EL CAMINO DE EMAUS
21 Enero 2014
Cuando hablamos de revolucionarios, de camaradas, e solidaridad, de paz, al menos a mi, me da un poco de “repelús” porque las han asimilado para si los marxistas. Te presentas delante de gente empleando estas palabras y les suena a cuerno quemado, te miran como a un bicho raro y levantan la antena para ver por donde va a salir uno. Pero, también, no utilizarlas, es ceder terreno, dejar que te lo pisen, que lo mal interpreten o confundan con ellos a otras personas.
El titulo parece que trata de levantar en armas a los cristianos, como así ha hecho la “teología de la liberación”. Si hablo de pobreza, enseguida se piensa en la pobreza económica, cuando en realidad existen muchos tipos de pobreza: espiritual, moral, educativa, social… según el pensamiento de hoy, solo precisan de solidaridad los pobres, económicamente hablando. Pero también los otros pobres precisan de solidaridad, de ayuda.
La palabra “revolución” significa no solo violencia, sino también, violencia política, sino también: cambio, transformación de uno hacia si mismo; es decir, cambio interior y exterior de una forma de se, de sentir y de vivir a otra distinta. Esta “revolución” lleva cierto matiz de “violencia”, en el sentido que muchas veces hay que luchar fuertemente para poder “ cortar por lo sano” con unos habitos de vida que nos llevaban por un camino contrario al que esperaba Dios de nosotros.
“ hoy no bastan hombres y mujeres buenos…; además no es suficientemente bueno que se contenten con ser casi… buenos; es preciso ser “revolucionarios”. Ante el hedonismo, ante la carga pagana y materialista que nos ofrecen ¡ Cristo no quiere conformistas!. ¡ rebeldes de amor!. Decía San Jose María.
Dios no nos llama a la lucha revolucionaria y violenta, como predica la teología de la liberación, que ha aprovechado las zonas humildes, pobres e incultas para sembrar su error