ULTIMOS DIAS EN EL INFIERNO

Publicado en por antonio tapia

La siguiente historia está basada en un hecho real. Los nombres de los protagonistas se han cambiado. No es una historia cualquiera, desgraciadamente, se repite cada día en muchos lugares y voy a referirme solo a España, lo que pasa es que no pensamos que ocurre, creemos lo que vemos; tampoco lo imaginamos. Pero la sufren muchas mujeres, pero no pongamos edad, sería más terrible.

Aunque algunos no lo crean, el infierno existe. Ya no sé si en forma de fuego, como se nos ha enseñado. Los Evangelios hablan de la Gehena y del Hades, como lugares del castigo eterno. Pero este infierno es diferente; este infierno se vive aquí, ahora, cada día, trágicamente; quizás, cerca de nosotros, en nuestro mismo portal. Pero hay que afirmar como hecho cierto, que algunas personas, sufren ese infierno en vida; distinto a esa pena, en la otra vida.

Ese infierno lo sufren cada día en forma de agresiones y torturas físicas o psicológicas muchas mujeres adultas y jóvenes, las cuales, han llevado a más de una, de las que las padece, al mismo suicidio. No sé si somos capaces de comprender ese terror, o de pensar que no existe, y así nos lavamos las manos como Pilatos. Pero ojalá, nunca nos toque probarlo. Pero nunca olvidemos que cerca de nosotros hay una mujer, unos hijos, una estudiante o un estudiante… que está sufriendo y que nos llama, sin ser oídos.

No sé si somos  capaces de comprender que existe este infierno o este terror, o de comprender a quien lo padece. Mientras nosotros vivimos en un mundo de alegrías hay otro mundo lleno de gritos, de lágrimas que nos piden ayuda.

¿Qué hay quien se ha metido para ganar dinero fácil?. No lo niego. Pero  no sabían que había detrás. Pero también había otras que fueron contra su voluntad, con violencia y retenidas, sin poder salir a la calle.

La siguiente historia, es una de las tantísimas que padecen muchas mujeres, que ha sido, como en este caso, engañadas y a las que cada día se les exige entregar una cantidad de dinero y que sino lo hacen, no saben que les puede tocar  ese día. Es cierto este relato y del que si tenemos conocimiento, estamos obligados a denunciarlo, aunque sea mínima la sospecha.

Este fue el caso de Irina, la llamaremos así desde ahora, una joven traída a España con engaño. Una joven que como tantas tenía sueños. Una joven, que como tantas otras de su país, la Rumanía de Ceaucescu, no conocía la libertad, pero soñaba con ella.

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Aquella noche, como otras tantas, había sido un infierno para Irina. Esta vez le había tocado paliza: bofetadas, golpes, escupitajos, empellones; otras veces la había forzado; o sea violado... Ya no sabía distinguir el terror del terror. Era lo mismo. ¿Era una pesadilla?. ¿Era el mismo infierno?. Más de una vez se le pasó por la mente, el suicidio, pero no lo hizo porque esperaba ver a que llegará el día en que él pagara todos sus crímenes. Esperaba que fuera en esta misma vida; esperaba que conociera lo que es vivir aterrorizado, como ella vivía. Quería ser testigo de ello

  • No sigas, por favor, mañana tendré lo que falta hoy (decía Irina)
  • Si has sido incapaz de reunir 1.200 euros, como vas a reunir 1.700 mañana (decía furibundo Valerio).
  • Si esto sigue así, te regalaré a Nicolau y ese toma otras medidas a quien no la sirve (terminó Valerio).
  • Algún día pagarás todo esto (dijo Irina. Recibiendo un par de golpes)
  • Aprende a mantener la boca cerrada. Tu estás para trabajar y obedecer (Dijo Valerio)

Irina era su nombre, en su juventud debía haber sido muy bella: ojos verdes, pelo rubio, 171 centímetros, complexión fina. Ahora había engordado, había perdido la finura de su cara y su piel se había endurecido a base de los golpes y malos tratos; sus ojos presentaban auténtica tristeza y sobre todo cuando tenía que realizar los “trabajos” a los que se veía obligada a hacer. Aun así se mantenía en pie, le quedaba el coraje de los que no habían sucumbido a la dictadura que habían vivido en su país, esto la había hecho fuerte interiormente.

El chulo era un antiguo miembro de la policía política de Ceaucescu, la Securitate, la más brutal policía de los regímenes comunistas, entrenada y formada por la NKVD, la otra cara del KGB.  Contaba con más de diez mil miembros sin olvidar con los informadores, podían ser miles, que se mezclaban con la población y pasaban información a la Securitate si alguna persona era sospechosa contra el régimen o hacia comentarios despectivos. Se vendían por un plato de lentejas.

Valerio era su nombre. Sabía pues presentar dos caras, la amable y romántica con la que conquisto a Irina y la brutal; posiblemente participo en los crímenes más sangrientos después de la segunda guerra mundial, los acaecidos en Timisoara y colaboró en el experimento Pitesti; una prisión situada en aquella ciudad, donde se lavaba el cerebro a una parte de los presos políticos para que golpearan y demás genero de brutalidades a otros presos, produciendo un estado de desconfianza de unos con otros.

