EL EVANGELIO DE SAN MARCOS 7

Publicado en por antonio tapia

COMIENZO DEL MINISTERIO DE JESÚS EN GALILEA

4.- Predicación de Jesús y vocación de los primeros discípulos. “ 14Después de haber sido apresado Juan, llegó Jesús a Galilea, predicando el Evangelio de Dios, 15 y diciendo: El tiempo está cumplido y está cerca el Reino de Dios; Haced penitencia y creed en el Evangelio”

Juan el Bautista había sido apresado por orden de Herodes Antipas, hijo de Herodes el Grande. Herodes Antipas mantenía relaciones adúlteras con Herodías, esposa de Filipo su hermano. Esta relación ilícita era continuamente reprochada por Juan el Bautista, que por respeto o por temor a la reacción de los seguidores del Bautista no se atrevió, hasta entonces, a apresarlo; pero ante las continuas insistencias de Herodías, accede y da orden de apresarlo y confinarlo en la fortaleza de Maqueronte.

Podemos leer en San Marcos la actitud de Herodías: “le odiaba y quería matarle, pero no podía, porque Herodes temía a Juan, sabiendo que era un hombre justo y santo, y le protegía” (MC 6,19-20). Pero si la voz de Juan el Bautista había sido silenciada públicamente, ahora comienza a oírse otra voz que llegará a todos los confines del mundo, y seguirá llegando hasta el fin de los tiempos: la Voz del Señor, la Palabra de Dios y el Ejemplo hecho carne.

Jesucristo no comienza con suavidad, sino que desde el principio va a marcarnos un camino de exigencia: Haced penitencia y creed en el Evangelio. Nos habla de conversión y de penitencia, y además que todos creamos en el Evangelio, en la Buena Nueva que ha venido a traer. Esta petición que hace el Señor está relacionada con el aviso, la primicia que hace: está cerca el Reino de Dios. Para poder recibir el Reino de Dios es preciso la conversión y la penitencia; el volver la cara a Dios, junto con las obras.

Juan el Bautista predicaba un bautismo de penitencia, Jesús viene a exigirla, como medio fundamental para alcanzar el Reino de Dios. Esta conversión no es otra que el cambio de vida del hombre hacia Dios, no sólo para los hombres y mujeres de aquella época, sino para todos hasta el final de los tiempos; pero esa conversión debe llevar unida la creencia en el Evangelio; y creer es aceptar. En la magistral oración que Jesús nos enseña: el Padre Nuestro, pedimos como segunda petición: Venga a nosotros Tu Reino, (adveniat regnum tuum!. La Iglesia desde entonces pide unida la Venida del Reino de Dios. En el N.T. encontramos un total de 122 veces: Reino de Dios, con lo cual se nos hace ver su importancia. No estás ahí puesta por casualidad, por lo que si el Evangelio tiene como Centro a Jesucristo, el núcleo central del mensaje es la Venida del Reino de Dios. Respecto al Reino de Dios veamos que se nos dice: San Cipriano: “pedimos que venga su reino: el que Dios nos ha prometido. Conquistado con la sangre y la pasión de Cristo, para que nosotros, que ahora, en esta tierra le hemos servido, reinemos con Cristo en la otra vida” San Crisóstomo nos dice que “quien se consagra a Dios y a Cristo no desea el reino de esta tierra, sino el del Cielo” San Agustín nos dice que “ se trata del reino que vendrá al final (...) ¿qué reino pides que venga? Aquel del que está escrito en el Evangelio: venid, benditos de mi Padre, recibid el reino que ha sido preparado para vosotros desde la fundación del mundo” Con el comienzo de la Predicación del Señor, acaba una época de espera y da comienzo a otra de esperanza y de dicha por el anuncio que nos hace de la venida del Reino de Dios, para el que hay que prepararse e implicarse en una conversión de corazón y de penitencia y de aceptación del Evangelio.

Al comienzo de este primer capítulo podíamos leer: "Comienzo del Evangelio de Jesucristo" (MC 1,2). Ahora leemos: "Llegó Jesús a Galilea predicando el Evangelio de Dios" (MC 1,14). Con esta afirmación, el Evangelista San Marcos está haciendo hincapié en la divinidad de Jesucristo. Jesucristo es verdadero Dios y verdadero Hombre. También leemos otra frase del Señor: "El tiempo se ha cumplido" (MC 1,15). Con estas palabras Jesucristo viene a decir que la larga espera del pueblo judío ha llegado a su fin e invita a la penitencia y a la conversión como condición para poder recibir el Reino de Dios. "El tiempo se ha cumplido”; parece una frase amenazadora, de desesperanza y sentenciosa, pero es todo lo contrario, pues trae consigo el cumplimiento de toda una promesa que había sido anunciada con anterioridad por los profetas y en la que el pueblo elegido descansaba en la esperanza. “Tiene dos sentidos principales: la acción de Dios sobre la humanidad (reinado); y la humanidad sobre la que Dios reina (reino)... En el Evangelio “el reinado de Dios” se realiza en vida del individuo por la comunicación del Espíritu Santo; “el reinado de Dios”, realidad social, ase va construyendo con lo que lo han recibido”.

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