EL CAMINO DE EMAUS
21 Enero 2018
LLAMAME RAFA
Una vez que se pierde el respeto, se disipa la disciplina. En los años 50, 55, 60, ¿Quién era el guapo que se atrevía a dirigirse al padre prefecto o a cualquiera de los profesores dándoles una palmadita en la espalda, como si fueran unos amigotes? Hasta a los mismos padres, en muchos hogares se les trataba de usted. En esta pérdida de respeto, falta de educación, incremento de acciones contestatarias de la juventud en sus hogares y en los colegios, se produce por un total relajamiento de la acción educadora de muchos padres en sus hogares y de los profesores en los colegios.

“niños tratadme de tu y llamadme Nines”
¿Don Rafael, puedo hacerle una pregunta? (Le le dice temeroso el alumno al profesor, casi temblando como un flan).
¡Llámame Rafa! (Le dice el profesor. Dejando al alumno viendo lucecitas. ¿Estaba soñando? No podía ser que aquel severo profesor cambiara la regla con la que te atizaba en la punta de los dedos, por un ramo de claveles. ¡Se hacía difícil ¡, pero poco a poco, le cogías la mano que te ofrecía, después el codo y al final hasta el brazo).
Muchos señalan directamente a la Iglesia y a la acción de la progresía, nacida tras el Concilio, iniciado por Juan XXIII y terminado por Pablo VI. Es injusto culpabilizar al Concilio, sino a los que interpretaron a su gusto lo que decía el Concilio, que es a los que denominamos progresista. Desgraciadamente, siendo UNA la Iglesia, hay que reconocer, la existencia de un ala derecha y un ala izquierda, que son los que han comenzado por deteriorar la disciplina y el respeto. Otros señalan al incipiente profesorado, que por querer caer bien al alumnado, cayeron en una trampa mortal, la del relajamiento de la disciplina; ya muchos jóvenes no iban a fumar a escondidas.
Del D. Rafael se pasó al “Llámame Rafa”; las comunidades de base, iban cambiando la mentalidad de la juventud, y este cambio se observaba no solo en los colegios, sino también en las casas, hacia sus padres. Siempre recordaré una bronca, de una hija, de unos veintitantos años, hacia su padre. El motivo no lo sé, pero no faltaron los insultos, mientras el padre permanecía callado y aguantaba la humillación pública a la que era sometido. Seguí caminando triste hacia el colegio.
Hoy todo se ha ido de las manos. Padres, profesores… han llegado no solo a recibir insultos, sino también graves agresiones. Fue un error, al menos en los colegios privados permitir el tuteo; romper la disciplina. Era como hacer un pequeño agujero en una tubería. Lo mismo en las casas. Enseñar disciplina no es hacer un canto a la violencia; ni tampoco decir que un tortazo a tiempo, evitará males futuros; si se puede evitar se evita, pero muchas veces el tortazo es necesario. Ahí tenemos los resultados cosechados, no tenemos más que leer la prensa o escuchar los telediarios. Lo peor es que quienes tienen que poner no un parche para que no se vaya, sino recomponer la tubería (la Ley), pasan cobardemente por temor a la perdida de votos o hacerse impopulares.