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El blog de antonio tapia

EL CAMINO DE EMAUS

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LOS PANES Y LOS PECES

los panes y los peces
3
Pero los vieron marchar; y muchos los reconocieron; fueron allá a pie desde todas las ciudades, y llegaron antes que ellos. 34 Al desembarcar, vio Jesús una gran multitud, y se llenó de compasión, porque estaban como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas. 35 Y cuando ya se  hizo muy tarde, se acercaron sus discípulos y le dijeron: El lugar es desierto y la hora es ya avanzada; 36 despídelos para que vayan a las aldeas y pueblos de alrededor, y compren algo de comer. 37 Y les respondió: Dadles vosotros de comer. Y le dicen: ¿ es que vamos a comprar  doscientos denarios de pan para darles de comer?  38 El les dijo: ¿Cuántos panes tenéis? Id a verlo. Y habiéndolo visto, dicen: cinco, y dos peces. 39 Entonces les mando que acomodaran a todos por grupos sobre la hierba verde. 40 Y se sentaron por grupos de ciento cincuenta.  41 Y tomando los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y los daba a sus discípulos para que los distribuyesen; también repartió los dos peces para todos. 42 Y comieron todos hasta que quedaron satisfechos. 43 Y recogieron doce cestos llenos de los trozos de pan y de los peces. 44 Los que comieron los panes eran cinco mil hombres.

 

           Porque eran muchos los que iban y venían” (MC 6, 31). Respecto a este comentario de San Marcos, se nos da una explicación posible: “Posiblemente después del paso de los Apóstoles eran muchas las gentes que querían conocer al que los había enviado, y llegaban donde Jesús.  Tal vez el rato de descanso es el corto viaje en barca, porque al llegar ya les estaban esperando. Pero Jesús no los echa, ve como están ellos y sus almas. Aquellas gentes se sienten necesitadas de esas palabras nuevas, impregnadas de un amor que no habían conocido antes y acuden a Jesús. Necesitaban un guía que les enseñara el camino. Van corriendo, nos dice el evangelista, de tal forma que llegan antes que Jesús y los Apóstoles. Jesús se compadece y atiende. Iban de todos los pueblos. Las noticias corrían como rayos: ¡sana! , ¡cura!, ¡resucita muertas!,  ¡habla un lenguaje de amor jamás escuchado!... Que diferente lo que ven y oyen, a lo que han vivido. Todos corren como sedientos y necesitados. Entre aquellos vamos nosotros también a ver al Señor.

           Sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas sin pastor” (MC 6,34). Cristo ve la necesidad espiritual de aquellas gentes. En las sinagogas habían escuchado las palabras de los profetas, oído las oraciones de los escribas. Pero no les llenaba, sentían que algo les faltaba. Tampoco se sentían centrados en las comunidades religiosas en las que estaban asentados. Eran demasiadas esclavitudes, demasiadas las ataduras, leyes muy rígidas... ¡falta algo!. Jesús se lo va a dar. Los acoge siempre con cariño, les retorna la alegría frente a la tristeza, la luz frente a la oscuridad, la libertad frente a las  rigideces. “¡No está hecho el hombre para el sábado, sino todo lo contrario!”. Por encima de todo está el hombre. Jesús trae además la humanización de todas las cosas.

            Hoy pasa un tanto de lo mismo. No sabemos captar a la juventud alejada; y se aleja la que esta cercana, próxima, a nuestro lado. Muchos son los obstáculos y las rigideces. Muchas veces las pegas, a nuestros ojos, son superables. No entendemos a la Jerarquía en algunas de sus decisiones; la Jerarquía no entiende algunas veces nuestras posturas, que son un ardoroso deseo de colaborar con la vida de la Iglesia. El mañana, que es la juventud, debe ser alimentada con el rico tesoro del Evangelio, a nadie le cabe esa duda. Pero debe ser atraída con ese mismo cariño que Jesús nos da cada día a través de su palabra en los Evangelios, ese mismo cariño con el que él atendía. A todos atendía y a todos escuchaba: con cariño, con un AMOR con mayúsculas. Tal vez falte eso: EL AMOR.

           Y se puso a enseñarles muchas cosas” (MC. 6,34). Jesús maravillaba con sus palabras. Debían estar absortos con las enseñanzas de Jesús, con aquella forma nueva de enseñar, desde la raíz, desde el mismo amor, que no depararon en la hora. Se hizo tarde. Sin embargo nadie se movía. Todos escuchaban. La necesidad interior les hace olvidar aquella otra necesidad: la de comer.

            Son los Apóstoles los que advierten al Señor: “El lugar es desierto y la hora es ya avanzada” (MC 6,35). Tal vez la postura de los Apóstoles sea debida a la preocupación por la situación física del Señor, que apenas había tenido tiempo para descansar. Y tratan de convencerle para que los despida y se marchen a comer. Esta preocupación de los Apóstoles hacia el Señor, la encontraremos en algunos otros pasajes.

