EL CAMINO DE EMAUS
12 Noviembre 2017
Leo en “La Razón”, las amargas, pero valientes, quejas de una madre, por el boicot que en Colegio están padeciendo por sus hijos, por no querer cantar “Els Segadors”, quien o quienes se ven castigados por los profesores, con el visto bueno de la directiva, o bien por solicitar el idioma castellano (español) que sea lengua oficial además del catalán reconocido por el Estado.
Las quejas se elevan a las persecuciones de que son objeto por sehijos de militares, guardias civiles, policías naciones o civiles mismos que se consideran estos además de catalanes españoles o se manifiestan contra el independentismo (nacionalismo y separatismo).
Hablar de ser español en Cataluña es sinónimo de ser un apestado, un leproso y de ser un peligro para la “patria catalana. Pero este sectarismo llega mas lejos, cuando desde pequeños se enseña a odiar a la Policía Nacional o a la Guardia Civil por ser “represoras” y “torturadores” de “pacíficos” manifestantes que piden la “Llibertat” de Cataluña, ocultándoles las agresiones de palabra y de obra que esos “pacíficos” manifestantes han realizado y de los destrozos ocasionados sobre vehículos de la policía judicial.
Pero que nadie piense que en el País Vasco no se respira igual. Aquí el nacionalismo ha estado agazapado a la espera de ver como se resolvía el problema catalán. Aquí tampoco uno puede definirse como español o llevar en la solapa una banderita española. Aquí puede explotar la “bomba de tiempo”, detenida mientras el Gobierno alimente las competencias que solicitan.
Son más valientes los niños y las niñas que no se dejan vencer por la agresividad de compañeros y profesores y que son castigados y perseguidos por ser españoles. ¡Cobardes!, con niños si podréis, no merecéis ser llamados ni hombres ni mujeres, sino chulos y mujerzuelas, Cataluña seguirá siendo España.