Overblog Todos los blogs Blogs principales Religión y Creencias
Edit post Seguir este blog Administration + Create my blog
MENU
El blog de antonio tapia

EL CAMINO DE EMAUS

Publicidad

EL SEÑOR CON LOS PUBLICANOS

"Y ocurrió que, estando a la mesa en casa de éste, se sentaron con Jesús y sus discípulos muchos publicanos y pecadores, pues eran muchos los que le seguían. Los escribas y los fariseos, viendo que comía con pecadores y publicanos, decían a sus discípulos: ¿Por qué come con los publicanos y pecadores? (MC 2, 15-16).

 

            Si realmente seguimos el Evangelio, tiene que quedar clara una cosa, que el Señor no rechaza a nadie. Vino para todos, en especial vino a salvar a los pecadores porque "No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos; no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores" (MC 2, 17). Jesús responde de esta manera a las quejas y comentarios de los escribas y  fariseos. Esto no quiere decir que queden excluidos los justos, sobre quienes sigue derramando su gracia y auxilio. Con la elección de Mateo, el Señor quiere corregirnos de este mal social y espiritual, el del prejuicio, que atenta contra ese Mandamiento tan importantísimo que es el del amor al prójimo.

 

   Jesús se sienta al lado de los publicanos y de los pecadores; tocados por la impureza del pecado, por el del servilismo al invasor romano. Pero Jesús no los rechaza, se acerca a ellos, porque sabe que están necesitados de la gracia de Dios, que están abandonados de aquellos pastores. Los publicanos nos representan a los pecadores de todos los tiempos

 

 De una manera similar, a la de aquellos pecadores, el Señor alcanza su gracia sobre aquellos que la aceptan, sobre aquellos que la ponen en marcha, que la dejan actuar. Los  pecadores y los publicanos dejan que Jesús se siente  con ellos, buscaban sin duda el alivio que sólo el Señor podía ofrecerles con ese amor entrañable con el que Cristo les trataba. Despreciados por muchos, queridos por Uno, Jesús. Al igual que aquellos pecadores, nosotros, de la misma condición que ellos, debemos dejar que Jesús se siente a nuestro lado, debemos abrirle las puertas de nuestro corazón, para que con el bálsamo de su perdón, pueda cauterizar las heridas de nuestra alma.

 

La misión redentora de Jesús es universal; es decir, que su redención alcanza a todos. No  vino a morir por unos, sino por todos, por los que le aman y también por los que no le aman; tal es la fuente inagotable de su amor.

 

 Su corazón de Padre no hace distingos: publicanos, pecadores, enfermos... Este sentarse a la mesa con pecadores y publicanos, ha de hacernos ver los deseos que el Señor tiene de nuestra salvación. Por grandes y graves que sean los pecados Jesús se sienta junto a nosotros en el Confesionario, para escucharnos con cariño y con ternura, para derramar luego el bálsamo de su perdón sobre nuestra alma herida por el pecado, cuando arrepentidos nos acercamos a Él, o permitimos que se siente a nuestra mesa de pecadores deseosos de su perdón.

 

Por eso no debemos temer acercarnos al Sacramento de la Penitencia por grave y vergonzoso que sea el pecado. Jesus se sienta a nuestro lado, a escucharnos, con alegría, porque volvemos, porque ha encontrado la oveja perdida del rebaño que Dios le entrego. Y en el sacramento nos vaciamos, sin vergüenza todo aquello que tenemos, todo aquello que paraliza nuestra alma y nos impide trabajar en su viña.

 

El mismo deseo de aquellos publicanos, es nuestro deseo, que el Señor se siente a nuestro lado, para aliviarnos, para escuchar su Palabra, para descubrirle, para sentirnos agiles. Queremos ser también Mateo, publicano. Que elegido por el Señor, a pesar de su condición, le siguió hasta el fin. Yo pecador, también quiero seguirle. Me siento Mateo el publicano y deseo seguir al Señor. Me dejo conquistar por Él, por su Palabra y doctrina. Porque su Palabra es la verdad y es ternura hacia los demás.

 

Y a nuestro lado, esta también Maria, nuestra valedora, nuestra abogada que nos presenta arrepentidos a su Hijo. Y en alas de la fe ocupamos aquella mesa, junto a Mateo y demás publicanos. Escuchamos sus Palabras llenas de ternura y cariño que hace saltar nuestro corazón. Sentimos como se encoje nuestro pecho, las lagrimas al borde de nuestros ojos, nos hace rememorar nuestra vida pasada. El nos mira compasivo presto a arreglar nuestra alma herida. ¡que bien se esta aquí! Decimos con aquellos apóstoles, dispuestos a pasar horas y horas junto al Señor.

 

Hemos compartido su mesa, como cada domingo. Pero hemos de devolver a nuestros quehaceres. Pero ya no somos los de antes; volvemos agiles y libres, sin cadenas dispuestos a seguirle hasta el fin.

 

Y cada noche, tomando el Evangelio, me meto como un personaje mas. Voy detrás de los apóstoles, entre el gentío; pruebo el pan y el pez que me ha tocado en suerte; me siento en la ladera del Monte de las Bienaventuranzas. Le oigo con toda claridad; rompo a llorar con aquellas curaciones veo lagrimas en los ojos de los sanados; me impresiono con la resurrección de Lazaro y de la hija de Jairo… ¡como no seguirle!.

 

¡Animo! Que tu también puedes. ¡Que el Señor también vino para ti!. ¡Creelo! ¡Pruebalo!. A ti también te dijo el Señor: ¡Ahí tienes a tu Madre!, como me lo dijo a mi y a toda la humanidad. Si temes, cógela de la mano que te llevara sin perdida.

 

 

 

Publicidad
Compartir este post
Repost0
Para estar informado de los últimos artículos, suscríbase:
Comentar este post