EL CAMINO DE EMAUS
16 Septiembre 2015
~~ Me gustan los tangos. Me pasaría el día escuchando tangos. No es porque sea una “masoca”, como dicen los jóvenes; tampoco que me guste flagelarme con el látigo de la tristeza, pero tienen algo, diría que ese algo te lleva a pensar o a ver que no todo en esta vida es jolgorio, fiestas o alegría.
El tango te lleva a ese otro mundo, del que buscamos evadirnos o borrarlo de nuestras mentes, como es la tristeza y la amargura que muchos viven. El tango es triste, duro y melancólico, pero a la vez atrayente, por esa musicalidad que tiene el habla argentino.
De todos los tangos, llevo clavado uno en especial: la Cieguita. Que recoge en principio el lamento de una niña cieguita, al cuidado de una viejita que diariamente la lleva al parque, donde escucha las risas y juegos de otras niñas. Siente el dolor de la soledad y el no poder divertirse como ellas. ¡Cuántas cieguitas hay en el mundo!. ¿Cuántas viven la soledad, que por ser diferentes nadie se acerca a ellas?. ¿Cuantos pasan por su lado y la única moneda que echan es la de una moneda sin valor alguno?. Las miran y siguen adelante. Hasta que un día, cerca de ella pasó un hombre que escucho su lamento: … Y la oyó´que amargamente En un son que era de pena Preguntabale a la vieja “Con quien yo voy a jugar. Pero no solo el lamento de la cieguita, sino que las lágrimas de la viejita le conmovieron hasta el punto que se acercó a cieguita y desde ese día ya tuvo con quien jugar.
Realmente me recuerda a cuando se quedaban los jóvenes del grupo impactados ante aquellos pequeños que olvidando sus enfermedades: jugaban, reina y disfrutaban. Cuando nos íbamos, parte del corazón había quedado en aquella habitación ç Siempre he pensado que este tango está basado en un hecho real, como muchos de los tangos. Termina con la muerte de la pequeña y el descubrimiento de que aquel hombre tuvo una hijita igual, que vio en la cieguita a su propia hija. Aunque a alguien le parezca un despropósito, la existencia de estos niños y niñas, es otro signo que Dios nos ama y nos está dando la oportunidad de ofrecer a estos pequeños lo mejor que tiene la persona: su corazón. Definirlos como ángeles con cuerpo humano es lo más aprpiado y que están aquí, para enseñarnos algo que al parecer se ha olvidado: quererlos y respetarlos. Que mejor sonrisa te puede dar Dios, que acordarte de estos niños, de los enfermos y de los perseguidos, de los secuestrados y de los caídos en las manos de esas alimañas que rompen su niñez.