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El blog de antonio tapia

EL CAMINO DE EMAUS

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ORACION Y AGONIA DEL SEÑOR

Llegan a una finca llamada Getsemaní. Y dice a sus discípulos: Sentaos aquí, mientras hago oración. Y llevándose a  con él a Pedro, a  Santiago y a Juan, comenzó a sentir pavor y a angustiarse. Y les dice: Mi alma está triste hasta la muerte; quedaos aquí y velad. Y adelantándose un poco, se postró en tierra y rogaba que, a ser posible, se alejase de  él aquella hora. Decía : ¡Abba, Padre!, todo te es posible, aparta de mí este cáliz; pero que no se a lo que yo quiero, sino lo que quieres tú” ( Mc 14, 32-36 )

           

           

            Terminada la Cena y los salmos de acción de gracias, sale el Señor, hacia el Huerto de Getsemaní acompañado de sus discípulos, para orar. A lo largo del Evangelio el Señor nos enseña a orar: oraciones de gracia, de petición, de súplica; oraciones en los momentos de alegría, pero también oraciones para los momentos de cruda tristeza, como esos momentos en los que se prepara para afrontar su Pasión y Muerte y en los que siente la necesidad de estar al lado del Padre,  a quien se dirige con toda ternura y familiaridad, a la vez que nos enseña como hemos de dirigirnos nosotros, y sobre todo en los momentos en que la tristeza y la amargura se ciernen como el manto negro de la noche sobre nuestra alma, ¡Abba, Padre!,, con cariño, papaíto;  y nos enseña como pedir, no con arreglo a nuestra voluntad y deseos, sino con arreglo a su voluntad infinita: que no sea  lo que yo quiero, sino lo que quieres tú.

 

           Llevó consigo solamente a los tres discípulos que habían contemplado su gloria en el monte Tabor, para que quienes vieron su poder vean también su tristeza y descubran en esa misma tristeza que era verdadero hombre. Y, porque había tomado toda la humanidad, tomó las propiedades del hombre: el temor, la angustia, la natural tristeza; pues es lógico que los hombres vayan a la muerte contra su voluntad”.

 

            Oración de perseverancia. Nos enseña a no desfallecer en la oración, aunque las contrariedades parezcan desnivelar la balanza en nuestra contra. El Señor siente tristeza y amargura también por los pecados de toda la humanidad, los pecados que surgirán aún después de su muerte, los pecados del corazón ingrato del hombre. Jesús se siente solo, incapaces de velar, duermen  todos, hasta aquel que será el Jefe de la Iglesia: ¿duermes? ¿No has sido capaz de velar una hora? (Mc 14, 37). Y en Pedro y en los demás discípulos se dirige a nosotros, a la humanidad entera. Unas veces fallamos a la oración, otras nos vence el cansancio. “Velad y orad para no caer en la tentación; el espíritu está pronto, pero la carne es débil” (Mc 14, 38). Vuelve el Señor a darnos la clave para vencer las insidias del maligno; anteriormente se lo había indicado a los discípulos, que solo el poder de la oración era capaz de vencer a ciertos demonios. La oración que mantendrá nuestra alma fresca será no sólo capaz de hacernos fuertes contra las tentaciones, sino que dispondrá nuestra alma para acercarse a Jesús sacramentado

 

 

Las grandes crisis de fe,  la habitualidad en uno u otro pecado; las guerras; los crímenes; los delitos y por que no, la misma situación que hoy padecemos en nuestra nación ¿ no se debe a que el hombre por si o colectivamente ha abandonado a Dios ?. Pero sigamos: crisis familiares en formas de rupturas definitivas, ( separaciones o divorcios ), vacío interior que pretendemos llenar con una vida de placer, drogas, alcohol..., en fin: "Sin mi no podéis hacer nada"( Jn 15,5 ) nos lo dice Jesús, que no es una invención del catequista, del cura , del Papa; es el mismo Jesucristo que durante su vida pública nos ha dejado ejemplos de oración, de como hemos de orar y de que hay que hacer oración. ¿ Puede el recién nacido dar sus primeros pasos sin la ayuda de sus padres ?¿ Podremos  llegar a ser santos sin una vida de oración?¿ Podremos , si quiera, hacer apostolado sin contar con el Señor en la oración, en la comunión, sin un arrepentimiento de nuestros pecados ? No, de la misma forma que no puede sembrarse sin semilla. Para que  la tierra de fruto, necesita que el sembrador eche la semilla, que dará fruto. Para que nosotros produzcamos, precisamos esa semilla que es Jesús.

                       

            Santo Tomás Moro nos describe esta escena:

 

           Una mole abrumadora empezó a ocupar el cuerpo bendito y joven del Salvador. Sentía que la prueba era ahora ya algo inevitable y que estaba a punto de volcarse sobre él: el infiel y alevoso traidor, los enemigos enconados, las cuerdas y las cadenas, las calumnias, las blasfemias, las falsas acusaciones, las espinas y los golpes, los clavos y la cruz, las torturas horribles prolongadas durante horas. Sobre todo le abrumaba y dolía el espanto de los discípulos, la perdición de los judíos, e incluso el fin desgraciado del hombre que pérfidamente le traicionaba. Añadía además  el inefable dolor de su madre queridísima.”

 

 

            El Señor sufre también al ver como a pesar de su sacrificio la humanidad iba a seguir ofendiendo a Dios.

 

            Referente a la angustia que nos describen los Evangelios, Santo Tomás Moro acierta a decir: Cristo quería que los hombres fuesen fuertes y prudentes, no tontos e insensatos. El hombre fuerte aguanta y resiste los golpes, el insensato ni los siente siquiera. Solo un loco no teme las heridas, mientras que el prudente no permite que el miedo al sufrimiento le separa jamás de una conducta noble y santa.... El miedo a la muerte o a los tormentos nada tiene de culpa, sino más bien de pena. Es una aflicción de las que Cristo vino a  padecer y no ha de escapar. Ni se ha de llamar cobardía al miedo y horror ante los suplicios. Por lo demás, no importa cuan perturbado y estremecido por el miedo esté el ánimo de un soldado; si, a pesar de todo avanza cuando lo manda el capitán, y marcha y lucha y vence al enemigo

 

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