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El blog de antonio tapia

EL CAMINO DE EMAUS

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MARIA Y JOSE BUSCAN AL NIÑO

“ tres días con sus tres noches busca Maria al Hijo que se ha perdido”, escribe el evangelista. Tambien Jose lo hace. Angustiados recorren la caravana. Nadie lo había visto, por lo que deciden volver a Jerusalen. Nada, en la ciudad nadie ha visto a un Niño perdido. Ahora se dirigen al Templo, por si lo hubieran visto o se hubiera quedado esperando a que sus padres volvieran. Allí, junto a los doctores se encontraba hablando con ellos. Los doctores están asombrados al oírle hablar. Le dicen que le habían buscado y estaban angustiados. ¿No sabíais que debo estar en las cosas de mi Padre?. La alegría de haberlo encontrado llenaba el corazón de Maria y de Jose.

Maria y Jose nos representan y nos enseñan que debemos hacer cuando perdamos al Señor por el pecado. Unas veces reaccionamos rápido y acudimos al sacramento de la Penitencia. Otras veces, permanecemos en la noche oscura del pecado, viviendo alejados del Señor. Y pasa el tiempo.

Debemos tener voluntad de buscarle. Pero el pecado, si no reaccionamos pronto, va paralizando nuestros sentidos hasta el punto de irnos alejando mas y Mas de Él, incluso nos ira haciendo caer en otros, hasta convertirnos, espiritualmente, en aquel paralitico de cafarnaun. La carga de los pecados se hara mas pesada y el camino para llegar a Dios se hara mas difícil.

Maria y Jose cuando se dan cuenta, buscan rápido al Niño. Jesus nos espera a que le busquemos, espera pacientemente a que nos demos cuenta que no podemos vivir bajo el peso del pecado, que es lo mismo que rechazarlo, de expulsarlo de nuestra vida.

El Padre de la Parabola del Hijo Prodigo asi que ve al hijo al hijo en la lejanía, no espera, sale deprisa al camino y le abraza con todo el cariño, le perdona, se olvida de lo que ha hecho el hijo y organiza una fiesta por la vuelta de su hijo. Cuando nosotros volvemos hacia el Señor, El sale a  nuestro encuentro, porque cuando nos acercamos al sacramento, es porque estamos arrepentidos. El lo lee en nuestro corazón y sale a buscarnos y nos perdona y olvida todo aquello que hemos hecho.

 

Maria y Jose nos enseñan que hemos de buscarle cuando, nosotros, por el pecado le perdemos. No dejemos que el pecado, sobre todo el mortal oscurezcan nuestro camino. Quitemoslo de nuestra vida, por vergonzoso o vergonzosos que sean. Nada hay que el Señor no pueda perdonar. Debemos vencer el miedo y la vergüenza. Ambas son tentaciones del enemigo común que quiere arrancar nuestra alma a Dios.

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