañana, al día siguiente del sábado, llegan al sepulcro, salido ya el sol. Y se decían unas a otras: ¿Quién nos quitará la piedra de la entrada del sepulcro?. Y al mirar vieron que la piedra estaba apartada; era ciertamente muy grande. Entrando en el sepulcro, vieron a un joven sentado a la derecha, vestido con una túnica blanca, y se quedaron asustadas. El les dice: No tengáis miedo; buscáis a Jesús Nazareno, el crucificado. Ha resucitado, no está aquí; mirad el lugar donde le colocaron. Pero marchad, decid a sus discípulos y a Pedro que él va delante de vosotros a Galilea; allí lo veréis como os dijo. Y saliendo huyeron del sepulcro; pues estaban sobrecogidas de temblor y fuera de sí; y no dijeron nada a nadie, porque estaban atemorizadas” ( Mc 16, 1-8).

San Marcos, como también los otros evangelistas, San Lucas, San Juan y San Mateo, comienzan narrándonos la espera de las santas mujeres, para poder embalsamar el cuerpo de Cristo. Y lo hacen, como relata San Marcos : “ al día siguiente del sábado” (Mc 16, 2).
La ley mosaico establecía el día del sábado, como el día dedicado a dar culto a Dios y a la oración. Era el día en que se recordaba el descanso del Señor después de la creación. No estaba permitido trabajar, pero “ con el tiempo los rabinos habían llevado hasta la exageración las cosas que se podían y que no se podían hacer”. Entre las cosas que no se podían realizar, se encontraba, por tanto, el embalsamamiento de los muertos; motivo por el que tuvieron que dejarlo para “el día siguiente al sábado”, como recalca el evangelista. La ley del sábado rabínico se había salido de su contexto, de tal forma, como hemos visto a lo largo del evangelio de San Marcos, y como podemos verlo en los de los otros evangelistas, el hombre dependía de ese día. El hecho de la Resurrección del Señor va a producir un cambio, ya que la “ ley evangélica derogó la prescripción mosaica referente al sábado y lo sustituyó por el domingo, que significa el Día del Señor, en memoria a los dos grandes misterios de la Resurrección de Jesús, y la venida del Espíritu Santo”
El Tercer Mandamiento de la Ley de Dios, establece el hecho de santificar las fiestas. Santificar significa a ofrecer a Dios enteramente algo: el trabajo, el estudio, las relaciones con los demás. Así, santificar las fiestas, hace referencia a ofrecer las fiestas en dar Gloria a Dios a través del culto, de la oración y de la lectura espiritual que nos acerque más al conocimiento de la fe que vivimos. El tercer Mandamiento nos impone la obligación grave de dar culto a Dios a través de la asistencia a la Santa Misa, siendo esta celebración el acto principal de culto a Dios. La Santa Misa no sustituye a la oración, porque la Misa es ya de por sí la forma de oración más elevada a Dios. San Jerónimo nos dice que : “después de la tristeza del sábado, resplandece un día feliz, el primero entre todos, iluminado con la primera de las luces, ya que en él se realiza el triunfo de Cristo Resucitado”
El mandado del Decálogo que Dios dió a Moisés en el Sinaí establece: “Acuérdate del día del sábado para santificarlo. Trabaja seis días y en ellos haz todas tus faenas. Pero el día séptimo es día de descanso, consagrado a Yavé, tu Dios. Que nadie trabaje...” (Ex 20, 8-10).
María Magdalena, María la de Santiago y Salomé, nos relata el evangelista, habían comprado aromas para embalsamar el cuerpo del Señor. Ellas se acuerdan de ese detalle. Momentos antes de introducirlo en el sepulcro, después del descendimiento “ Nicodemo y José de Arimatea lavaban el cuerpo ensangrentado con esponjas ...limpiaban su cuerpo como si fuera el de un niño...” después, ya en el sepulcro “ comenzaba el rito de la unción... comenzaron a envolver” el cuerpo de Cristo “las mujeres impregnaban primero la cinta con ungüentos, luego la enrollaban fuertemente como un vendaje... Finalmente envolvieron el cuerpo en la sábana en que lo habían traído... No se quedaron satisfechas...Pensaban que el domingo rematarían lo que ahora hacían a medias” describe el padre Martín Descalzo. Son todo un ejemplo de delicadeza, de celo y de amor hacia el Señor y a la vez una nueva lección de catequesis que podemos extraer de las páginas del evangelio para llevar a nuestra vida diaria. La delicadeza, la valentía, el no dar importancia a las dificultades, enarbolan las virtudes de estas mujeres. Se levantan muy temprano, de madrugada, para poder llegar cuando el sol sale junto al sepulcro; no quieren perder un instante; no quieren dejar para más tarde el embalsamamiento del cuerpo de Cristo.
Habían comprado aromas, y con todo cariño le prepararon el ungüento. Celo, delicadeza, corazón ... es así como hemos de tratar todas las cosas del Señor; así, como nos enseñan aquellas santas mujeres. Sin reparar en las dificultades, con cariño, con delicadeza. Si echamos una mirada hacia atrás, podemos recordar aquel pasaje en que María unge al Señor con aromas de nardo, cuyo coste era elevado y que es causa de queja de los presentes. Si buscamos en el hecho de María el sentido espiritual, alcanzaremos a ver la grandeza; pero también, a pesar del costo elevado de aquellos aromas, la grandeza de la acción de María es digna de elogio: el amor a Dios no debe tener obstáculos; nada debemos regatear a Dios: ni la oración, ni el esfuerzo personal en nuestra conversión. El no regateó ni sufrimiento, ni en dar hasta la última gota de su sangre por nuestra salvación.
