EL CAMINO DE EMAUS
14 Agosto 2011
Cuando decimos “hablar con Dios”, no hablamos metafóricamente. Ciertamente que podemos hablar con Él. Algunos se extrañan. Pero ciertamente que podemos dirigirnos a Dios y lo hacemos, guardando el debido respeto, como hablamos con nuestros padres, con nuestros amigos. Hablamos con toda la naturalidad del mundo.
Recuerdo que un día, estábamos en la Capilla de San Jorge, en Santa Cruz de Tenerife (que si un día visitan la ciudad, vengan a ver esta joya) que antes había pertenecido a los protestantes y que la vendieron al Obispado, por considerar que los cristianos eran los únicos que la darían buen uso; desde entonces, custodiada por las religiosas Eucarísticas, se expone a diario a Jesús Sacramentado, siendo visitado y acompañado diariamente. Nunca faltan visitantes que estén largos ratos de oración. Nunca está solo. Se respira paz. Merece la pena estar.
Pues bien, un dia entró un hombre, delgado y alto, que se acercó a la custodia, donde estaba el Señor expuesto; se quitó las gafas y miró y examinó, mientras los que allí estábamos nos pusimos a la defensiva, pues no sabíamos las intenciones. Al poco se puso las gafas y se dio media vuelta, con una sonrisa y se marchó, mirando a los que allí permanecíamos. Supongo que quería ver a que rezábamos. Supongo, también, que pretendía ver que había allí. Ver con los ojos, y no vio lo que pretendía, a Jesús. Donde él veía nada mas una forma puesta en la custodia, nosotros veíamos a Jesus, en cuerpo, sangre, alma y divinidad, a quien acompañábamos hablando desde nuestro corazón.
Nunca está solo en San Jorge. Siempre acompañado. Siempre recibiendo visitas, dando o pidiendo gracias. Es un lugar de autentico recogimiento. Ahí estás junto a Él, también junto a Su Madre, que también lo es nuestra. Hablando con toda la naturalidad del mundo, de tu a tu. Donde te escucha, donde Él te recibe, donde Él te bendice, donde te aconseja, donde Él te sonríe y agradece tu visita. Aquí se cumple el deseo de D Manuel, el obispo de los sagrarios abandonados: ¡que nunca esté solo!.
Podemos hablar con Dios; es más Dios quiere que hablemos con Él, quiere que le contemos nuestras cosas. ¿ Qué Él las ve?. Cierto que si, pero quiere que se las contemos, con nuestro propio lenguaje, quiere oírnos.
Hablar con Dios, es la forma de coger familiaridad, es la forma de ir conociéndole. Si no lo hacemos, será un desconocido más. Tenemos la gracia de poder hablar con Dios y debemos aprovecharla. Hablamos como hablaban Mateo, Pedro… con sencillez, con humildad, con paz. Si pudiéramos ver su rostro, cuando estamos junto a Él, seguro que los veríamos sonriente, mirándonos con cariño de Padre.
Pero Él escucha a todos, a todos nos espera; a buenos y a malos, a justos y a pecadores que se acercan arrepentidos, a creyentes y no creyentes… pues Dios a todos ama, a todos quiere decir Te quiero hijo mío. Hablemos con Él todos los días, hablemósle de nosotros, de otros, contémosle nuestras cosas, de los aciertos, de nuestros fallos, que nos iluminará a encontrar soluciones.
¿ Sabes?. Tu no eres un desconocido para Dios, pero que Dios no sea un desconocido para ti. Habla con Él. Habla con Dios