EL CAMINO DE EMAUS
27 Febrero 2015
~~LOS RATOS CON DIOS
“Era domingo. El calor apretaba duramente. Las gentes dentro de sus casas, buscaban el lugar más fresco. Un niño, con las manos en los bolsillos, atravesaba la plaza de la Iglesia, dando pataditas a una piedra, con sus botas de cuero. Desabrochadas. Observó que la Iglesia tenía las puertas un poco abiertas.
Pensó para sí: “ya se olvidó otra vez. Esta viejote”. Miró a través de la rendija, de la puerta de entrada al Templo. Vio al párroco, sentado en el banco, con los brazos cruzados y la cabeza dirigida a una gran Cruz, con un Cristo que parecía mirarle.
El niño, se dio media vuelta y continuó su camino. Varias horas después, el niño retornó por el mismo camino y volvió a fijarse en la puerta de entrada de la Iglesia. Su curiosidad le llevó a acrcarse al Templo. Seguía igual que antes. Extrañado se acercó a ver. Allí, en el mismo banco y en la misma posición, estaba el párroco. Así que entró, por si le pasaba algo.
• Hola padre, ¿le pasa algo? Lleva horas aquí sentado y solo, sin moverse. Con el calor que hace. (le dijo el niño).
• No estoy solo (le dijo el párroco).
• Si no veo a nadie y antes cuando pasé, estaba usted solo también, creí que le pasaba algo. (dijo el niño).
• No, no estoy solo; estoy con Alguien muy importante. Ves aquella luz roja, a un lado del Sagrario. Eso significa que está Jesús. (dice el párroco sonriendo, pasando su mano por encima de la cabeza del niño).
• Pero, como va a estar ahí. Si no puede caber en esa casita tan pequeña (dice con asombro el pequeño).
• Pues ahí está. Y yo estoy aquí, porque muy pocos vienen a verlo. Está muy solo. (le dice el párroco).
• Pero es la hora de la siesta. Ahora duermen todos los del pueblo, o descansan. Es la hora (le dice el niño).
• Jesús no duerme nunca. Siempre está despierto. Porque a cualquier hora alguien puede necesitarlo. Y el acude, al lado del que sufre. Lo hace siempre, de día o de noche. (le dice el párroco).
• Bueno padre, vuelvo a casa. Tendré que hacer tareas y recados, como todos los días . (se despide el niño.)
Antes de salir, se dio media vuelta y dirigiendo sus ojos al sagrario dice: • “Jesús, no sé si has salido a atender a alguien. Si estás ahí dentro, te prometo venir a verte todos los días para que no estés solo. Si sales, me avisas cuando vuelvas y vendré a estar contigo, para contarte cosas y no te aburras. No estarás solo. Un beso”
(dijo el niño, echándole un beso volado.( El párroco sonreía).
No había salido aun del Templo, cuando el niño sintió en su mejilla un suave beso y oyó • “Este beso es mío para ti, por tu amistad”. (El niño se volvió, pero no vio a nadie a su alrededor) .