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El blog de antonio tapia

EL CAMINO DE EMAUS

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HOY HABLAMOS DE: LA PASION (II)

                Mucho antes de Jesús fuera  prendido y juzgado, primero ante el Sanedrín, después ante el Procurador Romano, Poncio Pilato, ya había sido dictada su condena de muerte.

                Algunos miembros del sanedrín habían venido buscando afanosamente una causa y un momento. La causa la tenían, ¡Se había declarado Hijo de Dios! Faltaba el momento. El Padre José Luis Martín Descalzo nos describe ese momento.  Todo comienza aquel día, tras la resurrección de su amigo Lázaro:

                 Acababa de ocurrir la resurrección de Lázaro y un grupo de sanedritas se habían reunido para plantearse el problema que este hecho acarreaba (...) Hasta este momento el Galileo Jesús se había limitado a predicar a la pobre gente. Carecía de todo influjo social. Pero ahora todo era diferente (...) Fue entonces, cuando Caifás tomo la palabra para retratarse a sí mismo en una sola frase: vosotros no sabéis nada, no reflexionáis que os interesa que muera un solo hombre por el pueblo y no que perezca toda la nación”.

 Poco más tarde se producía la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. Vitorees, cánticos, himnos mesiánicos, gentes con palmas, pétalos de flores en el suelo por donde iba a pasar Jesús...el  rencor crecía a cada momento. Se buscaba el momento, Pero además les faltaba el cómo hacerlo. Satanás pone la idea. Pare ello envenena la mente de un seguidor de Jesús, de un Apóstol; tal vez el Apóstol q                une más en duda estaba; el Apóstol que aún no se había definido totalmente: Judas Iscariote. Ya solo quedaba esperar el momento propicio

Un beso fue la señal que el traidor dio; treinta monedas el precio de la traición. En treinta monedas es tasado el Hijo de Dios, como también hicieran los hijos de Israel con Yavéh: 30 siclos. Una multitud de hombres debidamente armados; una cohorte de legionarios romanos, los servidores de los pontífices, de los fariseos, fueron a detener a Jesús. El trato no fue amable: lo ataron y se lo llevaron a empujones.

Se realizan dos procesos contra Jesús: uno de tipo religiosos, según precisaba la legislación judía; otro de tipo civil, que daba oficialidad, y era según la ley romana. Los sanedritas había determinado matar a Jesús, pero ellos no podían ejecutar la sentencia, por ello fueron a llevarlo al Procurador Romano, Poncio Pilato, que era el representante del poder político: Roma.

                Los miembros del  Sanedrín, indudablemente tenían miedo a que el pueblo reaccionara contra ellos, dada la popularidad de Jesús por sus obras y por sus palabras, por el mensaje de amor transmitido, por el cariño con que trataba a necesitados y marginados de aquella sociedad; por ello, buscan una causa, un motivo que a ojos del pueblo sea evidente para determinar la condena que  pensaban para Jesús, y que a su vez estuviera de acuerdo con sus leyes. Durante el proceso religioso, ante los príncipes de los sacerdotes, Jesús afirma contundentemente que es el Mesías, el Hijo de Dios, igual al Padre y en quien se cumplen todas las profecías. Muchas habían sido las acusaciones que se  habían vertido contra Jesús desde que comenzara su predicación por parte de los fariseos, de los príncipes de los sacerdotes, de los saduceos, de los escribas... pero ninguna tenía el peso especifico que motivara una fuerte condena, por ello se agarran como a un clavo ardiendo, cuando Jesús afirma que es el Hijo de Dios.

El juicio civil, fue una maniobra en la que Pilato se vio implicado y ante la tolerancia que tenia  Roma hacia las cuestiones religiosas y la presión que se ejerció sobre él, acabará cediendo y confirmando la sentencia impuesta por el  Sanedrín.

                Entre las causas aparentes podemos citar algunas: 

Quebranto del sábado

La expulsión de los mercaderes del Templo

Los  milagros realizados

La resurrección de Lázaro

La mala interpretación  acerca de la destrucción del Templo y su reedificación. 

