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El blog de antonio tapia

EL CAMINO DE EMAUS

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LA CORONACION

            Muchos se escandalizaron cuando se reprodujo en las pantallas de los cines, a n nivel mundial, la Película de la Pasión de Mel Gibson; otros la acusaron de antisemita; otros de película de excesiva violencia. Creo que si leemos bien los textos evangélicos, podemos imaginar hasta qué extremo llegaron los verdugos del Señor. Si al final, la Sabana santa de Turín representa la verdadera imagen de Jesús, podemos dejar de imaginar, para pasar a lo que fue realmente la Pasión: una acción cruenta en el más alto grado, repleta de maldad contra un Hombre que paso haciendo el bien.

 

            No merece la pena leer el Evangelio solo de forma novelada, como sise tratara de un mero libro de aventuras. Leer los Evangelios es aventurarse a descubrir aquello que el Señor nos habla pagina a página: que El ha venido para que tu y yo nos salvemos; leer los Evangelios es escuchar en cada página la suave voz de Un Hombre, que es Dios también, que te llama a ti y a mí por nuestro nombre, que ha pensado desde la eternidad en ti y en mi y que para que tu y yo mereciéramos el perdón, se hizo uno de nosotros, salvo en el pecado y se dejo clavar en la Cruz.

 

            Leamos con el corazón y con la mente la pasión y podremos asegurar que la película se quedó muy corta. Fue cruel la pasión, fueron crueles los verdugos y fue cruel la multitud que vociferaba contra él. Pero eso si, ahí estábamos tu y yo gritando no se qué cosas; ahí estábamos tu y yo, con nuestros pecados coronándole de espinas, flagelándole, empujándole… porque aquello que estaban allí no eran las personas, eran nuestros pecados personales, nuestras envidias, nuestros odios, nuestros rencores, nuestras falsedades. No eran los judíos, eran los pecados del mundo.

 

            Otro de los momentos más dolorosos: la coronación

 

Los soldados lo condujeron dentro del patio, que es el Pretorio, y convocaron a toda la  cohorte. Lo vistieron de púrpura, y trenzando una corona de espinas, se la pusieron. Y comenzaron a saludarle: Salve, Rey de los Judíos. Y golpeaban su cabeza con una caña, le escupían e hincando las rodillas le adoraban. Después de reírse de él, le quitaron la púrpura y le pusieron sus vestidos. Y entonces lo sacaron para crucificarlo” (Mc 15, 16-20).

 

 

            No contentos con la brutal paliza de la flagelación y de los golpes, proceden a la burla. “Sus oprobios han borrado los nuestros, sus ligaduras nos han hecho libres, su corona de espinas nos han conseguido la diadema del reino, y sus heridas nos han curado” decía San Jerónimo.

 

            Su cabeza fue ceñida con una corona, fabricada con una planta de agudas espinas , su cuerpo cubierto con un manto rojo y en sus manos pusieron una caña a modo de cetro real, y comenzaron las burlas: Salve Rey de los Judíos, le decían, a la vez que escupían sobre su rostro. “No sabemos cuándo duró la escena. Los términos usados por los evangelios dan la impresión de que estos sarcasmos se repitieron varias veces. E irían haciéndose  progresivamente más crueles”. Ante todo esto continúa el silencio de Jesús. Y continúan nuestros pecados y rebeldías. ¡Pueblo mío, en que te he ofendido, respóndeme! Nos dice el Señor.

 

                La Virgen María escribe una de las páginas más hermosas de la historia de la salvación. Ella dijo ¡si! Y con su afirmación a Dios, hizo posible la Historia de la Salvacion

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