EL EVANGELIO DE SAN MARCOS 6

Publicado en por antonio tapia

3.- Tentaciones de Jesús.

“12 Enseguida el Espíritu Santo lo impulsó hacia el desierto” (MC 1,12) Leemos en San Marcos lo impulsó hacia el desierto, La acción impulsar aquí no tiene el sentido de violento de desplazamiento de una cosa o una persona a través de un impulso o empujón. Jesús es llevado por la fuerza del Espíritu Santo al desierto a cumplir con la voluntad del Padre; podemos decir: el Señor me impulsa a hacer esta obra, por tanto no me empuja, en el sentido violento de la palabra, sino que me hace sentir ese deseo de realizar una u otra obra.

La experimentación de este impulso a cumplir con la voluntad del Padre se traduce en un ardiente amor por cada uno de nosotros “La irreprimible urgencia del amor de Jesús a los hombres”. El Espíritu Santo también nos impulsa a nosotros a hacer obras buenas, nos encamina hacia nuestra santificación, haciéndonos sentir también a nosotros esos irreprimibles deseos de servir al Señor.

Jesús nos muestra su amor al Padre y nos muestra inequívocamente, su amor hacia nosotros. Para algunos estudiosos bíblicos, el desierto que nos presenta San Marcos no en este pasaje “presenta un valor figurado - teológico”, “el desierto representa a la sociedad judía, en la que Jesús va a vivir y a actuar hasta que llegue el momento”, y este momento no será otro que el de su Pasión y Muerte "Y estuvo en el desierto cuarenta días" (MC 1,13).

Antes de comenzar su vida pública, el Señor se prepara en la oración y en el ayuno. La importancia de la oración nos la comienza a enseñar Jesús antes de empezar su misión. Ponerse en las manos del Padre, hasta para las cosas más pequeñas. Este momento, el de la oración, el de ponerse en las manos del Padre, Jesús nos lo va a repetir en muchos de los momentos más trascendentales, y entre ellos cuando terminada la Última Cena, se retira al Huerto de los Olivos en oración. Jesús se prepara para ese momento trascendental: su Pasión y Muerte. En el Antiguo Testamento podemos ver como Moisés se pone en oración durante cuarenta días antes de promulgar los Mandamientos de la Ley que había recibido de Dios en el monte Sinaí; y de la misma forma el profeta Elías, antes de hacer renovar el cumplimiento de la Ley; nosotros los cristianos repetimos este momento con el ayuno cuaresmal.

A este respecto Juan Pablo II nos enseña que "se puede decir que Cristo introdujo la tradición del ayuno de cuarenta días en el año litúrgico de la Iglesia, porque el mismo ayunó cuarenta días y cuarenta noches antes de comenzar a enseñar". El término cuarenta es utilizado en varias ocasiones en el AT: el diluvio que duró cuarenta días y cuarenta noches; el éxodo del pueblo israelita que se traduce el años, cuarenta años de travesía hasta la Tierra Prometida, por eso algunos estudiosos tratan de identificar el periodo del éxodo del pueblo israelita con los cuarenta días que permaneció Jesús en el desierto "Mientras era tentado por Satanás" (Mt 1,13). San Marcos en su Evangelio nos trae este pasaje y el del endemoniado de Gerasa, en los que se nos hace referencia al diablo. Esto no debe hacernos pensar, erróneamente, que San Marcos no da importancia al demonio.

3.1.- El demonio. Su existencia.

Ante las nuevas corrientes que niegan su existencia o la presentan como una mera figura literaria o personificación del mal, el célebre escritor converso Giovanni Pappini escribe que "los teólogos hace siglos que apenas cuchichean algo sobre él, como si se avergonzaran de su presencia real, o tuvieran miedo de mirarlo de frente, de sondear su esencia, como si temieran escandalizar a los espíritus libres que han expulsado de la "buena sociedad" de la "intelligenzia" todas estas supersticiones medievales"

. En el Catecismo de la Iglesia Católica podemos leer, a propósito de este pasaje, que " al final de este tiempo (se refiere al periodo de ayuno de Jesús en el desierto) Satanás intenta tres veces poner a prueba la actitud filial hacia Dios" (538), "la tentación de Jesús manifiesta la manera que tiene de ser del Mesías el Hijo de Dios, en oposición a la que propone Satanás y a la que los hombres le quieren atribuir"(540). Desvalorizar la existencia de Satanás, pretender darle un sentido metafórico de personificación del mal, dar un sentido de literatura novelesca a este pasaje de la Biblia es tanto como pretender que las tentaciones que se describen en San Mateo y en San Lucas son meros ejemplos puestos por el Señor para indicarnos como dirigir nuestros pensamientos frente a las tentaciones.

