EL CAMINO DE EMAUS
13 Mayo 2015
~~EL DESERTOR Y LA NIÑA
Corrió como la pólvora la noticia de la deserción de un legionario... recordó, que el suceso mas grave fue en la Isla de Fuerteventura, los demás, que no fueron tantos como la gente imagina, fueron resueltos por la PM en un breve lapso de tiempo
Más que un desertor él pensaba que se trataba de un prófugo, pero el concepto lo tenía equivocado. Ambos términos, los confunden gran parte de la gente, sobre todo aquellos que son ajenos a familia castrense.
Aquel día iba a tener una inesperada experiencia, incomparable a la instrucción, a la pista de aplicación o a dar varias vueltas al campo de futbol reglamentario del Tercio. Le agradaba, pero más le agradaba otro tupo de actividades, como las salidas al interior, para conocer el terreno que, a lo mejor un día tuviéramos que utilizarlo. El Legionario, por su espíritu, se adapta fácilmente a ese terreno, para unos inhóspito, para él, familiar.
"¡Quiero acción!" (pensaba para si
- Ven conmigo, ha habido una deserción y tenemos que echar una ojeada por el barrio musulmán. (Le dijo el cabo. Un brasileño, alto como una torre y respetado. Nunca perdía “los estribos”, era agradable, pero serio en su trabajo. Él casi da un salto de alegría, pero se cuadró militarmente, al estilo legionario).
- A sus órdenes mi cabo (dijo él. Rápidamente se preparó, se puso las trinchas, recogió su arma, puso un cargador en ella y otro cargador más. - El Teniente le llamó y le pidió su parecer. Y vio una buena idea. Es una buena experiencia.
-Tú estate atento, sigue mis indicaciones, cúbreme si es necesario. Luego he de informar cómo has trabajado. (le dijo el brasileño). Y continuó:
- Si lo encontraos, hablamos con él para que se entregue dócilmente; eso reducirá el castigo del Consejo de Guerra si no es tonto, sabrá como habrá de comportarse. Sabrá que habrá de entregarse. Va armado, así que deja que actúe yo (le dijo el cabo).
- Mi labor, mi cabo, es también protegerle y de ahí no me bajo (le dijo el).
Entraron en el barrio musulmán y recorrieron los puntos neurálgicos, donde podía esconderse. El resultado fue nulo. Quedaba la casa de la Lala. Una mujer musulmana alta y fuerte. Antes, dio novedades al Teniente por medio de un “gualquitalqui”. Se dirigieron al último punto. La Lala les recibió con su sonrisa característica. Permitió la entrada. Y ni rastro. Había preparado el rico te Saharaui, de los tres sabores. Tras u rato de charla, llamó a su hija Mariam y algo en hasaní. Llego la niña, de unos diez u once años. Echó sobre el suelo una esterilla verdosa, se tumbó en ella y comenzó a subirse el camisón sedoso que llevaba puesto.
- ¡Alto!. Esto nos lo prohíbe nuestra religión (dijo el brasileño. Ambos nos quedamos boquiabiertos. No esperábamos aquella escena. Nos fuimos casi en estado de shock. Durante un buen rato caminamos sin hablar)
- ¡qué terrible la vida para los pequeños y jóvenes! El desertor seria detenido días después; escondido en una cueva, cerca del mar. ¿Y la niña?. Es triste la vida de esas niñas y esas adolescentes que las venden por camellos y cabras a vejestorios encaprichados con ellas, aunque para ellos sea su forma de sociedad, donde la mujer tiene menos, (si tiene alguno) que el hombre. nunca se llegará a enteder