LAS VIEJAS COSTUMBRES.

Publicado en por Rafael C. Estremera

LAS VIEJAS COSTUMBRES.

Viejas costumbres, si bien nunca desaparecidas, si al menos relativamente ocultas durante los últimos años. Me refiero a la de los politicastros de ir pidiendo ayuda -y por tanto, hipotecado el futuro nacional- a los amiguetes de fuera.

En los finales años 70 del siglo pasado, el ejemplo más evidente fue el del partido socialista, que más que español -cosa que dejo de ser en cuanto puso a Stalin como mascarón de proa- parecía una sucursal del partido socialista alemán de don Willy Brandt, que tantas palmaditas dio en la espalda de Felipe González, acaso para hacerle pasar el mal trago del desmantelamiento de la industria nacional.

Tampoco fue ajeno a reclamar el socorro extranjero la UCD de Suárez -hay quien dice que la ayuda para este conglomerado de intereses turbios vino de manos reales y caudales árabes vinculados al petróleo-, y prácticamente no ha habido en España partido político gobernante o aspirante cercano a ello, que no haya pasado por las horcas caudinas de ofrecer favores a futuro.

Después de la integración en la Unión Europea, parecía que estas cosas habían pasado a la Historia. Pero no; ahora viene Pedro Sánchez a meter entre sí mismo y Pablo Iglesias a nada menos que el primer ministro griego.

"Le voy a pedir a Tsipras que le diga a Iglesias que su actitud de bloqueo está perjudicando a millones de españoles que sufren la desigualdad, los recortes y la austeridad", cita textualmente El País.

Por tanto, ya no se trata de traer a algún político extranjero más o menos famoso para que palmotee espaldas y capte fotografías. Se trata de colocar como mediador, entre dos perdedores electorales que buscan el poder a costra de lo que sea, a un individuo extranjero, que ha demostrado cómo se puede hundir en la miseria a un país ya de por si medio hundido.

Y es el aspirante a Presidente del Gobierno de España el que acude al extranjero para que convenzan de apoyarle al presunto futuro Vicepresidente.

Con un par.

Rafael C. Estremera.

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