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El blog de antonio tapia

EL CAMINO DE EMAUS

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CONFESIONES DE UN HIJO PRODIGO (4)

~~… Y ME PERDI

El Señor, en el Sermón de la Montaña, se dirige al gentío, que nos representaban “Si la sal se vuelve sosa, de que servirá”… “sois la luz del mundo… así ha de lucir vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y de gloria a vuestro Padre que está en los Cielos”. Estas palabras, deberían ser la vocación del mundo, de forma que de unos a otros llegara la Buena Noticia. Pero muchos, de una u otra forma, hemos roto esa vocación de apostolado a la que nos llamó el Señor desde la eternidad y nos hemos convertido en aquel hijo pródigo, que abandonó la hacienda, malgastando la herencia que le tocaba. Pero, Dios Padre, en su infinita paciencia, esperó la vuelta de su hijo, pues a pesar de la gravedad de los pecados, Dios puede convertir en blanco los pecados, por rojos que sean. Es decir que hasta el final, está dispuesto a perdonar, si el hijo pide perdón de corazón. Yo nací en un hogar cristiano; donde nuestros padres nos iniciaron en el conocimiento de Dios, rezábamos con ellos. Nos dieron la mejor educación que se puede recibir. Nos corregían con cariño, pero con seriedad, para que comprendiéramos que si una obra estaba mal hecha, supiéramos que no era ni del agrado de Dios, ni por supuesto de ellos. Es el deber de todo padre: enseña y corregir, ser padres no es solo traer hijos al mundo. Detrás de ello, hay sacrificio, entrega, enseñanza…. Digo: Yo, porque lo que trato de divulgar, es mi Yo, lo que fui y lo que soy. Mis hermanos de igual manera fueron cuidados y queridos en la misma medida por mis padres. Tras mi confesión general, en el año 1981, fue también el comienzo de mi etapa laboral. Dios bendijo a mis padres con otra mano que colaborara económicamente en la familia. Pues pese a las creencias de las gentes, el sueldo de un militar no era alto y éramos 8 vástagos a los que dar estudios y carrera. Entre como vigilante en UNELCO ENDESA. Trabaje y estudie a la vez, sacando la carrera; me echaron, mis padres una mano en los estudios, como al resto de mis hermanos, y por otra parte la Empresa, pagó los cursos que quedaban de Graduado Social Universitario. Prometí a mi padre y a D Carlos Díaz trabajar al cien por cien, cumplir con mi obligación laboral, con el mismo ímpetu que el primer día; y sin vanagloriarme, creo que cumplí hasta el final de mi etapa laboral. También hay que decir que la Empresa se comportó siempre conmigo, como un padre con su hijo. Con eso lo digo todo. La presencia de mis padres, en quien me apoyé y a quienes observé, me mantuvieron dentro de las normas de un cristiano: cumplimiento de la oración y sacramentos. Pero también había época débil. Pues la vida del cristiano, muchas veces se asemeja al vuelo de los pájaros, unas veces están por tierra, otras vuelan alto. Eso nos pasa a nosotros. Unas veces, nuestra vida espiritual nos hace volar por encima de las nubes, pensamos en grandes campos de apostolado. Otras veces, lo echamos todo por tierra. La vida es una lucha, contra nuestro común enemigo, contra nuestros deseos insanos. Si tratamos de enfrentarnos a él cara a cara, saldremos destrozados. Si nos apoyamos en Dios, la Virgen y en el ángel de La Guarda y en las oraciones de los santos del Cielo y de las ÁNIMAS del Purgatorio, quedará escaldado, eso no quiere decir que se rinda. Nunca lo hace, volverá con más rabia que nunca. Miremos la Pasión de Cristo. Si los golpes que le Dieron al Señor, hubieran sido solamente humanos, no habrían sido tan tremendos. No cabe duda que tras esa cruel Pasión estaba la mano del enemigo común, satanás daba fuerzas a los brazos de los soldados, para que los golpes fueran mas terribles. Con nosotros tampoco cede. Por eso, debemos pensar las consecuencias de nuestras acciones antes de realizarlas. Una mala acción ofende al Señor, nos daña a nosotros y daña a la Iglesia. Un pecado no es una simpleza, sino una verdadera bomba atómica espiritual. Fallecido mi padre, fui dejándome caer. En principio viví de las reservas espirituales; acabadas estas, entré en la noche oscura: sin sol, sin luz, sin estrellas, sin libertad. Pensamos que somos libres, pero vivimos atados: botellón, sexo, drogas, vicio, rencor, odio… todo se junta como un amasijo ponzoñoso. Rompí el cuarto mandamiento, marchándome de casa, dejando a mi madre. Me fui hecho una fiera, como nunca me había visto. Se ha hablado mucho de lo que sucedió desde que me fui hasta que me vine a Vitoria. Cosas ciertas y cosas inciertas, no por parte de la familia. Lo cierto es que metí en el submundo, del que luego pude escribir artículos de lo que pude ver: caos, aberraciones, drogas,… pude ver el peligro en que están muchas almas incluso la mía. A pesar de ello, Dios me permitió seguir viviendo. Digo esto porque escapé de la guadaña, como hojas atrás comenté. No es que Dios tolerase mi comportamiento, me regalaba oportunidades para mi conversión y mi vuelta a la Casa, de la que este hijo prodigo se marchó. La oración y los sacramentos habían desaparecido, en aquel entonces. Si esto falta, la caída será vertiginosa, como consecuencia de lo que vi, escribí el siguiente artículo en mi blog

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