EL CAMINO DE EMAUS
21 Septiembre 2013
“Y recitado el himno, salieron hacia el Monte de los Olivos. Y les dice Jesús: Todos os escandalizaréis, porque está escrito: Heriré al pastor, y se dispersarán las ovejas. Pero después que haya resucitado iré delante de vosotros a Galilea. Entonces Pedro le dijo: Aunque todos se escandalicen, yo no. Jesús le responde: En verdad te digo que tú hoy, en esta misma noche, antes que el gallo cante dos veces, me habrás negado tres. Pero él afirmaba con insistencia: Aunque tenga que morir contigo. Lo mismo le decían todos.” (Mc 14, 26-31).
Muchas veces censuramos la actuación de Pedro al abandonar al Señor. Es Pedro otro toque de atención para nosotros, pues también abandonamos a las primeras acometidas de la tentación, del miedo, de los respetos humanos. Algunas veces nosotros presumimos como Pedro, de fuertes ante cualquier ocasión que pueda presentarse. Pero a aquel abandono, a aquella negación de Pedro, surge un auténtico arrepentimiento, lavado por las lágrimas purificadoras, de las que nosotros también hemos de sacar la consecuencia. El Señor sabe de nuestra debilidad, de nuestra fragilidad, pero a pesar de todo cuenta con nosotros, como contó con Pedro y con los demás Apóstoles, incluso con Judas, a quien brinda a cada momento la posibilidad del arrepentimiento, manteniéndolo a su lado.
Pedro ha de ser el ejemplo para nosotros; abandona al Señor, pero se levanta hacia Él arrepentido. Nunca el agobio del pecado, o de las continuas caídas deben llevarnos a la desesperación. Este pecado nubla la esperanza en el perdón de Dios y por tanto en la salvación de nuestra alma. El Señor está presto al perdón de aquel que se acerca arrepentido, sea cual sea el peso de los pecados. Todos los pecados son perdonados, excepto los pecados contra el Espíritu Santo, son palabras de Jesús, que deben reforzar en nuestra alma la virtud de la esperanza.
Y esa misma debilidad hace gala en el resto de los apóstoles, quienes también abandonarán al Señor. Una debilidad que les acompañará hasta la llegada del Espíritu Santo. “Dios suele buscar instrumentos flacos, para que aparezca con clara evidencia que la obra es suya". Todos somos quebradizos como el barro seco, pero el Señor, irá trastocando esta debilidad en fortaleza, a través de la oración y práctica de los sacramentos: Eucaristía y Penitencia, haciéndonos resistentes a los elementos exteriores, a las tentaciones y a las atracciones que desviarán nuestro camino de la senda verdadera.
En Pedro, en los Apóstoles nos hemos de ver dibujados cada uno de nosotros, también en cada una de las personas que aparecen en las páginas de los Evangelios: los leprosos, Bertimeo, la mujer cananea, los fariseos, el niño lunático, Jairo, Marta y María… cada uno nos da una enseñanza de la que podemos sacar su consecuencia. No aparecen por que sí, por gusto del evangelista. Los Evangelios están escritos por mano humana, pero inspirados por Dios.
Nosotros también prometemos, nos comprometemos a planificar grandes obras en terreno espiritual; hacemos el compromiso de no traicionar al Señor, de no abandonarle, de ser fuertes ante las acometidas del enemigo, Pero algunas veces la triste realidad es otra diferente, que tropezamos, que caemos, que lo negamos por evitar el que dirán u otra situación. Pero también es verdad que otras tantas veces nos sobreponemos a las duras caídas y recuperamos el camino, nuestro camino de Emús, donde Cristo nos espera pacientemente.
Una vez más, ¡animo! ¿Qué te has caído? Mira con los ojos del alma y veras la mano del Señor tendida hacia ti, sin el nada podemos, ni siquiera levantarnos. ¡Toma su mano! ¡Toma la de su Madre! Que también sale a tu encuentro. ¡Hay más alegría en el cielo por un pecador arrepentido….! ¿Te acuerdas? Eso va por mí, por ti, por aquel de allá lejos. Deja que te levanten, luego notaras la suavidad de su cariño, el de su Madre.