EL EVANGELIO DE SAN MARCOS 4

Publicado en por antonio tapia

1.2.- El Bautismo que predicaba Juan el Bautista

Juan el Bautista predica "un bautismo de penitencia para el perdón de los pecados" (MC 1,4). Este Bautismo nada tiene que ver con el Bautismo cristiano, sino que se trata un rito de penitencia. Tampoco este tipo de bautismo era una novedad, ya que parece existía algún tipo de forma de bautismo tanto en Israel como en la comunidad Esenia.

Esta forma de bautismo alcanzaba un tipo de pureza legal. Leemos que muchos acudían a Juan el Bautista "y eran bautizados"..."confesando sus pecados". Tampoco esta confesión tiene nada que ver con el Sacramento de la Penitencia cristiana, instituido por Jesucristo; es, también un rito, pero que sin duda agradaba a Dios ya que suponía un arrepentimiento de los pecados cometidos. Juan el Bautista surge “predicando un bautismo de penitencia para el perdón de los pecados” (MC 1,4) como nos describe San Marcos.

Para la tradición judía sabemos que se ofrecen otras formas de penitencia como son los sacrificios de expiación; sin embargo San Juan Bautista ofrece otro medio más efectivo: el bautismo de penitencia, ya que en este paso interviene la voluntad de cambiar, un deseo de conversión. Tal vez San Juan Bautista quiere indicarnos que el bautismo de conversión implicaba más que los ritos judíos, ya que éstos, como veremos a lo largo del Evangelio de San Marcos como en los de los otros evangelistas, se habían desproporcionado en sus auténticos sentidos y habían llegado a tiranizar a los judíos de tal forma que el hombre dependía de los ritos. Por tanto, el bautismo se utilizaba en el judaísmo como símbolo de un cambio decisivo de la persona, en todos sus aspectos. De aquí el hombre viejo que da paso al hombre nuevo. El hombre viejo es el hombre alejado de Dios, que muere dando paso al hombre nuevo, el que a través del bautismo de penitencia regenera su vida dirigiéndola a Dios.

Dentro de la predicación de Juan el Bautista nos encontramos con el anuncio de la venida de Jesús, invitando a que se prepararan a través de la penitencia y del arrepentimiento, además les anuncia un nuevo bautismo, un bautismo diferente que ya no va a ser sólo de agua sino " en el Espíritu Santo" (MC 1,8).

Como indicamos antes, el bautismo que practicaba Juan no era el Bautismo cristiano, sino un rito por el cual los que acudían, por sentirse pecadores, mostraban un deseo de cambiar su vida y la orientaban hacia la conversión. Juan ahora les predica la llegada de Uno que los bautizará no en el agua, sino en el Espíritu. Juan está hablando de Jesús y del que será el Bautismo cristiano, instituido por el mismo Cristo. El Bautismo de Juan significaba la gracia; el Sacramento del Bautismo no sólo significa la gracia sino que confiere la gracia santificante que nos borra el pecado original, además de hacernos hijos de Dios y miembros de pleno derecho de la Iglesia de Cristo.

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