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El blog de antonio tapia

EL CAMINO DE EMAUS

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JUNTO AL SEÑOR EN GETSEMANI

 

             Terminada la Cena y los salmos de acción de gracias, sale el Señor, hacia el Huerto de Getsemaní acompañado de sus discípulos, para orar. A lo largo del Evangelio el Señor nos enseña a orar: oraciones de gracia, de petición, de súplica; oraciones en los momentos de alegría, pero también oraciones para los momentos de cruda tristeza, como esos momentos en los que se prepara para afrontar su Pasión y Muerte y en los que siente la necesidad de estar al lado del Padre,  a quien se dirige con toda ternura y familiaridad, a la vez que nos enseña como hemos de dirigirnos nosotros, y sobre todo en los momentos en que la tristeza y la amargura se ciernen como el manto negro de la noche sobre nuestra alma, ¡Abba, Padre!, y nos enseña como pedir, no con arreglo a nuestra voluntad y deseos, sino con arreglo a su voluntad infinita: que no sea  lo que yo quiero, sino lo que quieres tú.

                Decía Santa Teresa:  sin este cimiento fuerte ( el de la oración ) todo edificio es falso" (camino de perfección ).                 Efectivamente, sin el trato diario con Dios; sin la comunión frecuente domingos y festivos, al menos, sin el sacramento de la penitencia, nuestro edificio irá falso, lo estamos edificando sobre arena  movediza. ¿No nos hemos dado cuenta que cuando bajamos el volumen de la oración  pecamos con más facilidad? El santo Cura de Ars nos dice: Cuantos pecadores saldrían del pecado, si acertaran a recurrir a la oración  y él mismo nos dice: todos los males que nos agobian en la tierra vienen precisamente de que no oramos u oramos mal.

               Llevó consigo solamente a los tres discípulos que habían contemplado su gloria en el monte Tabor, para que quienes vieron su poder vean también su tristeza y descubran en esa misma tristeza que era verdadero hombre. Y, porque había tomado toda la humanidad, tomó las propiedades del hombre: el temor, la angustia, la natural tristeza; pues es lógico que los hombres vayan a la muerte contra su voluntad”.

                Oración de perseverancia. Nos enseña a no desfallecer en la oración, aunque las contrariedades parezcan desnivelar la balanza en nuestra contra. El Señor siente tristeza y amargura también por los pecados de toda la humanidad, los pecados que surgirán aún después de su muerte, los pecados del corazón ingrato del hombre. Jesús se siente solo, incapaces de velar, duermen todos, hasta aquel que será el Jefe de la Iglesia: ¿duermes? ¿No has sido capaz de velar una hora? (Mc 14, 37). Y en Pedro y en los demás discípulos se dirige a nosotros, a la humanidad entera. Unas veces fallamos a la oración, otras nos vence el cansancio. “Velad y orad para no caer en la tentación; el espíritu está pronto, pero la carne es débil” (Mc 14, 38). Vuelve el Señor a darnos la clave para vencer las insidias del maligno; anteriormente se lo había indicado a los discípulos, que solo el poder de la oración era capaz de vencer a ciertos demonios. La oración que mantendrá nuestra alma fresca será no sólo capaz de hacernos fuertes contra las tentaciones, sino que dispondrá nuestra alma para acercarse a Jesús sacramentado

Las  crisis de fe, el ateísmo que permanece en quien ha dejado de creer o no creen; la habitualidad en uno u otro pecado; las guerras; los crímenes y por qué no, la misma situación que hoy padecemos en nuestra nación ¿ no se debe a que el hombre por si o colectivamente ha abandonado a Dios ?. Pero sigamos: crisis familiares en formas de rupturas definitivas, (separaciones o divorcios ), vacío interior que pretendemos llenar con una vida de placer, drogas, alcohol..., en fin: "Sin mi no podéis hacer nada"( Jn 15,5 ) nos lo dice Jesús, que no es una invención del catequista, del cura , del Papa; es el mismo Jesucristo que durante su vida pública nos ha dejado ejemplos de oración, de cómo hemos de orar y de que hay que hacer oración. ¿Puede el recién nacido dar sus primeros pasos sin la ayuda de sus padres ?¿Podremos  llegar a ser santos sin una vida de oración?¿ Podremos , si quiera, hacer apostolado sin contar con el Señor en la oración, en la comunión, sin un arrepentimiento de nuestros pecados ? No, de la misma forma que no puede sembrarse sin semilla. Para que  la tierra de fruto, necesita que el sembrador eche la semilla y la trabaje con constancia cada día. Para que nosotros produzcamos, precisamos esa semilla que es Jesús.              Santo Tomás Moro nos describe esta escena:            Una mole abrumadora empezó a ocupar el cuerpo bendito y joven del Salvador. Sentía que la prueba era ahora ya algo inevitable y que estaba a punto de volcarse sobre él: el infiel y alevoso traidor, los enemigos enconados, las cuerdas y las cadenas, las calumnias, las blasfemias, las falsas acusaciones, las espinas y los golpes, los clavos y la cruz, las torturas horribles prolongadas durante horas. Sobre todo le abrumaba y dolía el espanto de los discípulos, la perdición de los judíos, e incluso el fin desgraciado del hombre que pérfidamente le traicionaba. Añadía además  el inefable dolor de su madre queridísima.”

