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El blog de antonio tapia

EL CAMINO DE EMAUS

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BARRABASADAS DE LA NIÑEZ

Aún recuerdo aquella vieja casa de Ortiz de Zárate, a la Margarita que tenía una tiendai, vendía pan, patatas… recuerdo su voz como cómo si la estuviera escuchando ahora mismo. Alta, fuerte, detrás de unas lentes muy gordas. Pero veo hoy la misma calle y han hecho un  bodrio de calle, que ha perdido su encanto. La  Farmacia de ALBAINA, sigue, pero ya no está, solo sus rimas se escuchan.  Del número 13, solo queda el recuerdo de mi niñez y las temporada pasadas en la casa de mi abuela.

 

                                    

Recuerdo que un día me quedé solo con ella, como un rayo cogió el cacharro donde preparan el café del desayuno, y sacó dos vasos y me dijo cantando: “ahora que estamos solitos, ahora que nadie nos ve, arriba con la cafetera y arriba  con el café”. Creo que ha mas sido el café más rico que he tomado. Alguna vez he ido con mi hermano Pepolo, en uno otra vez con mi hermana Geles, hoy  directora de un Colegio, que de la nada lo ha convertido en un prestigioso Centro por lo fue condecorada por el Gobierno de Canarias.

En aquella casa de Ortiz de Zárate se siguió acrisolando la familia Tapia Aguirrebengoa. Allí pasamos temporadas de verano,  mi hermano y  yo; casi  siempre yo, pues mi hermano se iba a  el Ferrol del Caudillo, provincia de la Coruña. Fuimos unas navidades y para combatir el frio compraron una estufa de butano y la probamos. Mi hermano y yo, comenzamos con vómitos y fuerte dolores de cabeza, el motivo fue que pasamos muchas horas delante de la estufa de butano, lo cual nos producía una intoxicación. Menudas vacaciones de navidad le dimos a mi abuela y a  mis tías. Otro año  vino Geles, para conocer a la a abuela.

Por mi parte y yendo al tema, de este escrito, fui un barrabás en pequeño. La pobre gata se escondía al final, cuando me intuía próximo. Por ejemplo, tirarle al váter y tirar de la cadena, y al oir mi tía los maullidos, lo sacó y secó y salió tan rápido como pudo a guarecerse de mi; otra vez mi tia, venía del trabajo y vio la calle  empapelada miró hacia el mirador de la casa y me vió echando papeles de periódico; otra, cuando una de mis tías se iba unos dias a Deva, se me ocurrió coger al gato y ponerle una pinza en la cola. El dolor le hizo dar vueltas a la casa enloquecida de dolor, hasta que mi tía Memén le cogió y le quito la pinza, encima la gata le dio un arañazo en la mano. Otra que hice, fue a la profesora de la escuela de Artes y Oficios de verano. Nos dijo que le habían regalado un gato. Al día siguiente, me presente con un paquete, y le dije: “ESTO ES PARA SU GATA”, se me quedó mirando y cogió el paquete, que eran papeles de periódico y dentro dos ratones muertos que encontré de camino a la escuela. El grito fue tremendo.

Creo que Barrabás era un aprendiz de mis malas ideas. Menos mal que eso quedó atrás.

 

 

 

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