EL CAMINO DE EMAUS
14 Julio 2014
Mientras piense que el centro de mi vida soy yo, no habré dado un paso positivo, ni abre entendido las palabras del Señor. Mientras piense que el mundo gira alrededor de mi, no me abre dado cuenta de que hay una virtud que se llama convivencia; vivir con, pero no vivir conmigo mismo, sino vivir para los demás ya estén en la China ya estén en el Polo Norte.
¿Soy pues, el centro de mi vida? Si digo que si, es que fuera de mi no hay nadie más. ¿Quiénes son pues esas personas con las que me cruzo cada día. ¿Meros sueños?. ¿Imaginaciones?.
El centro de mi vida es Dios, en primer lugar. Así me lo dice el Señor. No me dice que me ame a mi mismo; sino Ama a Dios sobre todas las cosas, por encima de todo, con el corazón, con toda el alma. Y a continuación : ama a tu prójimo como a ti mismo. Es decir, mi prójimo no me debe ser indiferente, ni sus dolores, ni tampoco sus alegrías, las que debo celebrar junto a él. El prójimo no se mide con medidas lineales, sino con medidas de familiaridad, al ser ambos hijos de un mismo Padre: Dios.
Si YO, dejo de ser Yo, para pàsar a ser TU (los demás), después de Dios, lo principal en mi vida, estaré avanzando en comprender lo que el Señor me dice en el Sermón de la Montaña. Además, me lleva a ir creando lazos de convivencia, dentro de la familia, el círculo en el que me desenvuelvo, mis compañeros de trabajo, las personas con las que me cruzo en la calle, aunque no las conozca.
Creer que yo soy el centro de todo, me limita para amar a Dios. El Señor no ha venido para SALVAR – ME, sino para SALVAR – NOS. Por tanto, como principio de humildad y por qué Dios, así lo quiere, debo conceder a los demás más importancia que a mi mismo.