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El blog de antonio tapia

EL CAMINO DE EMAUS

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EL NIÑO Y EL MENDIGO

 

                     

  • Pedro ve a dar un paseo mientras el médico atiende a tu padre. Toma aquí tienes el bocadillo para que meriendes. (dijo la madre, dándole una bolsita de plástico).
  • Yo quiero quedarme al lado de papá. (contestó el niño entristecido).
  • No, Pedro. Mejor sal a que te de el sol y el aire y te comes el bocadillo, que no has comido nada. Ya bastantes preocupaciones tengo, además el médico y la enfermera están haciendo su trabajo y no se les puede molestar. (le dijo la madre con seriedad).

El niño salió sin ganas, dando patadas a cuantas piedrecitas, encontraba en su camino. Se dirigió a su lugar preferido, su lugar secreto, d onde acude cuando nadie quiere que le encuentre; en un  recodo a la orilla del rio, a cuyo paso hacia un ruido limpio que le transportaba a su mundo idealizado, era su imagen que tenía del Cielo del que hablaba el párroco y catequista; un lugar lleno de Paz . Ahí iba, a su Cielo, a pensar y a esconderse cuando escapaba de clases. Pero su sorpresa fue mayúscula, cuando vio que había un hombre andrajoso, allí en su propio lugar, en su Cielo. ¿Cómo lo había descubierto?.

  • ¡Que hace usted ahí?. Ese es mi territorio. (dijo el niño enfadado).
  • Perdona. Si quieres me voy. Se está muy bien. Hay Paz. (le dijo el mendigo). Parece que vienes mucho.
  • Aquí vengo a pensar, a esconderme, a llorar… pero ¿Por qué le digo estas cosas si no le conozco?. (exclamo el niño).
  • Si quieres ya me voy. Buscare otro sitio. No temas. (le dijo el mendigo).
  • ¿es usted pobre?. ¿Siempre viste así?. ( le preguntó).
  • Naci pobre seguiré siéndolo. ( Le respondió).
  • ¿ Porque hay ricos y pobres?. ¿Por qué hay guerras?. ¿Por qué matan a mujeres, a los hijos?. Lo veo en la “Tele”. ¿Dios con un “chasquido” de sus dedos podría acabar con todo esto, incluso con el hambre?. (Preguntó el chiquillo).
  • ¿No te han enseñado , en la Parroquia, que Dios creó al hombre y a la mujer y vivieron en un lugar llamado Paraíso, donde reinaba; pero que fueron expulsados por desobediencia?.
  • ¡Si que se comieron una manzana! (cortó el pequeño).
  • Después tuvieron que trabajar para ganarse el sustento diario y más duramente, porque tenían que luchar contra el pecado. Ahora tenìan que ganarse el Cielo.  Las guerras, las muertes, incluso el hambre son causa del pecado. Muchos hombres solo piensan en ellos, no les importa mas que la riqueza, pero no todos los ricos son malos, ni todos los pobres son buenos, porque algunos reniegan de Dios por ser pobres.  (Dijo el mendigo).
  • ¿Entonces, como se puede solucionar?. (preguntó).
  • Pues solamente volviéndose a Dios y no darle la espalda. Solo así se irán arreglando las cosas que el hombre ha estropeado. (le dice el mendigo).
  • ¿Por qué llorabas antes. (Le preguntó el mendigo)
  • Porque mi padre está muy mal y el médico pone cara seria cuando habla con mi madre. Yo quiero que se cure. (respondió el chiquillo).
  • Eres obediente y estudioso.(Preguntó el mendigo).
  • Un poco desobediente y poco estudioso (Respondió el niño).
  • Ya le pides a Dios por tu padre?. (pregunto el mendigo).
  • Sí, todos los días se lo pido muchas veces. Lo que pasa es que debe tener muchos pedidos antes que el mío. (respondió el niño).
  • No, Dios escucha a todos a la vez y son millones y millones de peticiones. Pero no todo es pedir, hay que dar también. (respondió el).
  • Pero no tengo dinero para pagarle (dijo el niño ingenuamente).
  • No, a Dios no se le paga con dinero. A Dios se le ofrecen obras buenas, cambios de forma de ser. El dinero es lo que ha oscurecido el alma humana de muchos hombres y mujeres. Yo nací en una familia muy humilde. Salimos adelante con el trabajo de mis padres…ayudaban a sus vecinos, hacían sus encargos… (Dijo el mendigo).
  • Acéptame compartir la merienda contigo. Que seguro que no has comido y eres muy simpático. (Dijo el chiquillo mientras partía el pan y el chocolate).
  • Gracias, está muy rico ( dijo el mendigo).
  • Hoy le pediré mucho por mi padre y le daré, como tú me has dicho, mucho (dijo el pequeño).
  • El ya te está escuchando y te lo dará, seguro. (Dijo el mendigo).
  • Me tengo que ir ya. ¿Volveremos a vernos? (pregunto el pequeño).
  • Estate seguro que sí, pero estudia y no faltes a clase. (Le dijo el mendigo).
  • Adiós, aquí tienes un amigo para compartir la merienda. (Dijo el niño mientras se alejaba).
  • Yo también soy tu amigo.

Cuando se acercaba a la casa. Su madre a la puerta de la casa, le llamaba. Pedro corrió hacia ella

  • ¡Tu padre se ha recuperado!. No se lo explica el médico (le dijo la madre).
  • Es que Dios ha oído ya mi petición. (Dijo el pequeño). Gracias Dios te daré todo desde hoy. (pensó para sí).
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