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El blog de antonio tapia

EL CAMINO DE EMAUS

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LA VIRGEN MARIA, SIEMPRE PRESTA A SOCORRERNOS

 

 LA INMACULADA CONCEPCION

 

 

 

Y "María se levantó, y marchó deprisa a la montaña", nos describe el Apóstol San Lucas, y que nosotros también describimos, con el corazón, cada vez que desgranamos  este Misterio de Amor Gozoso del Santo Rosario como alabanza perpetua a la Virgen Madre. Y María, Sagrario viviente, marcha a prisa a la montaña, sin pensar en ella, ni en la región agreste y peligrosa que había de recorrer hasta llegar a la casa de Isabel. María que ya en su alma y en su corazón comenzaba a ser Madre de la humanidad, piensa en Isabel, próxima al parto, pero también piensa en ti y piensa mí, piensa en la juventud generosa que poniéndose en camino,  consagra su corazón y su alma  al servicio de su amado Hijo Jesús, sin pensar en las dificultades que pueda encontrar en su labor de apostolado.

 

"María se levantó y marchó deprisa a la montaña. ¿Y tú?" Reza este cartel que orienta la Vigilia de la Inmaculada. Y tú, también, porque al igual que la Madre ya te has puesto en camino: en el camino de la preparación para servirle mañana; en el camino del apostolado, trabajando en las almas; en el camino el camino del ejemplo en el seno de la familia, del círculo en que desarrollas tu vida, en el camino de la santificación.

 

Hay unas estrofas de una bella canción dedicada a María, que muy bien podríamos hacerlas nuestras, como oración en esta noche

 

Madrecita de san Juan de los Lagos

No te apartes de mí

Tú que has hecho infinidad de milagros

No te olvides de mí,

Que en mis noches cuando te rezo

Te  pido te acuerdes de mi soledad

Y que pronto me lleves el alivio

De postrarme de nuevo ante tu altar.

Solo quiero que me lleves contigo

Para estar  junto a ti.

Madrecita de San Juan de los lagos

Concédeme el milagro

De morir junto a ti.

 

Mucho se ha escrito y hablado de la Virgen María a lo largo de la Historia. Se cumple pues la profecía:” ¡Me llamaran bienaventurada todas las generaciones”, que leemos en el cantico que hace en la Visitación a su prima Isabel. Desde que María, al pie de la Cruz, nos acepta como hijos suyos, no ha habido labios de la cristiandad que no hayan hablado de Ella. Cuando pronunciamos su nombre desde lo íntimo de nuestro corazón, parece como si supiera, su pronunciamiento, a la más exquisita miel. Es dulce pronunciar su nombre.

 

También, cuando nuestra vida se tuerce, nos acercamos a Ella, como el hijo pequeño se acerca a su propia madre cuando se nota en peligro. Porque sabemos que de su mano nos acercaremos al  Señor a pedirle perdón por los pecados cometidos. Y es que una de las estrellas que coronan su cabeza, es la de ser abogada nuestra. No es que nos defienda del pecado cometido, sino que nos acerca a su Hijo, intercediendo para que nos alcance su perdón.

 

De hecho, cuando entonamos esa maravillosa oración de San Bernardo, el Acordaos, le decimos:” Acuérdate, o piadosísima Virgen María, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que ha acudido a tu protección, implorando vuestra asistencia y reclamando vuestro socorro, haya sido abandonado de vos”. Creo que nadie, nadie que haya implorado la asistencia de la Virgen María, puede decir:!me abandono, no me escucho!”. Había un santo, no recuerdo ahora su nombre, que decía que los ojos de la Virgen están en continuo movimiento. Es una metáfora, para explicarnos que la Virgen María está escuchando a todos, siempre y Ella, traslada con seguridad nuestras suplicas a su Hijo.

 

La Virgen corre a prisa a la montaña; se olvida de sí misma, para atender a su prima que esta próxima al parto. Para felicitarla, para ayudarla, para asistirla, para servirla. ¿Y no hace lo mismo con nosotros?. Olvida que nosotros clavamos a su Hijo en la Cruz y nos atiende. Corre a prisa a atendernos, a pesar que el volumen de nuestros pecados, de nuestros olvidos, de nuestras traiciones.

 

Salve madre en la tierra de mis amores
te saludan los campos
que alza el amor,
Reina de nuestras almas
flor de las flores
muestra aquí
de tu gloria los resplandores
que en el cielo tan solo te aman mejor.
Virgen Santa, virgen pura
vida esperanza y dulzura
del alma que en ti confía
madre de Dios, madre mía
mientras mi vida alentare
todo mi amor para ti
más si mi amor te olvidare
madre mía
más si mi amor te olvidare
tú no te de mí

 

Recuerdo este bello himno que entonábamos en la Felicitación Sabatina en el Colegio San José de Valladolid. Donde nos reuníamos todo el Colegio en torno a la Virgen Inmaculada. ¡Que bellos recuerdos de aquellos sábados! MAS SI MI AMOR TE OLVIDARE, TU NO TE OLVIDES DE MI. Y Ella, que no podría VIVIR SIN AMARNOS, no se olvida de nosotros, sus hijos a pesar, repito de nuestros olvidos y traiciones. Ella nos aceptó al pie de la Cruz y desde ese mismo instante se convirtió en nuestra Madre. Fiat!, dijo María. Y ese Fiat! Lo mantiene y mantendrá hasta que nos vea salvos en la Gloria de Dios.

 

Jesús sabia, desde la Cruz, que JAMAS nos iba abandonar, por eso nos la dejo. “Mujer, ahí tienes a tu hijo”. Nos dejó a su más preciado tesoro, a su propia Madre. Y María aceptó. Seguro que en aquel momento, olvidándose de los tremendos dolores que padecía, su Corazón amante por la humanidad, se llenó de inmensa alegría. Sabía que su Madre iba a responder con cariño la inmensa carga de atender a la humanidad de todos los tiempos.

 

Jesús se queda con nosotros en el Sagrario, pero además deja a su Madre junto a nosotros. No temamos acudir a Ella. Eso sí, prestos a cambiar; prestos a rehacer nuestra vida llevados de su mano, como el niño pequeño se deja llevar de su Madre.

               

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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