EL CAMINO DE EMAUS
10 Febrero 2015
~~MIRARSE AL ESPEJO
Muchos de nuestros males se pasarían, si al levantarnos cada mañana, nos miráramos al espejo, pero mirarnos sinceramente, ver nuestra cara, sin ver si estamos poco afeitados, sin ver si nos falta la crema en el cutis, o todo despelujados… no me refiero a mirarnos solamente al espejo del baño, sino al del alma. Dicen que la cara es el espejo del alma. A esa cara me refiero. Mirarnos de verdad, con sinceridad, sin autoengaños, me quito las legañas para poder ver bien.
Pero quien más quien menos, todos sabemos cómo estamos, tenemos como los ordenadores, un disco duro que guarda todo lo que hemos hecho y esta es la conciencia que por mucho que queramos, siempre nos recordará, clamará, nos llamará.
Todos, hasta el más despiadado de los seres humanos, disponemos de una conciencia que jamás podremos acallarla. La oiremos, como Caín escuchaba la voz de Dios, por mucho que se tapaba, ingenuamente, los oídos o se escondía.
Del que defrauda, el que estafa, el que se corrompe, el avaricioso, el que mata, el que comete violencia de género: ya en mujeres, hombres, niños, compañeros de colegio; el asesino; el ladrón, el adultero… todos tienen conciencia, saben diferenciar el bien del mal y aunque traten de pasar de puntillas delante del espejo de su vida, saben el mal que están haciendo, porque a la conciencia ni se la puede silenciar, ni se la puede matar.
El poder mirarnos al espejo, es una oportunidad que cada día tenemos para corregir nuestros males. La voz de Dios es al alma, lo que la voz del médico es para el cuerpo. ¿Para qué voy al médico, si luego no voy a seguir su tratamiento tal y como él me lo ha indicado, que no es por puro capricho?. ¿Para qué voy a ir al psicólogo si no le voy a contar mi problema desde la misma raíz?. Es del género tonto. salvo males incurables, tienen todos solución: médica o espiritual pero antes ha de pasar por nuestras manos, en reconocer yo que no estoy bien, que necesito ayuda. Si no me miro AL ESPEJO y veo la verdad, nade podrá hacer nada por mí. Soy yo el que tiene que dar el paso, que mejor ejemplo que el de la parábola del hijo prodigo. tal vez o habría guerras, ni niños que se murieran e hambre, ni países a los que les faltara las medicinas, ni padres que… y no sería un mundo utópico, porque Dios nos creó para el bien.