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El blog de antonio tapia

EL CAMINO DE EMAUS

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MADRE Y COREDENTORA

 

 

 

 

 “ Madre, ahí tienes a tu hijo”. Jesús se dirige a su Madre, desde la Cruz, se olvida de su intenso dolor, producido por la cruel paliza que recibió desde su prendimiento, pero olvida su dolor y Piensa en toda la humanidad y no quiere dejarnos huérfanos. Y piensa con cariño y quiere dejarnos lo mejor y nos deja a su Madre. Nos ama intensamente, a pesar que la humanidad no le iba a corresponder.

Desde la Cruz, el Señor se dirige a su Madre “Madre ahí tienes a tu hijo”. Juan, el único de los discípulos que la acompaña, representa a toda la humanidad, la presente y la futura. Nosotros, en alas de la fe, estamos presentes y vemos ese momento. Y vemos la Cruz ensangrentada, que sale de sus múltiples heridas, y de sus manos taladradas sin piedad. María, contempla, con el sufrimiento de una Madre. Y acepta. ¡ Fiat! ¡Hágase!. Otra vez, nuestra Madre hace la voluntad de Dios; otra vez dice ¡SI!. Nos acepta. Acepta A ESTA HUMANIDAD INGRATA. Nos ama como hijos suyos. Es tanto que no sabría vivir sin amarnos. María es Corredentora junto a su Hijo Jesús, el Redentor.

“Jamás se ha oído decir, que ninguno de los que han acudido a vos, implorando vuestra asistencia y reclamando vuestro socorro, haya sido abandonado de Vos”. Escribía San Bernardo. Con estas palabras podemos hacernos una idea cuanto nos ama la Virgen María.

Es el camino seguro para llegar al Señor. Ella desea ver a su Hijo amado, y está dispuesta en todo momento para que le amemos. Es de su agrado que nos acerquemos a la Eucaristía para recibir al Señor. Para ello nos alcanza de su Hijo las gracias necesarias para que lo recibamos. Nos da su auxilio para acercanos al sacramento de la Penitencia, para recuperar la gracia si la hubiéramos perdido.

“Haced lo que El os diga” les dice a los encargados en las Bodas de Canaán, que también nos representan. Esas palabras nos las sigue repitiendo. Para que siguiendo las indicaciones de Jesús no perdamos el camino que un día nos llevará a gozar de la Gloria de Padre Dios, que nos espera con los brazos abiertos, como el Padre de la Parábola. Todos los días esperaba mirando a la lejanía que volviera su hijo. Cuando lo ve no espera, sino que sale a camino; como hizo con el indiecito Juan Diego, que sale a su encuentro, como sale a nuestro encuentro.

“Hijo, ahí tienes a tu Madre”, le dice a Juan y el discípulo acepta y la acepta también en nuestro nombre, por cada uno de nosotros. ¿Quién va a desechar a esta Madre?. Si es nuestra luz, la que os guía en nuestras noches oscuras, que decía San Francisco de Asís, para que encontremos el camino del que no debimos salirnunca. Si decimos que Jesús es el amigo que nunca falla, de María podemos decir que es la Madre que nunca nos abandona.

La Virgen María es Corredentora, porque colabora con su Hijo Jesús, el Redentor en la salvación del mundo. Si leemos la vida de los santos, todos nos hablan del gran amor a la Virgen María porque es el camino seguro e infalible pata llegar a Jesús. Teniendo presente a la Virgen María en nuestros  pensamientos y obras, difícilmente nos olvidaremos del  Hijo.

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