EL CAMINO DE EMAUS
3 Marzo 2014
Después del duro tormento a que fue sometido Jesús, desde que fue prendido hasta salir del palacio del gobernador Poncio Pilatos, cargan sobre Él una pesadísima Cruz.
“Tomaron, pues, a Jesús, y Él cargando con su Cruz, salió hacia el lugar llamado Calvario, que en hebreo se llama Gólgota”. Jesús sale con el rostro tumefacto. Cerca de 300 golpes, bofetadas, puñetazos y latigazos, había recibido desde que fue prendido; la espalda hecha girones de los latigazos realizados por dos soldados sirios, expertos en ese tipo de castigos además de por su dureza.
Iba agotado, desde la noche anterior no había descansado, además de la pérdida de sangre, le había producido debilitamiento. Jesús verdadero Dios y verdadero hombre, sufre los mas espantosos dolores producidos por la cruel paliza que había recibido.
Poncio Pilatos, lo presenta al pueblo “Ecce Homo”, y lo entrega al Sanedrin. Muchos de los que le habían recibido con palmas y vitores hoy gritan ¡crucifícale!. El maligno aprovecha la ocasión para enardecer a las gentes, que siguen gritando ¡crucifícale!. Sale Jesús del palacio cargando una pesada Cruz, porque además carga con el peso de nuestros pecados.
Pese al dolor de las heridas y de los golpes, Jesús carga sin quejarse la pesada Cruz. Nosotros le seguimos a corta distancia, al paso del Señor, lento. Ni una sola queja, tampoco de los insultos que va recibiendo.
Carga con nuestros pecados, nuestros abandonos, nuestras traiciones y olvidos; carga con la ingratitud de la humanidad, que no ha reconocido el sacrificio que hace Jesús para salvarnos. A pesar de ello, cada paso es un paso de amor y de perdón. Jesús pide al Padre que no nos tenga en cuenta nada de lo pasado. Vemos a Jesús y allí presentes lloramos lagrimas amargas, por el injusto castigo dado a un Hombre que pasó haciendo el bien, sanado, y avivando la fe de los hombres de aquella Palestina, desorientados por los doctores de la Ley, que eran pastores ciegos, pastores que exigían y no cumplían.
En esta segunda estación Jesús carga con la Cruz del sufrimiento. Nos enseña como hay que llevar la Cruz que un día pueda tocarnos llevar. Cuantas veces personas de nuestro entorno llevan, con dignidad, con la sonrisa en sus labios la Cruz que les ha tocado. La llevan al igual que Jesús, sin queja, sonrientes y hacen que nosotros sigamos sus huellas, que son camino seguro de llegar a Jesús.
Perdón Señor, porque por mi culpa has padecido cruel Pasión, porque por mis pecados has cargado con pesada Cruz. Porque además me sigues queriendo y buscando; porque me sigues buscando, como el pastor busca a la oveja perdida, con paciencia, sabiendo que dará con ella y la liberará de los peligros de los lobos que la acechan.
Como me gustaría curar tus heridas. Pero se que la única forma de hacerlo, es volviendo al redil, es acercarme al Sacramento del Perdón. Perdóname, he pecado contra el Cielo y contra ti. Cómo me gustaría saber llevar tu Cruz. Como me gustaría dejar de pensar en mí y hacerlo sobre los que más lo necesitan.
Sigues cargando con la Cruz de nuestros pecados y a la vez sigues amándonos, sigues pensando en cada uno de nosotros y sigues llamándonos por nuestro nombre, para que seamos testigos de la Fe, en la que hemos nacido. Nos llamas para que llevemos tu Cruz por el mundo, sin miedo y si vergüenza de ser tuyos, para que otros te conozcan, porque también por ellos te has sacrificado.
Queremos ser tus testigos y llevar tu Cruz con valentía y sin vergüenza de ser cristianos, llevándola bien alta, para que su luz alumbre a todos, incluso a los que no te quieren, a los que no creen, a los que te han abandonado, a los que te persiguen a Ti y a Tu Iglesia, nuestra Madre. Pues has venido para todos, y ¡ojalá! Todos se salven, aunque entren en tu viña en el último momento.
Quiero aprender a llevar la Cruz, como aquellos que teniendo ocasión de sufrimiento la llevan con la sonrisa en sus labios, ayúdame a ello. Ellos son auténtica huella que nos lleva hacia Ti. Que grandes santos hay sobre la faz de la tierra, santos con los que te cruzas cada día. Santos canonizables, santos que viven cerca, que saludas cada dia, santos sonrientes, que se olvidan de su dolor y sufren el tuyo, capaces de cargar las cruces de otros… impresionantes. Como decía el hermano Rafael, hay quienes entran al Cielo a trompicones, y los que entran como flechas, mas o menos era así.
Que el Señor nos ayude a ser auténticos Apóstoles de la Fe, verdaderos guías para que la Cruz de Cristo llegue a todos los rincones del mundo, y que todos conozcamos a nuestros Padre Dios.
ADORAMOSTE CRISTO, Y TE BENDECIMOS
PORQUE POR TU SANTA CRUZ, REDIMISTE AL MUNDO