Valerio conoció a Irina en la Universidad. Donde estaba infiltrado.  180 centímetros, brazos musculosos, curtido en las acciones de caza de los contra revolucionarios, los opuestos al  Régimen del mas condecorado (tiene gracia, por gran parte de los países europeos) déspota Nicolau Ceaucescu y la también brutal Elena, su esposa, que era capaz de quitarse de en medio a quien le llevara la contraria

 Tenía acceso a alimentos de los que no disponía el pueblo y fue conquistando a Irina y a su familia proveyéndola de alimentos, bebidas, medicamentos que con mucha dificultad podían disponer las gentes. De vez en cuando, en secreto, la familia de Irina y ella misma los distribuían entre los más necesitados, con  cuidado que ninguno perteneciera o estuviera vendido al servicio del Régimen.

La Caída de Polonia y el desgajamiento de la URSS, determinaría  el derribo del muro de Berlín, vergüenza para quienes lo permitieron. Pero dos hombres, separados por el tiempo serian capaces de borrar esa vergüenza: Adenauer, que levanto a Alemania e hizo de ella una Alemania fuerte y Reagan, que acabo con el poderío soviético, sin olvidar a Juan Pablo II que levanto la moral del Pueblo Polaco.

La revuelta en Rumania, que ya no tenía freno, propició la caída y rendición de Nicolau Ceaucescu y su mujer Elena, dura y fría como el hielo. Ejecutados sin juicio en un patio del palacio en el que vivían, casi retransmitido en directo. Este hecho produjo la huida de los criminales de la policía política. Valerio se quedó en casa de Irina. Sus padres dejaron que se quedara, porque ignoraban  quien era en realidad, si bien el padre había aprendido a desconfiar. Pero antes que perder a una hija, prefirió mostrar una actitud normal.

Pasados los años, la pobreza que aún se vivía en los países del ex Telón de Acero y la apertura de fronteras europeas fue aprovechada por Valerio.

  • Vamos a España, ahí podremos ganar dinero. Hay trabajo. Tú podrás terminar tus estudios. (Pero la idea de Valerio era otra y no la de trabajar precisamente)
  • ¿Y mi familia? (Preguntó Irina).
  • En cuanto nos asentemos podrán venir, te lo prometo... (dijo él para tranquilizarla)
  • Nicolau, un viejo amigo tiene   un restaurante y está ganando dinero y les manda  a sus familiares. Anímate.
  • Pero necesito los papeles, el pasaporte… (dijo ella)
  • Ya los tengo preparados y 3.000 euros. Que vean en la aduana que somos un matrimonio y vamos a pasar una temporada a Madrid.

Irina estaba tan sorprendida que se quedó sin reacción. Sino va, le perdería para siempre. Si va, seria empezar una vida nueva y dificultosa. Y bastantes  problemas habían pasado. Por otra parte no le hacía gracia dejar a sus padres. Pero el sacar a sus padres de la pobreza que vivían y darles una vida mejor fue lo que motivó aceptar la propuesta.

Nicolau era otro de los huidos. Es nombre falso. Buscado por la policía rumana para ser juzgado en su país: fue capaz de ejecutar a dos niños ante sus padres, para que estos dieran nombres de sospechosos contra el Régimen. Fue destacado a Timisoara junto a Valerio. Ahora ha montado un “negocio” de prostitución de mujeres y quien sabe que otras cosas más.

La crisis española les afectado seriamente a los que viven del sexo. En muchos casos tiene que hacer precios “anticrisis”, a lo que Irina ha tenido que acogerse para poder llegar a la cantidad exigida.

Pero como dice el refrán a todo “cerdo le llega su san Martin”. El meticuloso y cuidadoso Valerio, iba a cometer un error fatal. Dejar sola a Irina, porque Nicolau había caído enfermo y ninguno del “ramo” podía acudir a vigilarla. Cerró todo con llave, bajo en el ascensor y cruzo hacia el supermercado. Irina se dio cuenta que el móvil y el ordenador estaba encima de la mesa. El móvil para nada le servía; pero si el ordenador, se introdujo en una de las páginas de anuncios y escribió, nerviosa, porque si la pillaba la destrozaría: “necesito ayuda por favor, 555.645.554”. Dejo el ordenador como estaba y volvió a su cuarto a la espera de algún cliente. Poco después llegaba Valerio que le dejo una botella de coca cola.

Ella se hizo la dormida por lo que una vez dejada la botella, salió y cerró la puerta. Sobre la media mañana, suena el teléfono. Lo coge Valerio

  • ¿Quién es? ( pregunta con voz seria)
  • Llamo por lo del anuncio (Valerio pensó que era por lo del anuncio que puso en la página de contactos. El que llamaba lo hacía por lo del otro anuncio, así que el llamante no hizo ninguna aclaración más). Con el teléfono se dirigió a Irina
  • Toma una llamada de un cliente ( dijo el)
  • Dígame (pregunta Irina)
  • Llamo por el anuncio de ayuda; mi nombre es Fernando Fernando (dice el llamante)
  • Mira ahora no puedo hablar, está el chulo cerca y es muy peligroso… (y cortó)

¿Pero qué es esto? Se preguntó Fernando. Y dejó el tema. Pero volvió a bombardearle. ¿Solo a mí se me ocurre llamar? ¿Estoy tonto o algo así?. No hago más que meter la nariz en todos los sitios.