La única preocupación de aquellas mujeres estaba en ¿quién movería aquella piedra que taponaba el sepulcro del Señor? . Tal vez pensaban que los guardias romanos no las ayudarían, pues estaban para vigilar que nadie sustrajera el cuerpo de Jesús, según las órdenes que se les había dado. “De ordinario los judíos ricos construían los sepulcros excavando en la roca, y constaba de una especie de vestíbulo y de la roca, propiamente dicha, de pocos metros, una puerta muy baja daba acceso a las tumbas: un pequeño habitáculo en el que había dos bancos adosados a las paredes, sobre los que se depositaba el cadáver”.
El acceso al sepulcro se taponaba con una rueda o gran piedra de molino. El padre Martín Descalzo hace una descripción de cómo era, lo que puede darnos una aproximación a la realidad:
“Procedieron a cerrar la puerta. Había junto a ella una especie de rueda de molino de metro y medio de diámetro y un espesor de entre veinte y veinticuatro centímetros. Estaba asentado en una ranura curva, calzada con otro gran trozo de roca. Uno de los hombres empujó la rueda de piedra que la calzaba y, luego, tratando de frenarla en su caída, dejaron que se deslizara por el canalillo curvo en que se asentaba. Giró la piedra hasta cubrir ampliamente la puerta y, de nuevo, la calzaron con piedras para que no se moviera”.
A pesar de su preocupación, las santas mujeres siguen hacia delante. Hasta entonces nada les había arredrado: ante a las vociferantes voces durante el camino de Jesús hacia el Gólgota, allí estaban ellas, consolando al Señor con su presencia; otra mujer, la Verónica, limpiará el rostro ensangrentado del Señor ante la mirada de todos; las santas mujeres estarán cerca del Señor clavado en la Cruz, acompañando a María; acudirán al sepulcro donde va a ser depositado el cadáver del Señor; y muy de madrugada, acudirán al Sepulcro para poder embalsamar su cuerpo. Ellas no huyen, no abandonan, y agradecen con sus actos las gracias que Jesús derramó sobre ellas.
La sorpresa debió ser infinita cuando se encontraron la gran piedra quitada de su lugar, el sepulcro abierto y “ a un joven sentado a la derecha con una túnica blanca “ ( Mc 16, 5) que se dirige a ellas. Nos describe el evangelista que se “quedaron asustadas” (Mc 16, 5). Tal vez ellas no habían oído hablar al Señor acerca de su resurrección; tal vez los apóstoles, en estos días de tristeza, tampoco lo comentaran porque habían perdido las esperanzas. El Angel del Señor les anuncia la Buena Nueva. Ayer anunciaba el nacimiento del Niño Dios en un humilde Portal; hoy anunciaba otra noticia que llena de esperanza a las almas: “Ha resucitado, no está aquí” ( MC 16, 6), dándoles la indicación que contarán a los discípulos de Jesús lo que habían visto y oído, en especial a Pedro.
“La designación del Apóstol Pedro por su nombre, es una manera de destacar la figura de quien hace cabeza en el Colegio Apostólico precisamente en unos momentos en los que la turbación y el desaliento habían hecho presa en los Apóstoles. Es también una delicada manifestación de que Pedro ha sido perdonado”
Pero aquellas mujeres que habían venido dando muestras de gran valentía, sienten temor ante lo que estaban viviendo y salen, pues como nos describe el evangelista “ estaban atemorizadas” ( Mc 16, 8)
¿Qué entendemos por resurrección? . Se define la resurrección como al hecho en el que la unión del cuerpo y el alma que se rompe con el acto de la muerte, se vuelve a rehacer. Con la resurrección, el cuerpo y el alma se vuelven a unir. Santo Tomás nos da cinco razones que justifican la Resurrección de Jesús:
“Por caridad y obediencia a Dios, Cristo sufre la muerte de Cruz; era, pues, preciso que Dios le exaltara con la Resurrección, según conviene a la justicia divina; que exalta a quienes se humillan por Dios.
Era conveniente también que el Señor resucitase para confirmar nuestra fe en su Divinidad por el milagro de la Resurrección.
Para fortalecer nuestra esperanza, porque al ver a Cristo ( que es nuestra Cabeza) resucitar, también nosotros esperamos la resurrección.
Para ejemplo de nuestra resurrección espiritual a la gracia, a fin de que muertos al pecado, resucitemos con Cristo a una vida nueva.
Para completar el misterio de nuestra redención, llevándonos al bien, después de habernos liberado del mal con su pasión”
¿Cómo resucitó Cristo? “El Cuerpo de Cristo resucitó en estado glorioso, adornado de las dotes de impasibilidad, agilidad, claridad y sutileza que describe la Sagrada Escritura”. Pero además, para que no quedará la más mínima duda, el Cuerpo de Nuestro Señor conserva, después de su resurrección todas las heridas de la Pasión y la infringida después de su muerte, el lanzazo en el costado. Así: conservaba las huellas de los latigazos, los agujeros de los clavos en manos y pies y la abertura que en su pecho le hizo la lanza; abertura grande, ya que dentro de ella meterá los dedos Santo Tomás a fin de dar crédito a la Resurrección del Señor. “El Cuerpo resucitado de Cristo es verdadero cuerpo”
En este día tan grandioso felicitarte ¡ FELIZ PASCUA DE RESURRECCION! Y que Dios te colme de bendiciones y a tu familia y te alcance todo aquello que está en tus intenciones y deseos. Gracias por tu visita