EL CAMINO DE EMAUS
10 Octubre 2014
Poco a poco, contadamente, se van instalando en las Parroquias las llamadas catequesis de padres. ¿Los padres a catequesis? ¡Que barbaridad! Pues no tienen poco que hacer como para que vayan a perder el tiempo. Pues no es nada vergonzoso que un padre vaya a la catequesis; no está demás, como tampoco lo está el hecho de que todo bautizado, practicante, disponga de una continuada preparación que le sirva para no quedarse atrás y para que crezca en la fe. Creo que la jerarquía de la Iglesia está de acuerdo su implantación. Pero aún falta mucho para su total implantación; ya que bien por falta de medios humanos, bien por falta de padres que quieran o dispongan de tiempo, bien por miedo a que fracase esta andadura, que tan buenos resultados a dado donde se ha implantado, son pocas la que tienen este servicio.
Pero todo es comenzar. No se busca el éxito de una muchedumbre, sino la preparación de unos padres, que pongan uno de los pilares de la enseñanza de la fe en el hogar: el del despertar religioso de los niños, que ha de comenzar obligatoriamente en el hogar, de labios de los padres, pues ellos son los primeros catequistas. Antes, podría decirse, que este paso no era necesario, pues quién no recuerda a los papás, al lado de los pequeños enseñando no sé cuantas oraciones al levantarse y al acostarse, rezaban junto a nosotros, se preocupaban de nuestro estado espiritual.
Claro eran otros tiempos. Ahora son otros, donde se ha establecido el estado laico y la despreocupación religiosa. Así muchos niños oyen hablar de Dios de labios del catequista, si es enviado a la Parroquia, o de la profesora de religión, si le han elegido esta asignatura, porque en el hogar pasa desapercibido.Así nos encontramos como sacramentos tan importantes como la Eucaristía y el Matrimonio, muchas veces se quedan rebajados a meros acontecimientos sociales. Se realizan porque quedan bien, porque los regalos van a ser mejores que los que la vecina hizo a sus hijos. Pero en algunas ocasiones, la Primera Comunión queda en aquel día, después se acabó el sacramento y. Es falta de preparación, de no tener las ideas claras.
He participado en labores de catequesis de padres durante tres años. Fue una experiencia increíble. Unos padres maravillosos; buenos más que padres, madres, ¡como siempre! Aunque no faltara la típica “guerrillera”: que si el Papa por aquí, la Iglesia por allá, que si los curas por acuyá… solo fue quitarle el chip programado, para que todo fuera por el camino de la tranquilidad. Se formó en aquel grupo de 21 padres (de los 32) durante los dos años que duró aquel curso donde se formo un buen lazo de amistad. Dios pone todo lo que falta, nosotros somos menos colaboradores; y de aquel grupo 6, madres y un padre, que pronto nos abandono por un Hogar mejor, pasaron a formar parte de la vida de la parroquia. Quedé admirado. Aun hoy los recuerdo
Es importante la catequesis de padres. Y lo estamos viendo hoy: cómo va la sociedad, cómo están los valores que con el empujoncito de un gobierno radicalmente laico se hunden un poco más. No puede ser que un hijo sepa que Dios existe de labios ajenos a los padres. Lo mismo ocurre con tantos otros temas de trascendencia como el del consabido sexo, que muchas veces los niños lo descubren de manera brutal de labios desaprensivos. Los padres deben ser los primeros catequistas y los primeros enseñantes en el hogar donde debe producirse el despertar religioso de los pequeños, después está la parroquia, que es distinta de la clase de religión. Los padres deben ser ejemplos y espejos donde se miren sus hijos. ¿Si no vais a Misa vosotros, porque he de ir yo? Es la típica pregunta del pequeño. El alejamiento de muchos padres del calor de la parroquia, hace que muchos hijos se alejen igualmente. Ellos como padre son el espejo donde se miran los hijos, y procurarán en muchos casos seguir sus pasos. La catequesis de padres ha producido grandes efectos, uno de ellos que padres e hijos se acerquen a las celebraciones dominicales juntas y a recibir al Señor. Otro, que algunos padres se han sentido llamados a colaborar con el Señor, a formar parte de los grupos y movimientos que se mueven alrededor de la Parroquia.