 Por la tarde suena el teléfono:

  • Dígame (pregunto Fernando)
  • Soy la de esta mañana, no puedo hablar mucho. Estoy retenida desde hace dos años, me dedican a la prostitución. Ayúdeme (dijo ella)
  • Veré que puedo hacer ( respondió Fernando)
  • Es un espanto, no puedo seguir así, por favor ayúdeme (dijo ella).
  • No se preocupe, tranquilícese, hare todo lo que pueda, aunque estamos en distinta región  ( dijo Fernando).
  • Por favor (exclamó ella)
  • ¿Qué dirección tiene? (pregunta Fernando)
  • No la sé, en dos años no he salido. Tengo que colgar (y se cortó la comunicación)

     

    La llamada se cortó. Vaya, en otro lio que me he metido. ¿Y si es mentira? ¿Pero y si es verdad? No se atrevía a llamar a la Policía, por miedo al ridículo. Fue aquella una noche de perros. ¿Qué debo hacer? Si es mentira se van a reír de mí y que no aparezca más por allí. Pero ¿y si es verdad?

     

    Por la mañana y cuando iba a por la prensa, casualmente había parado un coche de la   policía. Así que echando valor, se acercó a ellos y les dijo

     

  • Miren, creo que en Madrid se está produciendo ahora mismo un delito. (El policía se le quedo mirando, sonriendo y a la vez que miraba a su compañero, le hacía un gesto con la cabeza como diciendo “mira éste”).
  • Mire usted, eso está fuera de nuestra jurisdicción. Vaya usted a la Policía Nacional. ¿Es usted vidente, por casualidad?(dicho esto arranco con una sonrisa y se fueron)

 Jarro de agua fría y una desconsideración policial. Me daría vergüenza ser policía y tratar así a una persona. Es la segunda vez que le pasa algo  parecido a Fernando; sea verídica o no la información se debe contrastar. Pero sin pensarlo más, llamó por el móvil a la Nacional y les contó todo lo sucedido desde el día anterior.

Al día siguiente, recibía una nueva llamada de la Policía Nacional, de un inspector de extranjería, al que le contó lo mismo y reiteró “como estos rumanos mienten más que hablan, no sé si será verdad esta historia”. El inspector le tranquilizo “hay que ver todas las posibilidades y no se preocupe, ha hecho lo que debía”. Siguiendo el rastro del teléfono, localizaron de dónde provenía. Así que montaron un servicio de vigilancia en el lugar. El Inspector Jefe, tomó la palabra:

  • Andando Paquito, toma 100 euros y pide hora, danos una hora entre lo que llegamos y tomamos posiciones. Yo te hago una señal y la llamas, subes, hablas con ella, pero sondéala antes de avisarnos. (dijo el jefe)
  • Hola, llamo por lo del anuncio (dijo una voz joven)
  • Espere un momento que le paso (al otro lado una voz extranjera)
  • Dígame (dijo una voz femenina)
  • He leído su anuncio en la página. Es usted muy guapa. Quisiera una sesión de una hora. ¿Qué precio tiene?. (dijo el joven)
  • 150 euros una hora (Dijo ella)
  • ¿En dónde está?. (Preguntó el joven)
  • Cuando llegue a la calle xxx número 37, me llama, yo abriré. (dijo ella).

Cuando llegó, hizo lo que le dijo la chica. Sus compañeros estaban situados y le abrió la puerta del portal. Subió al piso y ya tenía la puerta abierta; tras ella había una joven que le indicó que la siguiera. El pasillo estaba poco iluminado. Cuando entraron en la habitación, la tanteó y ella le dijo que habló con alguien que le prometió ayuda; el joven policía con el dedo índice en la boca, le dijo que guardara silencio. Le enseñó la placa y avisó a sus compañeros que esperaban la señal. Subieron al piso y derribando la puerta, se metieron en la casa y detuvieron al chulo que quiso mostrar resistencia.

Bajaron a la joven, tapándola la cara y la introdujeron en un vehículo, que salió hacia la comisaria a toda velocidad. Posteriormente, en otro vehículo salió el delincuente, hacia la comisaria general, donde se le tomaría declaración. Otros policías recogían datos del piso, en una inspección ocular.

Casi una semana después, volvían a llamar a Fernando para indicarle que el resultado había sido un éxito. La joven estaba en lugar seguro y el criminal detenido. Cuatro o cinco meses después recibe otra llamada de otro inspector para agradecerle en nombre del Juez el servicio prestado.

Hoy Irina es una persona libre en algún lugar. ¿Cuántas Irinas adultas, jóvenes y menores son pasto de estos criminales sin alma? Esta es la Historia novelada de una joven, envuelta en un hecho real. Ella salvo su vida, pero estuvo dos años probando lo que es el infierno. Otras, tal vez no tengan tanta suerte.

 

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