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El blog de antonio tapia

EL CAMINO DE EMAUS

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LA ASCENSION DEL SEÑOR

 

           El Señor Jesús, después de hablarles, se elevó al Cielo y está sentado a la derecha de Dios” (Mc 16, 19)

 

           

            También, de forma muy breve San Marcos recoge este momento en el que el Señor asciende al Cielo. Es doctrina de fe, y por tanto verdad que hemos de creer, que el Señor ascendió al Cielo en cuanto hombre: “al día cuadragésimo de su resurrección subió  al cielo con la carne en que resucitó y con el alma, y está sentado a la derecha del Padre”. Cristo ascendió al Cielo en cuanto hombre; es decir, “no en cuanto Dios, ya que la ascensión no puede darse en la naturaleza divina: nada hay más alto que ella. El Señor en cuanto Dios, es igual en gloria y majestad al Padre y al Espíritu”. La Ascensión  al Cielo es causa de nuestra salvación y de “ella se derivan múltiples beneficios para el hombre

 

            Cuando en el Cielo afirmamos que Cristo está sentado a la derecha del Padre, estamos indicando la grandeza  de la gloria de Cristo. De esta forma San Pío V en su catecismo nos aclara que: “estar sentado no significa en este lugar situación  y figura del cuerpo, sino que expresa la posesión firme y estable de la regia y suprema potestad y gloria que recibió del Padre”. Es también verdad de fe; es pues, verdad que hemos de creer que la ascensión de Cristo al Cielo fue por su propia virtud y no a través de poderes extraños. También, a este respecto, San Pío V nos clara que: “ascendió a los cielos no solo como Dios, por la muy poderosa virtud de la divinidad, sino también como Hombre. Porque, si bien esto no pudo suceder por fuerza natural, con todo, aquella virtud de que estaba dotada el alma gloriosa de Cristo, pudo mover el cuerpo  como quiso, pues el cuerpo, que ya estaba dotado de gloria, obedecía fácilmente las órdenes del alma que le movía

 

            Desde este momento quedan abiertas las puertas del Cielo. Jesús nos las abre a precio de su Pasión. Nos las abre a toda la humanidad. El no discrimina. Jesús viene para todos, para todos es el anuncio del Reino de Dios, para todos alcanza su sangre derramada y para todos están abiertas. La Pasión y muerte del Señor no es en vano, Dios no hace las cosas en vano, ni tampoco nos deja cosas inútiles. Nosotros, en todo caso, somos los que hacemos o convertimos las cosas en vano. Tenemos el alcance del Cielo, tenemos los medios para alcanzarlo ¿Por qué no lo aprovechamos? ¿Por qué seguimos rechazando? Tenemos los sacramentos, medios de salvación, tenemos la Penitencia que nos pone a tiro de piedra de la salvación ¡tenemos todo! ¿Qué más podemos pedir? Si más no se nos puede dar. Si hasta por darnos se nos dio la muerte del Señor por Salvarnos. Jesús con su ascensión inaugura para la humanidad la entrada al Paraíso, de donde fuimos expulsados por el pecado de nuestros primeros padres.

 

            Por Eva y Adán perdimos el Paraíso y nacimos a la oscuridad. Por Jesús y por María nacimos a la Luz y ganamos el Paraíso.

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