EL CAMINO DE EMAUS
12 Marzo 2018
Hoy, viendo que un importante numero de matrimonios (ya sean por la Iglesia, por lo civil, por el juzgado, o por un simple papel como es el caso de las parejas de hecho) se fracturan, no llegando en algunos casos al final del banquete de bodas (es real), convirtiendo este acto, el del matrimonio, en un mero papel que va al basurero de la esquina, de aquí al basurero municipal, donde será cremado y convertido en cenizas

¿Cuál es el motivo?. Sencillamente, en que nunca hubo, nunca existió un verdadero amor; también, porque durante el noviazgo nunca se dijeron la verdad, por lo que llegaron al matrimonio como dos extraños y es que nunca llegaron a conocerse.
Ese amor que se dijeron un día, en la etapa del “noviazgo” no salió del corazón; pues no es lo mismo que la palabra “ te quiero” salga de los labios, de que esa misma palabra nazca y salga del corazón que es donde se cuecen todas las cosas buenas del ser humano. Por eso, en cuanto al matrimonio por la Iglesia en el que el marido y la mujer se comprometen ante Dios: quererse y amarse tanto en lo bueno como en lo malo; en la pobreza y en la riqueza… al romperse, por traición, perdida del cariño, se convierte en un acto de perjurio grave, por incumplimiento de la palabra dada a Dios durante la celebración Sacramento.
Ésta UNIDAD de la que quiero hablar, reivindicar y ejemplarizar, es la que durante sesenta y muchos años, existió entre mis padres. ¡Semper Fidelis!, se dijeron el día de su matrimonio y que se mantiene, entre ambos, tras la muerte de mi padre. En muchos matrimonios se mantiene esa unión que queda enlazada, cuando el sacerdote les dice: “Yo os declaro marido y mujer”, ese lazo que los mantuvo unidos a mis padres y que tras el fallecimiento de él siguen en la misma sintonía y que se mantendrá durante toda la eternidad.
Siempre juntos, siempre fieles. Donde iba mi padre iba con él iba mi madre: Ferrol, Madrid, Valladolid, Sahara, Tenerife. Y mi padre siempre junto a mi madre. Inseparablemente unidos. Ambos siguieron el ejemplo de aquella primera familia que quedó establecida en aquel Portal de Belén. Fuimos sus hijos, testigos directos de esta unidad, de ese amor, de esa fidelidad de ese caminar aunados; porque ese amor que nació y salió del corazón, era verdadero.
No entiendo quienes se casan y se divorcian como mínimo hasta siete, ocho… veces, en las que existen traiciones, peleas, discusiones pocas veces, terminan de forma amistosa. El dinero por un lado y el cuidado de los hijos son motivo de encarnizadas batallas entre los separados y divorciados. El divorcio se ha convertido en muchos de los casos, en un vicio sexual, en una “noche de placer”.
Gracias papá, gracias mamá por esa lección de unidad, de amor que nos habéis dado y por vuestro sacrificio y privaciones para sacarnos adelante a los ocho. Un beso