El padre José Luis Martín Descalzo escribe tajantemente que las tentaciones que padeció Jesucristo no fueron un juego, "la tentación cruzó su vida como cruza la nuestra". El Señor permite ser tentado por amor a nosotros y para enseñarnos que éstas pueden ser, no sólo vencidas, sino que son también motivo y signo de progreso en nuestra vida espiritual. Por su parte, Dios permite las tentaciones por varios motivos: para que con ellas reconozcamos nuestra debilidad y la necesidad de tenemos de la ayuda de Dios para no caer. Por su parte, Juan Pablo II acerca de la existencia del diablo nos dejó dicho estas palabras: "Quien rehusa reconocer su existencia se sale del marco de la enseñanza bíblica y eclesiástica; como se sale de ella quien hace de ella un principio autónomo, algo que no tiene su origen, como toda criatura, en Dios; o quien la explica como pseudoreal, una personificación conceptual y fantástica de las causas desconocidas de nuestras desgracias" San Pablo en su carta a los Hebreos nos describe algo muy significativo: "Porque no tenemos un sumo sacerdote incapaz de compartir el peso de nuestra debilidad, sino al contrario; tentado en todo, como semejante nuestro que es, pero sin pecado" (Hb 4, 15). Y en Lucas leemos: "Vosotros habéis permanecido conmigo en mis pruebas"(Lc 22, 28) y en San Juan: "Viene el príncipe de este mundo, que en mí nada puede, pero conviene que el mundo conozca que yo amo al Padre" (Jn 14,30). Aquellas tres tentaciones que nos narra la Biblia no iban a ser las únicas, el padre José Luis Martín Descalzo afirmará:" Si, en todo fue tentado, en todos los terrenos y en todas las formas: en el hambre, en la sed, en el frío, en la fatiga...".

Pero ¿ quien es Satanás? Denominado también el maligno, el demonio, el pervertidor, el príncipe de las tinieblas. Frente a la creencia, errónea, de que el demonio es la personificación del mal, hay que decir que éste no es una mera figura representativa del mal, ni tampoco una reencarnación del mal, sino que es realmente el espíritu del mal.

La Iglesia Católica predica la existencia del demonio o de los demonios, que son los ángeles pecadores, que habiendo caído del estado de gracia; es decir, del estado de pureza fuera de pecado, no gozan de la gloria de Dios. Esta teoría de la Iglesia queda apoyada en la Revelación (desde el Génesis hasta el Nuevo Testamento). Recordar la aparición de Satanás que incita al pecado a nuestros primeros padres; en el nuevo Testamento con las tentaciones al Señor y otros episodios esporádicos. Satanás es el odio y la rebeldía hacia Dios. En el Nuevo Testamento podemos encontrar a Satanás tras varios nombres: Belcebú, Príncipe de los demonios, Príncipe de este mundo, diablo, maligno.

La tradición cristiana le aplica el nombre de Lucifer. Es la actuación radicalmente opuesta a Dios, así como a sus planes sobre las criaturas. El pecado de los ángeles caídos esta expresamente revelado en Isaías (Is 14, 12-15) y en Ezequiel (Ez 28,12 y ss), y la tradición cristiana los interpreta. La existencia de los demonios o ángeles caídos está definido como dogma de fe por la Iglesia (verdad revelada a creer). Frente a la duda si los ángeles pueden pecar, creo que queda fuera de lugar, ya que sólo Dios es impecable (es decir, no peca), así como la Santísima Virgen a María, elegida por Dios, que fue preservada de toda mancha, de todo pecado. Esta posibilidad de pecado de toda criatura de naturaleza intelectual está en su libre albedrío (por el que puede separar la tendencia voluntaria al propio bien de la subordinación al bien supremo, considerando aquel como fin ultimo). ¿ De que tipo pudo ser aquel pecado?. Los santos padres de la Iglesia lo definen como un pecado de envidia y de soberbia. De soberbia en cuanto que pretendieron ser semejantes a Dios (lo que interviene luego en la tentación a nuestros primeros padres, como podemos recordar en el Génesis). Si bien esa semejanza no es en orden a la naturaleza de Dios, sino en cuanto a su gracia, amén del rechazo a la dependencia de Dios. En cuanto a la envidia, es lógica ya que no se conformaron con lo que eran, sino que desearon ser iguales a Dios. ¿ Pudo existir error o ignorancia en la actuación rebelde de los ángeles caídos?. La Iglesia afirma que no ya que les fue ofrecida a los ángeles la visión con un conocimiento perfecto de fe. ¿ Puede apreciarse cambio en su actual actitud?. La respuesta es negativa aquí también, toda vez que debido a su voluntad de criatura puramente espiritual no admite variación en sus decisiones libres, quedando fijada en el pecado: obstinación en el mal, por lo que su pena será eterna, igual que su culpa. La acción maléfica del demonio se dirige constantemente a combatir la gloria a Dios que le deben el resto de las criaturas, inferiores por naturaleza a ellos. Las insidias del demonio se centran en la lucha: • contra el reinado de Dios en el alma humana • • contra las virtudes sobrenaturales del cristiano • etc. La forma de actuación habitual es la tentación (insinuaciones, imágenes), no descartándose la conocida posesión, que es ya un suceso de características extraordinarias, en la que el demonio se apodera de las facultades sensibles del hombre, o de las facultades espirituales, no sin la complicidad del sujeto.

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