EL CAMINO DE EMAUS
1 Febrero 2018
Esta es la pregunta del millón. Supongo que muchos contestarían que no. El obrero quisiera ser el capataz; al siervo le hubiera gustado ser rey; al barman le hubiera gustado ser el dueño para levantarse más tarde; al técnico le hubiera gustado ser ingeniero, a los niños ser el personaje deportivo que más admiran y por ello los emulan. Vamos que a casi todo el mundo, le gustaría ser ese personaje del comic: “el servidor del califa quisiera ser el califa en lugar del califa” vamos ser lo que es el otro de lo que soy si esta en nivel mas alto que el mío.

Pero el conformismo, es una especie tentación con los ropajes de vagancia que nos tienta a no superarnos ni en lo personal ni en lo espiritual. Pues también los hay, sobre todo en el mundo del trabajo, que por no avanzar evitan los cursos de superación dentro de la misma empresa y prefieren quedarse como están y no verse metidos en nuevos trabajos que la nueva categoría les asigna. Pero eso si, a la hora de protestar están en primera línea. El conformismo no es bueno, nos robotiza.
Dentro de lo espiritual a muchos les ocurre lo mismo. Con ir a Misa los domingos, les sobra y les basta. Nada de oración, pasan de los problemas del prójimo, nada de colaboración con la Iglesia…
El cristiano ha venido al mundo para colaborar y para luchar. Para colaborar con el trabajo que el Señor encargo a los Apóstoles y desde ellos hasta el fin de los tiempos: extender el Reino de Dios en todas las almas; y para luchar cada día, que así es la vida, una lucha contínua. Pero el conformismo no solo es vagancia, sino también pasividad y tentación; y como objeto de toda tentación dejarnos caer sin luchar, si trabajar, sin colaborar, pensando en mí mismo.
Gracias al inconformismo de muchos cristianos, la Iglesia ha ido avanzando y extendiendo la Palabra de Dios; ha ido caminando según avanzaban los tiempos; ha dado soluciones a los problemas del hombre que iban surgiendo y creando las diferentes filosofías que equivocaban los caminos… gracias a los inconformismos el hombre decía “no me basta ser considerado hijo de Dios, debo demostrar que lo soy”. Y el hombre inconformista trabaja y lucha cada día para que el hombre sepa que es hijo de Dios y trabaje para el bien de otras almas: colaborando como lo hicieron los Apóstoles; haciendo bien su trabajo, sin chapuzas ni borrones, orando como el Señor nos enseña en el Sermón de la Montaña. Ha ido llenando sus manos que luego habrá de presentar al Señor: las manos de obras buenas, no vacías y secas.
El cristiano es un privilegiado, que ha sido llamado por el Señor para colaborar con El. ¿De qué valdrían los talentos si los enterramos bajo tierra y no producen?. ¿De qué vale la higuera si no da higos, si está seca?. ¿Si la sal está seca? ¿Si nuestra luz no brilla? . No somos ese espíritu negativo que dice “no somos nada”.