                El Señor sufre también al ver como a pesar de su sacrificio la humanidad iba a seguir ofendiendo a Dios. Referente a la angustia que nos describen los Evangelios, Santo Tomás Moro acierta a decir: Cristo quería que los hombres fuesen fuertes y prudentes, no tontos e insensatos. El hombre fuerte aguanta y resiste los golpes, el insensato ni los siente siquiera. Solo un loco no teme las heridas, mientras que le prudente no permite que el miedo al sufrimiento le separa jamás de una conducta noble y santa.... El miedo a la muerte o a los tormentos nada tiene de culpa, sino más bien de pena. Es una aflicción de las que Cristo vino a  padecer y no ha de escapar. Ni se ha de llamar cobardía al miedo y horror ante los suplicios. Por lo demás, no importa cuan perturbado y estremecido por el miedo esté el ánimo de un soldado; si, a pesar de todo avanza cuando lo manda el capitán, y marcha y lucha y vence al enemigo

                Velad y orad para no caer en la tentación En tres momentos, en el Huerto de Getsemaní, El Señor encuentra dormidos a sus discípulos. En la primera ocasión les dice, y  en ellos a nosotros: “Velad y orad para no caer en la tentación; el espíritu está pronto, pero la carne es débil”.

                La oración es el trato con Dios del hombre. Es además el medio de conocer a Dios íntimamente. Como vemos a lo largo del Evangelio, Jesús acude a la oración para dar gracias por el bien recibido o por el bien que se va a recibir, para pedir al Padre, para suplicar, para interceder ... Jesús nos enseña el valor de la oración, además de cómo hacerla. Pero además nos da una señal : Velad y orad para no caer en la tentación. Con lo que nos indica que con nuestras fuerzas solas, jamás lograremos vencer cualquier tentación, si estas fuerzas no están apoyadas en la oración.

                La oración puede ser personal o  comunitaria. Por medio de la oración personal, como hemos dicho conocemos mejor al Padre, nos acercamos a Él, vamos comprendiendo mejor nuestra filiación divina,  alcanzaremos a cumplir mejor todas nuestras obligaciones : laborales, familiares, de amistad , para con los demás. La oración está considerada como artículo de primera necesidad para el alma, como lo es el alimento o el agua para tomar fuerzas o apagar la sed. A través de la oración se apaga la sed de nuestras necesidades espirituales. La Iglesia nos pone a  la Virgen María como ejemplo de oración  cuando se nos dice que : “Nadie en este mundo ha sabido tratar a Jesús como su Madre”. La oración comunitaria, es también necesaria porque refuerza los lazos entre los miembros de la Iglesia: el santo rosario  rezado en el templo, la Santa Misa, la adoración en la exposición del Santísimo.

                El  Beato Escrivá de Balaguer decía : “La oración era entonces, como hoy, el medio más poderoso para vencer en las batallas de la lucha interior ... no os canséis nunca de implorar”. Y el Papa Pío XII : Orad, orad, orad; la oración es la llave de los tesoros de Dios; es el arma del combate y de la victoria en toda lucha por el bien y contra el mal. ¿Qué no puede la oración, adorando, propiciando, suplicando, dando gracias

                El Padre Martín Descalzo nos describe con todo realismo como era la oración de Jesús:“Los Apóstoles debieron asombrarse  ante la oración de Jesús en esta noche. Le habían visto orar cientos de veces en su vida. Pero en ningún caso con la angustia de esta ocasión. Empezando, incluso, por la postura del Maestro a quien veían a la luz de la luna llena. No rezaba ( como era tradicional en los judíos )  de pie con los brazos extendidos, sino que ( según dice San Marcos ) se postró en tierra ( 14,15); según Lucas ( 22,41) se puso de rodillas, y según San Mateo, cayó sobre su rostro (26, 39)”

                 La postura de los Apóstoles en el Huerto de Getsemaní, es muchas veces la postura nuestra: de abandono de la oración. Cansancio, flojera espiritual, apatía,  priorización de otras cosas del mundo. Este pasaje es otra lección que el Señor nos da y cuyos ejemplos vivos fueron los Apóstoles, quien a pesar de sus debilidades los eligió para levantar su Iglesia y extender el Reino que nos había venido a traer. Dios,  sobre la humildad edifica su Iglesia, que perdura a través de los siglos y lo hará hasta el fin de los tiempos       

                Jesús es verdadero Dios y verdadero hombre. En muchos pasajes a lo largo del  Evangelio hemos visto a un Jesús que tiene sueño, que siente hambre, que se enfada; ahora vamos a ver a un Jesús que “ experimenta la necesidad de una compañía. Tal vez hablar con sus discípulos alivie su angustia. Y se levanta. Y camina esos treinta  pasos para buscar la palabra humana que desgarre esa soledad en la que el Padre y las cosas le acorralan”.  Pero ellos duermen y Jesús se siente solo de sus discípulos, más el solo se limita a despertarles para que hagan oración, enseñándoles la necesidad de ésta. Cuantas veces creemos sentirnos solos, sin darnos cuenta que no lo estamos, ya que el Señor nos enseña que al orar estamos en contacto con el Padre que nos ama intensamente.

               Es de notar que  los evangelistas movidos por el Espíritu Santo, recogen tanto la oración de Jesús  como el mandato de orar. No se trata de una anécdota ocasional, sino de un episodio que es modelo de lo que han de hacer los cristianos: rezar como medio imprescindible para  mantenerse fieles a Dios. Quien no rece, que no se haga ilusiones de superar las tentaciones del demonio

 

 

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