                La causa real de la muerte de Jesús fue el declararse Hijo de Dios. “Llamarse Mesías no constituía una blasfemia; tampoco lo constituía llamarse Hijo de Dios. La respuesta  de Jesús no sólo da testimonio de ser el Mesías, sino que aclara la trascendencia de su mesianismo. Con esta confesión da pie al gesto teatral del sumo sacerdote, que rasga sus vestiduras, gesto con el que se lleva tras si a casi todos los asistentes, ¡Qué necesidad tenemos ya de testimonios! Nosotros mismos lo hemos oído de su boca”.

                Hasta que los apóstoles no se dan cuenta de la Resurrección de Jesús, tampoco le comprenden, como tampoco comprenden los motivos de su muerte. Aun habiendo estado al lado de Jesús, viviendo con Él durante estos años de predicación, ni le conocían y el más claro ejemplo lo encontramos en aquellos discípulos que iban camino de Emaús “Esperábamos que el redimiera a Israel”. ¿Lo veían como un líder carismático? ¿Tal vez como a un libertador de un pueblo oprimido, como fue Moisés? El verdadero motivo de la muerte de Jesús fue: LA SALVACION DEL HOMBRE

 

                               Esta es la verdadera liberación y no aquella que pensaban los discípulos; ni aquella que pretenden hoy algunos. Jesús con su muerte salvo al hombre y lo liberó de la esclavitud del pecado, devolviéndonos así la amistad con Dios Padre. La Pasión del Señor fue el modo más conveniente de redimir al hombre que había sucumbido por el pecado. Con su entrega amorosa, Jesús paga totalmente esa deuda que a lo largo de los tiempos el hombre había contraído con Dios, y con esa deuda que el hombre iba a seguir contrayendo, tras la muerte de Jesús. Debido a la magnitud del pecado del hombre no podía satisfacer por si a Dios, por eso, en su suma misericordia nos proporciona a quien si podía hacerlo: su propio Hijo, Jesús.

                Sobre la Pasión y Muerte de Jesús, podemos sacar estas consecuencias.

1.       Cristo por su pasión y Muerte, satisfizo por nuestros pecados.

2.       Cristo por su pasión y muerte nos libero de la esclavitud del pecado y del demonio

La eficacia, el valor de la Pasión y Muerte de Jesús no tiene fin, y ha llenado al mundo de paz, de gracia, de perdón, de felicidad en las almas, por esto decimos con firmeza que el valor de la muerte de Jesús tiende a la salvación del hombre, conforme a lo querido por Dios desde toda la eternidad, pero claro está, esta salvación ha de ser con la cooperación de la libertad del hombre. Este fruto de la acción liberadora de la muerte de Jesús no se hará esperar y ya desde la Cruz lo recibe uno de los ladrones: “Señor, acuérdate de mí cuando estés en Tú Reino”. 

SIGNIFICADO DE LA CRUZ. 

                El Catecismo nos enseña que la señal del cristiano es la santa Cruz, porque en ella murió Cristo. Y es la señal de la Cruz, lo primero que enseñamos a los niños en la catequesis, a fin de que se vayan identificando con lo que va ser el sentido de su vida.

                Uno de los significados de la Cruz, es que en ella se ha consumado nuestra redención y es la consumación del amor que Dios tiene por toda la humanidad, y es aquí, en la Cruz, donde encuentra sentido el dolor en el mundo. El dolor, producido por el pecado, el dolor producido por una enfermedad, por un acontecimiento. Es aquí, en la Cruz, donde se encuentra la acción liberadora, como bálsamo eficaz con una mirada a la Cruz de Cristo; así actuaron los santos que nos anteceden; así actuaron los israelitas ante aquel emblema levantado por Moisés, y que tenía efectos curativos según determinará Yavéh,

                La Cruz es consecuencia del modo de vivir Jesús, de su opción por nosotros, los pobres pecadores, de su anuncio del reino; una Cruz que asume por su fidelidad y amor al Padre, una Cruz que presenta la Resurrección, una Cruz inmensamente cargada de valores:

·         Es precio de nuestros pecados

·         Es el símbolo del amor de Jesús hacia nosotros

·         Es sacrificio y expiación

·         Es el símbolo del testimonio cristiano

·         Es signo de la liberación del hombre de la esclavitud del pecado

·         Es signo del establecimiento del Reino de Dios

 

En el  Catecismo de la Iglesia Católica, podemos leer: La elevación en la Cruz significa y anuncia la elevación en la Asunción al Cielo

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