 

            Jesús no despide a aquellos que le habían estado escuchando, pese a la propuesta de los discípulos. Al contrario les dice: “Denles ustedes de comer” (MC. 6, 37). La inesperada contrapropuesta de Jesús a los Apóstoles debió cogerles por sorpresa, que le responden con duda y con queja: ”¿Y quieres que vayamos nosotros a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer?” (MC. 6, 37). ¿El motivo de aquella queja era porque no llevaban tanto dinero?. Tal vez a nosotros nos hubiera pasado lo mismo, que confiamos muchas veces en los solos medios humanos. ¿Los Apóstoles habían olvidado ya las indicaciones que les hiciera Jesús cuando les envió a cumplir su primera misión?. Allí les pide confianza en la Providencia del Padre, una enseñanza que ha de ser para toda la vida, que es aplicable a nosotros, elevar más los ojos al cielo y dejarnos guiar más por el Padre. Ahora, ante la propuesta del Señor se quejan. En este diálogo, como podemos leer en San Juan, intervienen Jesús y Felipe. Jesús “lo decía para probarle, pues él sabía lo que iba a hacer” (Jn. 6,6). La respuesta de Felipe es de duda y de queja: “¿Dónde compraremos pan para que coman tantos? (Jn. 6,5).

Les parecía imposible, sin solución. En algunas ocasiones las misiones de apostolado nos pueden parecer situaciones sin salida posible, sin soluciones, misiones imposibles, difíciles. Desde nuestro modo humano de ver las cosas es lógico, nos pasa como a los apóstoles. Pero una cosa es cierta,  ninguna misión de apostolado, en la que Dios nos coloque, es imposible. Revisemos la vida de los santos fundadores, donde encontraremos la respuesta. Y aquí está la única forma de nuestro actuar: la oración frente a las planificaciones y programaciones humanas. Ponerse en las manos de Dios y poner en las manos de Dios la obra de apostolado por pequeña y sin importancia, a nuestros ojos, que sea.

Se puede imaginar el aprieto en el que se encontraban los Apóstoles. Pero Jesús les sacará de él: “¿Cuántos panes tenéis?. Id a verlo” (MC. 6, 38). Tendremos que ir al Evangelio de San Juan para completar un poco más este diálogo: Andrés el hermano de Simón Pedro, le dijo: Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces, pero ¿qué es esto para tantos? (Jn 6, 9). Si echamos una mirada hacia atrás, al A.T., podremos ver en cuantas ocasiones sacó el Señor a los Israelitas de sus apuros cuando viajaban por el desierto hacia la Tierra Prometida. Ahora es Jesús quien les pone la solución a su falta de fe, a sus dudas y a sus olvidos.

El texto evangélico hace mención a doscientos denarios de pan, lo que supone una cantidad elevadísima y que seguramente no podrían llevar, ya que el sueldo o el jornal que recibía un jornalero alcanzaba el denario poco más o menos.

Tomó Jesús los cinco panes y los dos peces, levantó los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y los iba dando a los discípulos para que se los sirvieran a la gente. Así mismo repartió los peces entre todos. Comieron hasta saciarse” (MC 6, 41-42). Nos enseñan que “ los mismos gestos del Señor al elevar los ojos al cielo, recuerdan a la Liturgia de la Iglesia en el Canon Romano de la Santa Misa”.

Los teólogos sitúan esta escena en la primavera y en vísperas de la Pascua. “Primavera una estación que es larga en Palestina. Y a finales de enero florecen los almendros. En febrero y en marzo sigue la familia de las anémonas de todos los colores. A orillas del lago se abren sus flores; en abril, las adelfas y los nenúfares rojizos afloran sobre las aguas azuladas... Los trigales se pueblan al mismo tiempo que las amapolas...

            Jesús quiere, también, enseñarnos a contar con él en todo momento, y también en cuanto comienzan a surgir las dificultades  en las tareas de apostolado. Pretendemos llevar de un modo humano tareas que son de Dios. Tenemos que pensar que somos instrumentos del Señor, por lo que debemos contar con él y dejarnos guiar. Por otra parte, tener la certeza que él “aportará lo que falta”, como lo hizo en el milagro de la multiplicación de los panes y de los peces. La Iglesia nos enseña también con este milagro de la multiplicación de los panes y de los peces que es una refiguración de la Pascua Cristiana y del ministerio de la Sagrada Eucaristía.

           Y recogieron doce cestas llenas de trozos de pan y de peces” (MC. 6,43). Podríamos decir que mientras media humanidad se muere de hambre, otra media tira y desperdicia los alimentos. Cuantas veces desperdiciamos los alimentos, malcomemos las comidas con una tranquilidad de conciencia abrumadora. Cuantas otras veces contemplamos atónitos, como en las huelgas de los agricultores se vierten cantidades de productos alimenticios a las carreteras, en señal de protesta. Desde el espíritu del Evangelio, ambos ejemplos son contrarios. El evangelista quiere indicarnos dos enseñanzas, tal vez una mucho más importante que la otra. La primera el hecho de no desperdiciar los alimentos y evitar los derroches, a los que estamos muy acostumbrados. Por otro lado, la limpieza. Dejan el lugar tal como lo habían encontrado. El trabajo de los cristianos debe ser  ante todo  ordenado y orientado hacia Dios. El trabajo, el estudio, las labores de la casa... todo bien hecho, bien acabado, como oración a Dios. La santificación de los deberes del cristiano, es una forma mas de orar, por tanto de acercarnos a Él. Las enseñanzas del Señor no fueron exclusivamente espirituales ni morales, sino que también nos va dando las directrices de una educación en las coas y en las formas de comportamiento. Él es el espejo donde mirarnos, para aplicarlo después a todos los órdenes y aspectos de nuestra vida diaria.

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